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Los centros comerciales inician su desescalada: así se compra en la fase 2

Hoy ya permanecerán abiertos todos los centros comerciales de España

Centro comercial Ànecblau

Desde la autopista se observan carteles que rezan que el centro comercial Ànecblau acaba de reabrir. Es el primer día en que los centros comerciales pueden volver a subir las persianas de sus tiendas y la curiosidad de saber cómo habrán preparado todo no deja de crecer en todos los consumidores. Este complejo, propiedad de Grupo Lar y ubicado en Castelldefels, Barcelona, además de abrir hoy las puertas por completo al público después de dos meses cerrado también estrena imagen tras una inversión de 16 millones de euros. Sin dudas, un día de celebración y primeras veces para el complejo.

En el párking sorprende el número de coches que hay. En la puerta del centro comercial me encuentro con el primer dosificador de líquido hidralcohólico. Me lavo las manos y sigo adelante. Todo el suelo está vinilado con flechas que indican por dónde tiene que circular el peatón. Con carteles en azul turquesa y blanco, Ánecblau no deja de recordar a su visitante las normas más básicas: mantener la distancia social, utilizar las mascarillas y mantener constantemente las manos limpias.

Al subir a la primera planta parece que vuelvas al pasado. Cadenas del grupo Inditex abiertas, con personas paseando las prendas que van a probarse de un lado a otro de la tienda. Control de colas de puertas para afuera y desinfección de manos de puertas para adentro. “Estamos viendo que las personas tenían muchas ganas de venir y la mayoría están muy concienciados”, explica una dependienta de Zara que comprueba que llevas la mascarilla bien puesta y te invita a lavarte las manos con gel antes de entrar.

“Es todo más normal de los que pensábamos, y la gente está respondiendo bien, se les ve concienciados y, creo, que eso ayudará a que la adaptación sea rápida y natural”, explica Ana Torres, gerente del centro comercial. Está contenta y se le ve haciendo fotos a la gente que pasa, a las tiendas abiertas, y no deja de saludar a todos los operarios. “Ver el centro todos estos días vacío me daba mucha pena. Es como si estuviéramos de celebración”, dice.

“Nos hemos centrado en comunicar el centro comercial como un complejo seguro y libre de virus”, explica la gerente, que añade que en los próximos días contarán con un certificado de SGS que válida el protocolo de higiene y seguridad del complejo. “Se ha ampliado el servicio de limpieza y seguridad, así como empleados que están a la atención del cliente. No tenemos aún cuantificado cuánto hemos invertido en preparar al centro comercial ante el covid-19, pero hemos tenido que rehacer los presupuestos y destinar una mayor cuantía a crear un espacio seguro”.

“Me alegro mucho de verte de vuelta, me hace muy feliz que estéis todos bien”, dice la gerente al dependiente de un córner de restauración que hay en el centro. “La gente está contenta de volver a su rutina”, dice. En este primer día han abierto un 82% de las tiendas del centro, si bien la previsión que manejan desde gerencia es que en los próximos días estén abiertos todos los establecimientos.

Dentro de la tienda

Entro a Zara después de dos meses sin poder pisar una de sus tiendas. Todo parece nuevo y da hasta reparo tocar las prendas. Finalmente, me lanzo a la piscina y me llevo al probador dos pantalones y una camiseta de algodón. Un probador abierto y uno cerrado, es la norma que siguen la mayoría de las cadenas para que los consumidores puedan mantener las distancias.

Este Zara es el de mayor dimensión dentro de un centro comercial de Cataluña, casi 3.000 m2, y el aforo está limitado a 220 personas. Le pregunto a una dependienta cómo están procediendo a la desinfección de prendas que se prueba el consumidor, y lo recita como si fuera una lección que han tenido que aprenderse.

A resumidas cuentas, todo depende de los materiales que componen las prendas, pero los procesos van desde vaporerar el artículo con vapor desinfectante y dejarlo en cuarentena un día, hasta cuarentenas de 48 horas. La dependienta explica que el algodón es uno de los tejos más agradecidos para desinfectar, mientras que la seda, por ejemplo, es mucho más delicada y necesita otros procesos.

El gigante gallego también ha tirado de tecnología para el control de aforo. Las cadenas de mayores dimensiones del grupo y que reciben un mayor flujo de visitantes, como Zara, Berhska, Pull&Bear o Stradivarius, tienen un contador electrónico de personas vinculados a los iPods de los dependientes. “En cuanto llegamos al tope, nos avisa y entonces hay que empezar a dosificar las entradas”, concluye.