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De los ‘conventillos’ a la burbuja inmobiliaria: breve historia de los desahucios

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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

El ‘Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española’ de Joan Coromines sitúa el origen del término desahucio en torno al siglo XIII. Hasta palabra hoy en boca de todos, pero hasta hace bien poco casi desconocida, procede del verbo arcaico ‘afuciar’, que significa “tener confianza, avalar o garantizar”. Al sumarle el prefijo ‘des’ obtenemos ‘desafuciar’ o, lo que es lo mismo, “quitar toda la confianza” sobre un propietario o arrendatario.

El estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis económica han vuelto a poner de moda esta palabra, pero en su versión moderna: desahucio. De hecho, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el año pasado se iniciaron unas 119.442 ejecuciones hipotecarias

De ellas, muchas acabarán con toda probabilidad en desahucio y la mayoría Irán acompañadas por protestas. Aunque desgraciadamente se hayan disparado en los últimos años, estas reivindicaciones vienen de lejos. Ya a principios del siglo XX, cuando aún no se llegaba a echar al inquilino de su lugar de residencia, había movilizaciones para denunciar los abusos de los caseros o, simplemente, para reclamar el derecho a una vivienda digna.

De acuerdo con el escritor Luís de la Cruz, fue Buenos Aires la ciudad que presenció la primera huelga de inquilinos. La protagonizaron trabajadores que residían en los llamados ‘conventillos’, corrales o patios de vecinos y que, en los primeros compases del siglo pasado, sufrieron el abuso por parte de sus caseros.

Fue en 1907. Los caseros de los corrales decidieron subirle a sus inquilinos el precio del alquiler, pero estos no aceptaron el incremento. Se negaron a pagar y, además, exigieron una mejora de las viviendas, que se hallaban en condiciones insalubres. 

Así, cerca de 120.000 trabajadores se encerraron en sus residencias en esta primera movilización por una vivienda digna. Los habitantes de unos 2.000 corrales se levantaron y, liderados por mujeres, no dudaron en enfrentarse a la policía cuando esta hacía acto de presencia. 

Tras esta peculiar revuelta, los inquilinos consiguieron disfrutar de algunas mejoras en sus viviendas, pero la continua subida en el precio del alquiler hizo que los trabajadores abandonaran finalmente los corrales y se asentaran en los suburbios de la capital Argentina.

La primera protesta en España

Precisamente ese mismo año, a miles de kilómetros de Buenos Aires, otra huelga de inquilinos hacía historia. Ocurrió en las ciudades de Barakaldo y Sestao (en el País Vasco) y supuso la primera movilización de este tipo en España.

El despegue de la industria vasca había atraído a una gran cantidad de inmigrantes que generó un verdadero problema inmobiliario. A falta de viviendas suficientes, los obreros de las fábricas se veían obligados a vivir hacinados en un mismo espacio, algo que los caseros no dudaron en aprovechar: a pesar de las malas condiciones en las que vivían sus inquilinos, subieron el precio de los alquileres. Así, al igual que sucedía en ese mismo instante en Buenos Aires, se dieron todos los ingredientes necesarios para la primera huelga de inquilinos.

Los vascos, como los argentinos, hacían huelga negándose a pagar el alquiler, y protestaban en la puerta de la casa del vecino al que el casero quería desalojar por impago. Sin embargo, había una diferencia entre las movilizaciones de uno y otro país: si bien en Buenos Aires tan solo los vecinos se sumaban a las protestas, en el caso español los trabajadores de otras industrias se unieron a las huelgas e iniciaron varias manifestaciones en las calles, llegando a amenazar con una huelga general. 

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foto: Campo Abierto | Licencia CC

 

Otras protestas

Sin embargo, los inquilinos españoles no lograron que sus peticiones llegaran a buen puerto y muchos acabaron desahuciados. Pero la mecha ya había prendido, de tal forma que los inquilinos de otras urbes vieron en las movilizaciones vascas todo un ejemplo y decidieron luchar por una vivienda digna. Así ocurrió en 1919 en Sevilla o en 1930 en Barcelona. 

El caso de la Ciudad Condales bastante similar al vivido en el País Vasco años antes. Los trabajadores de las fábricas catalanas, procedentes en su mayoría del campo, vivían hacinados ante la falta de viviendas suficientes. Así, una subida en el precio del alquiler de las habitaciones en las que residían estos obreros provocó una serie de huelgas en el barrio de La Barceloneta que se extendieron por toda la ciudad y que se prolongaron hasta 1932.

Con el tiempo, las huelgas de inquilinos cayeron en el olvido. La lucha contra los desahucios reaparecería cuatro décadas más tarde, en plena Transición. Era el final de la década de los 70 y los vecinos volvían a reivindicar el derecho a la vivienda, algo que la Constitución reconoció y que el acceso a la propiedad en la década de los 80 hizo posible. Luego llegaría la burbuja del ladrillo y las protestas por los desahucios en la primera década del siglo XXI.