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Los extranjeros cada vez controlan más deuda española mientras bancos y familias tocan mínimos

Los inversores extranjeros cada vez invierten más en España. Compran edificios y empresas, participan en proyectos e invierten en bolsa y bonos. Y lo hacen hasta tal punto que ya controlan prácticamente la mitad de las acciones cotizadas y de la deuda pública.

Según los datos del Tesoro Público, los no residentes tenían en mayo el 46,17% de las letras, bonos y obligaciones en circulación (esto es, deuda a corto, medio y largo plazo, respectivamente), un porcentaje que se acerca al récord registrado en 2006. En aquel momento, en los últimos coletazos del ciclo alcista, llegaron a poseer el 48,5%.

Y es que los no extranjeros están ampliando su dominio en el mercado de deuda mientras los bancos, las familias y las Administraciones Públicas van perdiendo poder y ya están en mínimos históricos. Actualmente, estos tres colectivos controlan el 17,75% de la deuda soberana en circulación, frente al 42% registrado en 2003. En concreto, las entidades financieras domésticas tienen un 16,28%, mientras que los hogares tienen un 0,14% y el sector público, un 1,33%. 

Esta tendencia dispar coincide con el momento inédito que ha propiciado la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE). Recordemos que en los últimos años el guardián del euro ha tomado medidas como dejar los tipos de interés en mínimos históricos (0,0%), ha realizado varias megasubastas de liquidez para los bancos de la eurozona y ha comprado miles de millones en deuda pública y privada a través del famoso programa QE. De hecho, le organismo es el segundo mayor tenedor de deuda soberana española con un 21,8%. 

Todas estas medidas están reduciendo las rentabilidades de la deuda, que en los plazos más cortos están registrando incluso rentabilidades negativas, lo que le ha restado atractivo como alternativa de inversión para familias, bancos y Administraciones Públicas.

Además, las turbulencias de los mercados financieros por las tensiones comerciales entre EEUU y China y otros focos de tensión como la llegada del Brexit o la desaceleración de la economía global está llevando a muchos inversores a abandonar la renta variable (bolsa) para acudir a la renta fija (deuda), por lo que está aumentando la demanda de bonos y su precio, mientras que está bajando la rentabilidad al moverse siempre en sentido inverso. En este escenario, los bancos están aprovechando para deshacer posiciones y conseguir plusvalías con los que mejorar sus márgenes de negocio.