Información sobre vivienda y economía

Los retos para las ciudades del futuro

Autor: Redacción

Alejandro Aravena, premio Pritzker 2016 y comisario de la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016, analiza los desafíos a los que se enfrentan las ciudades del futuro. ¿Cómo se afrontará la llegada de más de dos mil millones de personas a las grandes urbes? El presitigioso arquitecto chileno apuesta por una coordinación público-privada, que acabe con la especulación y que piense más en la gente y no en el negocio.

Según las previsiones de las Naciones Unidas, más de dos mil millones de personas se moverán hacia las ciudades en las próximas dos décadas. Durante la pasada cumbre de Habitat III, donde se fija la agenda urbana mundial, se confirmó que “de los 3.000 millones de personas que viven hoy en ciudades, 1.000 millones están bajo el umbral de la pobreza. De los 5.000 millones que habrá en las próximas décadas, 2.000 millones estarán en esa situación de pobreza”.

Aravena analiza los grandes retos para las ciudades del futuro donde la superpoblación puede "crear conflictos, desigualdad, guerras y otro tipo de amenazas a la población":

Una buena ciudad se identifica con un buen Estado de derecho, un buen plan de financiamiento y un buen diseño. Si las ciudades crecen sin orden y se van creando cada vez más asentamientos irregulares, lo público perderá recursos para centrarlos en dar acceso a servicios básicos. La coordinación será la práctica más importante para saber aprovechar los recursos. “Las buenas ciudades pueden ser la causa y no la consecuencia del desarrollo”, afirma en un artículo firmado en El País.

Los dirigentes locales deben romper con el esquema clásico de transformar suelo agrícola en urbano, que lo que hace es aumentar una periferia sin servicios, sin prácticamente espacio público ante la demanda de vivienda. Si, además, es la administración publica la se enfrenta a este gasto, está prácticamente abocado al fracaso.

El sector privado debe dejar de pensar en maximizar el beneficio en el menor plazo posible. “Lo que hará será buscará ocultar su mezquindad por medio del diseño: las calles se curvarán para animar el barrio y se llamará a un arquitecto para aportar color a las casas”, afirma Aravena.

Se tendría que apostar por un acuerdo público-privado para asociar al Estado y al mercado, unir fuerza con los recursos de las propias personas. “Se debe seguir una lógica convencional: intensidad urbana baja y mucha autoconstrucción (…) Al haber tres fuentes de financiamiento y dos de ellas (sector inmobiliario y las familias) dedicadas al espacio privado, el alcance de la operación residencial al menos se duplicaría. Y se alcanzaría el estándar de clase media gracias y no a pesar del diseño", concreta el arquitecto chileno.