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El futuro incierto del Colegio Alemán de Madrid: entre la piqueta y su reconstrucción

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Desde 1962 hasta junio de 2015, el numero 32 de la calle Concha Espina era un griterío continuo de niños. Allí se ubicaba el Colegio Alemán de Madrid. Hasta 1.300 alumnos llegaron a ir cada año. Durante más de medio siglo, este centro formativo aportó su visión educativa en este espacio de más de 10.000 m2 ubicado en la zona del Viso.

“Es un edificio interesante porque bebe mucho de ciertas ideas de cómo debían ser los espacios educativos de antes de la guerra. Tiene cierta influencia de la BauHaus y varias propuestas novedosas para la educación española de ese tiempo. Por ejemplo, es un colegio mixto y eso ya era muy interesante en esa época” asegura Alberto Ruiz, arquitecto y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

El edificio se enmarca dentro del Movimiento Moderno y fue diseñado por los arquitectos Alois Giefer y Hermann Mäckler, bajo la supervisión de Willi Schoebel Ungria. Otto Casser fue el arquitecto responsable de dirigir las obras del colegio.  Su construcción siguió las pautas educativas más modernas con zonas de laboratorios, gimnasio, jardín de infancia y sala de profesores. Además contaba con un patio cubierto.

Pero el curso de 2015 arrancó en otra zona de Madrid, en Montecarmelo. El Colegio Alemán se había mudado a un nuevo edificio más moderno pero con la misma inspiración arquitectónica que el anterior. El centro fue designado como el colegio más bonito del mundo por el jurado del World Architecture Festival y su inauguración fue un encuentro de personalidades con el entonces ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, a la cabeza.

Mientras tanto, en el número 32 de Concha Espina llegó el silencio. Sus nuevos propietarios, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, propietaria del cercano hospital de San Rafael, tenía intención de crear nuevas instalaciones ligadas a su actividad docente.

Y entonces llegó la piqueta

El 9 de julio de 2019, en una fase de transición entre el gobierno municipal de Carmena y de Martínez-Almeida, las excavadoras metieron mano. “Lo que se ha hecho es iniciar unas obras de demolición de un edificio pero todos los módulos que merecen una protección porque son representativos de una época arquitectónica europea van a ser protegidos. El edificio que merece ser protegido va a mantenerse en el mismo espacio lo que pasa es que se ha paralizado la obra por una decisión judicial a falta de toda la información que se ha remitido por parte del área” asegura a Idealista/News, Mariano Fuentes Delegado de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Madrid.

Quien paralizó el derribo fue la jueza Marta Iturrioz, titular del Juzgado 26 de lo Contencioso-Administrativo de Madrid. La magistrada considera que el edificio tiene un marcado sentido histórico, y solicita saber si la parcela de este edificio estaba dentro del Bien de Interés Cultural (BIC) del conjunto histórico del grupo de colonias Alto del Hipódromo.

La Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid asegura que el edificio no es BIC ni BIP (Bien de Interés Patrimonial), ni está afectado por la Disposición Transitoria Primera de la Ley de Patrimonio, por lo tanto puede derribarse si el dueño así lo considera.

Mientras se decide su futuro son muchos los exalumnos que han puesto el grito en el cielo, incluso han montado una recogida de firmas en change.org para que no derriben el colegio. Los ecos de la demolición han llegado hasta Alemania donde se comienza a cuestionar el derribo de la obra germana más importante que se hizo en el extranjero en aquella época. Y es que los herederos del arquitecto que dirigió la obra, Otto Casser han pedido detener su demolición.

“Cuando no hay normativa especifica el propietario tiene todo el derecho del mundo a demolerlo sin dejar de ser una pena, por su puesto. Una vez que ha empezado la demolición ya no tiene sentido pararlo porque no lo vas a poder reconstruir. Al final hay que tener en cuenta la sensibilidad de las dos partes, si lo vemos desde el punto de vista de la arquitectura es una pena que se haya empezado a demoler pero si lo vemos desde el punto de vista del propietario, este tiene sus derechos. La arquitectura del siglo XX todavía no está convenientemente catalogada para saber qué se puede proteger y qué no”, reflexiona el profesor Ruiz.

Y ante ese problema el Delegado de Urbanismo del Ayuntamiento asegura que va a reaccionar: “Lo que nosotros entendemos del patrimonio arquitectónico de Madrid es que es marca Madrid, es una seña significativa de la ciudad y así lo queremos exponer al resto del mundo por tanto lo que vamos a iniciar es una revisión de catálogos protegidos incluyendo la arquitectura contemporánea y la arquitectura industrial que a día de hoy no está protegida porque no se ha llevado a cabo esa revisión del catálogo”.

Un trabajo de actualización que puede evitar que vuelvan a ocurrir desastres como el derrumbe de la Casa Guzman de la Sota o la Pagoda de Fisac.