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El consumo de las familias sufrirá un batacazo insólito por la crisis del coronavirus

Gtres
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Continúa la oleada de previsiones sobre las consecuencias nefastas que provocará la crisis del coronavirus en la economía. A los fuertes desplomes de la actividad que auguran el Banco de España, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y algunos bancos de inversión internacionales, que sitúan la recesión del PIB por encima del 13%, se une ahora el negro pronóstico sobre el comportamiento del consumo de los hogares en plena pandemia.

Según un estudio publicado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), el gasto en consumo de las familias en España se contraerá un 11,8% este año, aunque el desplome en el segundo trimestre, con el estado de alarma en pleno apogeo, podría superar el 30%.

“El impacto del covid-19 sobre el gasto total en consumo de los hogares supondría, además de la caída intertrimestral ya conocida del -7,2% del primer trimestre e interanual del -5,7%, una reducción del -31,5% en el segundo trimestre, del -6,5% en el tercero y del -3,5% en los últimos tres meses del año. En total, la contracción del consumo en 2020 se elevaría hasta el -11,8%, una cifra próxima a la que el Banco de España estima para el consumo privado en su escenario más desfavorable (-11,9%)”, detalla el estudio.

La caída que anticipa el IVIE en primavera prácticamente duplica la registrada durante los años más duros de la crisis económica: entre 2007 y 2013 el consumo de los hogares se redujo en un 16,6%. Y no hay más que echar un vistazo a la serie histórica del INE para darse cuenta de cuán complicada es la situación que estamos viviendo. Ya en el primer trimestre se produjo un desplome intertrimestral histórico y el que se espera en el segundo podría superar hasta en cinco veces el récord del segundo trimestre de 2009 (cuando en términos anuales el consumo cayó un 5,97%, 25 décimas más que entre enero y marzo de este ejercicio).

Con estas cifras sobre la mesa, el estudio insiste en que “el gasto en consumo se ha ajustado rápidamente a la baja por el covid-19” y lo ha hecho “mucho más intensamente de lo que ocurrió al principio de la gran recesión”.

Y recuerda que se trata de una variable muy importante para la economía, ya que el peso de la demanda nacional en el PIB alcanza el 55%. En términos netos, el consumo de las familias supera con creces el medio billón de euros.

Las particularidades de la crisis sanitaria

El estudio recuerda que toda crisis impacta en las familias, aunque la clave está en cómo evolucionen estos cuatro factores: la caída de la renta de las familias, las alteraciones que se produzcan en cada uno de los componentes del consumo, el peso de esos componentes en el gasto total y la duración de la crisis. 

Por ejemplo, entre 2007 y 2013, numerosos componentes del gasto acumularon ajustes nominales superiores al 20% y mayores incluso en términos reales (ocio y cultura, vestido y calzado, hostelería, muebles y artículos del hogar, o transporte). Los gastos en alimentos y bebidas, sanidad y comunicaciones apenas cambiaron. En este último caso el gasto incluso se redujo, sobre todo, por la caída de los precios en esos bienes y servicios. En cambio, aumentaron con fuerza el gasto en enseñanza (al compensar las familias los recortes de los fondos públicos) y la vivienda. Así, aclara el IVIE, "la pauta que subyace a estos cambios es que las principales partidas ajustadas son las de los bienes duraderos (porque sus compras se posponen) y las relacionadas con el ocio, mientras que las más protegidas tienen que ver con las necesidades consideradas más prioritarias".

Sin embargo, durante la crisis del coronavirus el instituto prevé un aumento del consumo en alimentación por el confinamiento (en el primer trimestre el gasto de los hogares con tarjeta se ha disparado un 60% interanual), una caída de los gastos en conservación y reparación de la vivienda (aunque se irá recuperando a medida que pasan los meses, el mantenimiento de los gastos vinculados a los servicios de comunicación, información y entretenimiento (ya que la mayoría de las familias tienen tarifas planas, por lo que un mayor consumo no conllevará un mayor gasto, a no ser que aumenten los servicios contratados). Por último, estima un repunte de la compra de equipamientos digitales, para reforzar las dotaciones y que puedan usarse más intensamente para el ocio, el teletrabajo o la formación a distancia por distintos miembros de las familias sin padecer cuellos de botella.

Y es que, como concluye, "el confinamiento ha reforzado el papel de los hogares en la vida de las personas al obligarles a desarrollar más actividades en la vivienda, incluida parte de la laboral y la educativa. Y todas estas circunstancias tienen consecuencias sobre el gasto en consumo de los hogares, afectando a su nivel y composición".