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India confía que las smart-cities pongan fin al caos de sus ciudades

Wikimedia commons
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Autor: Redacción

Con la creación de una nueva capital en el reformado estado de Andhra Pradesh, India quiere probar al mundo que puede convertirse en el gran referentes de "smart-cities" (ciudades inteligentes) del planeta.  La ciudad de Amaravati (este del país) quiere demostrar que un nuevo modelo de desarrollo es posible en India para poner fin al caos urbanístico del país, en el que históricamente este tipo de ideas ha tropezado con la corrupción y la falta de una economía formal.

Amaravati, una sucesión irregular de casitas, cabras y vacas a orillas del río Krishna, quiere utilizar su nueva denominación como capital de Andhra Pradesh desde 2014 para crear desde la nada una megalópolis moderna de más de 11 millones de habitantes gestionada con sensores en cada calle y servicio público, con edificios eficientes y administración virtual. Pese a todas las buenas intenciones el mayor desafío de la nueva capital será algo que ninguna otra urbe india ha conseguido hasta la fecha: poner fin a los poblados chabolistas, que se han convertido en el gran lastre del desarrollo y modernización de la India.

El proyecto para convertir a Amaravati en un modelo para toda India -el gobierno de Narendra Modi ha prometido convertir todas las grandes ciudades del país en “smart-cities”- nace con los buenos augurios del Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, que han prometido 850 millones de euros y otros 1.950 millones prometidos por diferentes agencias del gobierno indio.

Subarana Jurong
Subarana Jurong

Amaravati quiere entregar tierra y casas a los campesinos indios y pequeños empresarios por unos 2.500 euros, soterrar las instalaciones eléctricas, poner sensores en las conducciones de agua, establecer sistemas de pago online y hasta está en discusiones con empresas constructoras del sistema Hyperloop, ideado por Elon Musk, el consejero delegado de Tesla y SpaceX, para que la ciudad no solo acabe con los problemas endémicos del urbanismo indio, sino que la sitúe en el mapa por delante de otros gigantes como China.

Hasta el momento, se han sumado al proyecto dos grandes constructoras de Singapur, Ascendas-Singbridge y Sembcorp Industries, que quieren construir el centro comercial de la ciudad. Asimismo, el estudio arquitectónico de Norman Foster, Foster + Partners, se ha comprometido a realizar los primeros diseños de un centro gubernamental que se levantaría en una extensión de 5 km2, donde ahora solo hay humedales y zonas de pasto y bananeras.

Organismos gubernamentales de desarrollo de Japón, Malasia, China, Holanda, y hasta el servicio público de salud británico, quieren participar lanzando servicios o planes en Amaravati.

Subarana Jurong
Subarana Jurong

Detrás del megaproyecto está el popular político indio y N. Chandrababu Naidu, ministro jefe del estado. Naidu, que se ha codeado con la flor y nata de la élite de Silicon Valley, ha apostado por la adopción de la tecnología para promover el desarrollo en India.

La idea de Naidu puede tropezar con problemas que parecen insalvables en India. La corrupción a todos los niveles de gobierno y gestión ha impedido que las iniciativas urbanísticas de India lleguen a los más necesitados, mientras que la planificación de nuevos barrios no ha tenido en cuenta la importancia de la economía informal callejera, lo que ha hecho que los pobres, que deberían beneficiarse de esas iniciativas, hayan optado por residir en poblados de chabolas, en algunas zonas hogar de casi el 20% de la población, como en Bombay.

Chabolas de Bombay / Wikimedia commons
Chabolas de Bombay / Wikimedia commons

Naidu y los defensores de este nuevo proyecto confían que el soterramiento de los cables eléctricos ponga fin a robo de electricidad, que los pagos online eviten el impago de impuestos o que las nuevas redes de transporte sin conductor y planificadas mediante datos sobre la demanda sean el germen de una nueva India. Quedará por ver si los sensores, los autobuses autónomos, los hyperloop consiguen imponerse a décadas de crecimiento desordenado de la ciudades indias, que hasta 2050 deberían ser capaces de asimilar aún la llegada de 300 millones de nuevos migrantes del campo.