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Carta de Warren Buffett a sus accionistas 2016: “No os quejéis tanto, vivimos mejor que nunca”

El famoso emprendedor Warren Buffet
Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Está considerado como uno de los hombres más ricos del mundo. Cada año emite su ‘Carta al accionista’: se lee como la doctrina de un oráculo y es una fuente de optimismo. A finales de febrero de cada año, Warren Buffett, escribe a sus inversores unas palabras que leen millones de personas en todo el planeta por su claridad, por su sentido del humor y porque siempre se encuentran consejos para invertir.

Su carta anual a los accionistas de Berkshire Hathaway –la empresa madre y holding de sus inversiones– está dividida en tres partes: la primera es un cuadro de la rentabilidad del holding desde que lo compró en 1965. La rentabilidad media desde 1965 ha sido del 19%. Un inversor que hubiera comprado acciones en 1965 le habría sacado una ganancia  de casi el 800%.

La segunda parte de la carta está destinada a analizar cómo fueron sus inversiones durante el año pasado. Berkshire Hathaway tiene en su cartera multitud de acciones –desde aseguradoras hasta transporte por ferrocarril–, pero como siempre, para Buffett la base debe estar anclada en las 'Cuatro Grandes': Coca Cola, IBM, Wells Fargo y American Express. Las ganancias equivalentes al paquete de Buffett fueron de 4.700 millones de dólares.

Por último, viene lo más divertido: Warren Buffett habla en su carta de su visión del mundo y de la economía, pero siempre con un toque original. 

En esta ocasión aprovecha el año electoral (en noviembre se elige nuevo presidente en EEUU) para apagar un poco los discursos catastrofistas de los candidatos sobre el futuro que les espera al país si no les votan a ellos. “Ante este estruendo, muchos estadounidenses creen que sus hijos ya no vivirán tan bien como ellos”, dice Buffett.

Pero “están totalmente equivocados”, dice el financiero. “Los niños que están naciendo hoy en EEUU son la cosecha más afortunada de la historia”.

Y explica: la renta per cápita de EEUU es ahora de 56.000 dólares. En términos reales, eso son seis veces lo que era en 1930, “el año en que yo nací”, lo que significa que el país ha dado un salto mucho más grande de lo que imaginaron sus padres por aquel entonces. 

“Pero los norteamericanos no son más inteligentes ni más laboriosos que en 1930. Lo que pasa es que trabajan de forma más eficiente y son más productivos. Esta poderosa tendencia va a continuar de verdad: la magia económica de EEUU sigue viva y en forma”, asegura.

Aunque el crecimiento económico del país en 2015 fue del 2%, lo cual produce algunas quejas, Buffett piensa que de aquí a 25 años, eso acumulará una riqueza per cápita del 34%, lo cual generará unos 19.000 dólares de más por persona.

Esa ha sido y es la historia de EEUU. “Todas las familias de mi barrio disfrutan de un nivel de vida mejor que la de John Rockefeller y de su mujer cuando yo nací”, dice Buffett. 

¿Por qué? “Porque su incomparable fortuna no podía comprar algo que hoy damos por hecho como transporte, entretenimiento, comunicación o servicios médicos. Rockefeller tenía poder y fama, pero no vivía tan bien como la gente de mi barrio”.

¿Y qué pasa si miramos al futuro? Que vamos a tener más bienes y servicios que en el pasado por una razón obvia: “No existe rival para un sistema de mercado que produce lo que la gente quiere, incluso, no existe rival para un sistema que es capaz de ofrecer lo que la gente aún no sabe que quiere”.

El inversor explica que “cuando mis padres eran jóvenes no se imaginaron que querrían un televisor, ni yo cuando tenía 50 años me imaginé que querría un ordenador. Ambos productos revolucionaron la vida de las personas una vez nos dimos cuenta de lo que podíamos hacer con ellos. Yo ahora me paso diez horas a la semana jugando al bridget on line”. 

En resumen, dice Buffett: “Los niños norteamericanos vivirán en el futuro mejor que sus padres”. Lo bueno del mensaje de Buffett es que vale para casi todos nosotros. 

Hoy en España se vive mucho mejor que en los años 80. Y mucho mejor que en la España de nuestros padres y abuelos. Sólo hay que preguntarles a ellos. En sus tiempos, las casas no tenían calefacción ni aire acondicionado central, no había móviles y el coche era un lujo. De piscinas, ni hablamos.