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Cómo reconvertir un espacio vacío de un edificio en un trastero

Foto: Pixabay
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Autor: Lucía Martín (colaborador de idealista news)

Tu apartamento es muy coqueto, no cabe duda: tiene mucha luz, calienta enseguida en invierno, se limpia rápido… Cabe lo justo y, como tenemos tendencia a acumular, las posesiones ya no te entran en los armarios: ¡ay, si tuvieras un trastero aunque fuese modesto, cuánto te serviría de desahogo!

Entonces es cuando te percatas de ese espacio muerto de risa que existe en tu edificio: has consultado con el presidente de la comunidad y al parecer, es un espacio vacío, en el que no hay nada. ¿Por qué no transformarlo en trastero y que cada uno de los vecinos tenga un pequeño lugar de almacenaje? ¿Se puede hacer? ¿Cuándo no se podría?

Pues en cada ciudad puede ser diferente, analicemos el caso de Madrid: “En Madrid, por ejemplo, el trastero está definido como una pieza no habitable destinada a guardar enseres de la vivienda. Esto es importante porque ya sabemos que dicho espacio tiene limitado el tipo de almacenaje a esos enseres. Además, si queremos que no compute en edificabilidad tendrán que estar bajo rasante o bajo cubierta, de lo contrario, habría que sumarle los metros construidos a los del bloque y comprobar que no sobrepase los metros permitidos. De lo contrario, no sería viable”, explica Pablo García, de Atrezo Arquitectos.

Otro punto importante son los accesos, que deben ser independientes: “Los accesos deben ser desde zonas comunes del edificio y el número máximo de trasteros será de uno por vivienda. Si alguna de las viviendas del bloque es para personas de movilidad reducida, el trastero deberá tener un itinerario accesible”, añade.

Vamos con la superficie del trastero: “La superficie construida de cada uno será como máximo de 6 m2. Esta limitación ha sido establecida porque la superficie máxima no puede superar el 25% de la superficie de la vivienda asociada”, explica.

Pero no hay que pensar únicamente en un lugar para guardar enseres que te “estorban” en casa: ese lugar debe cumplir unas mínimas condiciones de seguridad, aspecto que habrá que tener en cuenta y no saltarse a la torera. Por ejemplo, incendios: “Se clasifican, según su superficie, en locales de riesgo bajo, medio o alto. Las condiciones que deben cumplir, dependiendo de este grado de riesgo, afectan a la resistencia al fuego de sus paredes, techos y puertas de comunicación. Por ejemplo, se exige una resistencia de 90 minutos en riesgo bajo y de 180 minutos en riesgo alto”.

También hay que tener en cuenta la ventilación: los trasteros deben poder ventilarse adecuadamente, eliminando los contaminantes que se produzcan de forma habitual durante el uso, de tal forma que se aporte un caudal suficiente de aire exterior que garantice la expulsión del aire viciado. “Se puede usar un sistema mecánico, híbrido o natural. ¿Cuál es el más conveniente? En cada caso se verá cuál es la mejor opción sobre todo ateniendo a su viabilidad”, añade.

Si en tu edificio tienes trasteros construidos hace tiempo y que carecen de licencia, se puede legalizar dicho espacio acudiendo a un arquitecto que realice el correspondiente expediente de legalización. Pero siempre, para que la cosa marche adecuadamente y que la comunidad no se lleve sorpresas, hay que ponerse en manos de profesionales expertos.