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The Lofttown, el nuevo concepto de residencia de estudiantes que nace en Barcelona

Las residencias de estudiantes son uno de los productos más interesantes del mercado inmobiliario y este parece ser su año. Aunque en Europa ya es un sector consolidado, en España ahora empieza a dejar atrás el obsoleto stock de colegios mayores para actualizarse y responder a la demanda actual. Es el caso de The Lofttown en Barcelona, un proyecto creado por Daniel Ferrer y Santiago de Cruilles que busca satisfacer en 360º las necesidades de los estudiantes en su etapa previa al salto laboral.

La venta de Resa, la joya de la corona de las residencias de estudiantes de España, se culminó a finales de verano y se convertía en la mayor operación del mercado de residencias. Traspasó su cartera de 9.000 camas a la aseguradora AXA y CBRE GI, el brazo inversor de la consultora inmobiliaria CBRE. Los nuevos dueños desembolsaron 400 millones de euros para adquirirla.

Son muchos los analistas que consideran que las residencias de estudiantes serán uno de los activos inmobiliarios más demandados por los inversores en los próximos años. En este contexto nace The Lofttown en Barcelona, una iniciativa que llega de la mano de Daniel Ferrer y Santiago de Cruilles, quienes venían del mundo de la construcción, como project managers asesorando proyectos inmobiliarios.

Todo empezó hace dos años, cuando ambos decidieron dar un leve giro en su carrera profesional e inclinarse por un mercado estable a lo largo del tiempo del que, sobre todo, les atrajo la pasión de crear espacios donde las personas tengan experiencias que vayan a recordar toda su vida. “Quién no tiene los mejores recuerdos a su paso por la facultad”, explica Daniel Ferrer a idealista/news.. “Es un momento muy importante en nuestras vidas antes de salir al mundo laboral", añade.

Encontraron el emplazamiento idóneo para su proyecto: un viejo garaje en el número 24 de la calle Séneca de Barcelona, en el barrio de Gràcia al límite con L’Eixample. Se trata de una pequeña vía peatonal entre Vía Augusta y Paseo de Gràcia, Diagonal y Travessera de Gràcia. Una ubicación inmejorable, teniendo en cuenta todas las conexiones con todos los campus y la cercanía de diferentes medios de transporte (ferrocarriles, autobuses y metro). “Es una zona donde un estudiante que llegue a la ciudad verá cómo es vivir realmente en Barcelona”, explica Ferrer. Así crearon Minerva Student Housing, la primera de las sociedades, en la que invirtieron 7 millones de euros para levantar la residencia The Lofttown en el antiguo parking.

Encontraron el emplazamiento idóneo para su proyecto: un viejo garaje en el número 24 de la calle Séneca de Barcelona, en el barrio de Gràcia al límite con L’Eixample. 

Se estrenó el pasado 1 de julio y ya tiene prácticamente cubiertas las 140 plazas que ofrece para este curso académico. “Los actuales estudiantes son mitad nacionales, mitad internacionales”, cuenta Ferrer. Para acceder a una plaza el único filtro es presentar la matrícula en cualquier centro universitario en Barcelona o su provincia. “No hay discriminación de nota de corte ni ningún ‘background’ cultural. El único requisito es que sean estudiantes”, detalla el fundador.

El resultado es algo más que una residencia bonita donde ir a dormir. “Tratamos que el estudiante disponga de todo lo que necesita en su etapa universitaria en este centro y no tenga que preocuparse de nada”, cuenta Ferrer. La residencia, a sabiendas de que cada vez hay menos horas lectivas en las universidades y requiere más horas de trabajo fuera del aula, ofrece diferentes espacios, como salas de coworking, pantallas ultra panorámicas (para, por ejemplo, estudiantes de Arquitectura o Diseño Gráfico), mesas de dibujo… O incluso salas de relax y juego. “Tenemos convenios con IED (Escuela Internacional de Diseño) y LCI Barcelona (Escuela Superior de diseño de Moda)”, añade Ferrer.

Todas las habitaciones tienen baño privado y cocina y el edificio cumple todos los requisitos como inmueble sostenible. “Impactar lo mínimo en el medio ambiente era una de nuestras máximas al crear la residencia”, cuenta Ferrer. Toda la iluminación es led sin obsolescencia programada (su duración es, mínimo, de 140 años), la climatización es con gas natural que emite menos CO2 que los sistemas tradicionales y sirve para calentar el agua de las duchas. También cuenta con aislamiento térmico al terner triple cristal en todas las ventanas. Todo ello les otorga la categoría A del certificado BREEAM, que se le asigna a las denominadas “construcciones verdes” por su alto grado de compromiso con el medio ambiente. 

El edificio cuenta con la categoría A del certificado BREEAM: “Impactar lo mínimo en el medio ambiente era una de nuestras máximas”, cuenta Ferrer. 

A todo ello se suma que la comida que ofrece el comedor es ecológica. Además, “los excedentes los entregamos a Nutrición sin Fronteras, una ONG que ofrece comedores sociales en Barcelona”, añade.

Para diseñar la residencia y cumplir con los objetivos de la demanda, entrevistaron a 84 jóvenes que estaban en otras residencias de Barcelona. “Gracias a ellos, supimos qué valoran en una residencia, qué esperan que les ofrezca, qué tipo de habitación les gusta...Y con las respuestas fuimos configurando el proyecto”, explica Ferrer. Y todo esto, ¿a qué precio? “Desde 835 euros hasta 1.850 euros al mes, dependiendo del tipo de habitación”, avanza Ferrer, “pero no hay sorpresas a final de mes, absolutamente todo está incluido en el precio: limpieza, menaje, suministros, sábanas…”.

Aparte de este proyecto, Ferrer y de Cruilles tienen en marcha dos más: uno en Collblanc, muy próximo a Campus Sud de Barcelona, y otro en la avenida Paral·lel. “El primero, para el que hemos invertido 11 millones de euros, esperamos que se pueda abrir en julio de 2019”, avanza Ferrer. El segundo se trata de un terreno de 750 m2 ubicado en el número 102 de Paral·lel en su cruce con Comte Borrell, pero de momento la licencia de equipamiento está suspendida por el Ayuntamiento. “Si no nos dejan continuar, tendremos que buscar otra alternativa” cuenta el fundador.

Aparte de este proyecto, Ferrer y de Cruilles tienen en marcha dos más: uno en Collblanc, muy próximo a Campus Sud de Barcelona, y otro en la avenida Paral·lel

Ferrer es consciente del momento dulce que vive este mercado en España, pues “hay proyección para que la población estudiantil crezca en España, ya que contamos con universidades y escuelas de negocios cada vez más reconocidas internacionalmente, como la UPF o IESE”. Además, considera que Barcelona ofrece muchas oportunidades laborales, ya que crece como ‘hub’ tecnológico “al ser un polo de atracción para muchas compañías tecnológicas e internacionales”.

Hasta la fecha, los fundadores de The Lofttown no tienen pensado expandirse más allá de Barcelona, aunque su objetivo es avanzar en el futuro en otras ciudades como Girona, Valencia o Madrid. “Todo dependerá del feedback que tengamos aquí”, explica. "Aunque Barcelona tiene potencial para crear residencias de estudiantes, cuesta encontrar suelo para desarrollar proyectos como el nuestro”, conluye.