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La casa de los mil millones de dólares…y no por sus m2

Salón de Heller con la obra 'One' de Jackson Pollock
Ben Heller
Autor: Redacción

Ben Heller, no era un especulador o un as de las inversiones del ladrillo, pero su apartamento en la margen oeste del Central Park llegó a tener un valor superior a los 1.000 millones de dólares. El nonagenario neoyorquino tuvo el ojo y la suerte de convertirse en mecenas de una generación de pintores exitosos del movimiento del expresionismo abstracto, cuyas obras poblaron durante un tiempo las paredes de una morada cuyo valor era casi incalculable.

El discreto apartamento del 151 de Central Park West fue durante un tiempo el crisol de toda una era del arte abstracto. Heller acumuló en ese piso, en el que residió entre 1959 y 1975, obras de sus amigos Jackson Pollock y Bernett Newman, obras de Mark Rothko, Williem de Kooning o Robert Motherwell.

Solo el comedor, en el que colgaban dos Rothko,  ‘Number 27’ y ‘Earth and Green’, podría haber tenido un valor hoy superior a los 200 millones de dólares. Heller, que comenzó en los 50 a coleccionar piezas de artistas rompedores, pero desconocidos hasta entonces, cuenta como Pollock, uno de sus mejores amigos, le vendió por 3.500 dólares su obra ‘One’. El lienzo era tan grande que no cabía en la altura del apartamento y Pollock decidió grapárselo al techo.

La mayoría de las obras que colgaban en ese apartamento del céntrico edificio ‘The Kenilworth’ ahora están a buen recaudo en la colección privada de Heller o han acabado repartidas por museos de todo el mundo. El apartamento, exquisitamente amueblado en el estilo ‘mid-century’, se complementaba con esculturas de Alberto Giacometti, precolombinas, africanas y del sudeste asiático.

Durante los años 70 y 80, Heller vendió algunas de esas pinturas expresionistas que compró por menos de 10.000 dólares a precios récord que rondaban los 2 millones de dólares por pieza.

En el ocaso de su vida, Heller vive en el East Side de Nueva York, donde amanece en la isla de Manhattan. Para él, que consiguió amasar más valor en las paredes que en suelo de su apartamento, el precio actual del arte es un disparate. Las obras que nunca venderá son algunas de sus más cercanos amigos -Pollock , Newman, Rothko  o Kline-. “Haber conocido a estos genios. Eso si que no tiene precio”, asegura.