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¿Es posible desheredar a un hijo? ¿Cómo?

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Autor: Redacción

Dicen que a Arnold Schwarzenegger no le gusta que su hijo Patrick salga con la polémica cantante Miley Cyrus. Incluso se rumorea que el gigantón austriaco estaría barajando la posibilidad de desheredar a su retoño. Bastaría con que ‘Arnie’ hablase con su abogado y lo excluyera de su testamento. Eso en EEUU porque, si Schwarzenegger viviese en España, no lo tendría tan sencillo: en nuestro país la ley impone la obligación de dejar una parte del valor de la herencia a los ‘herederos forzosos’ o ‘legítimos’.

El Código Civil divide cualquier herencia en tres tercios: el de legítima estricta (un tercio de los bienes a repartir a partes iguales entre los hijos), el de mejora (fracción destinada a hijos y nietos, pero no obligatoriamente a todos ni en partes iguales) y el de libre disposición (para quien se quiera).

Pese a todo, desheredar a un hijo de ‘la legítima’ es posible, pero únicamente en casos extremos, casi delictivos. La legislación española las denomina ‘causas de indignidad’ y se refieren a hechos como haber sido condenado en juicio por haber atentado contra la vida del testador (quien reparte la herencia).

“Para desheredar a un hijo de su derecho a la legítima se debe indicar expresamente en el testamento, debe basarse en una de las causas legales, y se debe producir la designación nominal expresa en el testamento del hijo desheredado”, apuntan desde el despacho de abogados barcelonés Sanahuja Miranda.

Conocer la muerte violenta de los padres y no haberla denunciado, obligar a los padres a cambiar un testamento con amenazas, fraude o violencia y no prestar la atención debida a los padres, si estos tienen algún tipo de discapacidad, también son motivos por los que el descendiente perdería el derecho al tercio de legítima. 

Además, una sentencia del Tribunal Supremo del pasado mes de agosto ha reconocido el ‘maltrato psicológico’ como causa suficiente como para desheredar a un hijo o heredero legítimo. En este caso, el Supremo dio por buena la decisión de un padre de privar a sus dos hijos de sus bienes por vejarlo de palabra y abandonarlo durante los últimos siete años de su vida.