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Ramón Esteve: "Gracias a que se compra y alquila a través de las redes y fotografías, la arquitectura ha evolucionado a mejor"

Una vez Frank Lloyd Wright dijo: “Ninguna casa debería estar nunca sobre una colina ni sobre nada. Debería ser de la colina. Perteneciente a ella. Colina y casa deberían vivir juntas, cada una feliz de la otra". Pero llegar a crear una arquitectura que se mimetice con la naturaleza y el entorno, no es plausible para todos los arquitectos.

Para Ramón Esteve esta cuestión es una máxima, y ha conseguido materializarla. Famoso por sus exquisitas casas de lujo, no solo se queda ahí, va más allá. Sus proyectos van desde el exterior hasta el interior, de lo particular a lo concreto, de lo grande a lo pequeño.

Arquitecto y diseñador, es una de las grandes superestrellas del panorama internacional. Con motivo de Casa Decor 2019 hablamos con él, de su trabajo, sus perspectivas, su vida y sus obras.

¿Cómo llegaste a ser arquitecto?

Es una profesión que siempre me atrajo muchísimo. Cuando te lo planteas como adolescente, realmente no sabes en qué consiste, con profundidad, la arquitectura. Me acuerdo de que una de las cosas que me cautivó fueron unos libros de Frank Lloyd Wright que tenía mi padre. En ellos, aparecía la casa de la cascada. Cuando la vi, pensé que algún día me gustaría hacer casas como esa.

Arquitecto y diseñador, ¿cómo?

Mi formación es de arquitecto, sin embargo, para mí la forma de concebir los espacios va más allá, perdón por la redundancia, del propio espacio. Siempre he planteado que la arquitectura y el diseño tienen que trabajar conjuntamente, como lo que reza la Bauhaus y muchos planteamientos de principios de siglo, eso que se conoce como el concepto de la obra de arte total. Todas las piezas que forman parte de un conjunto arquitectónico -o de un espacio- forman parte de una idea de experiencia. Eso es el origen de mi inquietud y de mi actividad.

¿Cómo consideras tu arquitectura, eres minimalista? ¿Menos es más?

La tendencia de apodar un estilo como minimalista creo que es porque tenemos la necesidad de poner nombre a las cosas. Muchas veces se me ha clasificado como minimalista, pero me parece un término poco preciso, aunque, sí que es verdad que busco la esencia de las cosas. Menos es más, por supuesto.

Pero hay que tener cuidado con esto. Me gusta conseguir mucho con poco. Esto no significa simplificar, es sintetizar. Es muy importante la diferencia. Mis espacios tienen todo lo que tienen que tener, incluso más. Siempre intento que los espacios trasciendan hacia las experiencias, de lo material hacia lo emocional.

Muchas de tus obras tienen nombres inspirados en el campo y el mundo rural, ¿por qué?

Para mí la naturaleza es muy importante. De hecho, la arquitectura es una respuesta al entorno natural y al paisaje. Es importante que la arquitectura se mezcle con la naturaleza y que minimice el impacto sobre ella. Para Wright era un dogma en sus obras.

¿Qué significa para ti la arquitectura? ¿Cuál es tu misión para el mundo?

La arquitectura es algo que tiene que ver con muchas cosas a la vez. Si tuviese que definirla, para mí la es la construcción de un lugar donde confluyen emoción y razón, belleza e inteligencia, concepto y forma.

¿Qué escalas manejas, grandes, pequeñas…?

Me gusta moverme en todas las escalas y en todos los momentos. Obviamente, cuando empecé, lo hice con encargos a pequeña escala. Mi primer trabajo fueron unos ‘stands’ para Kodak, algo que me vino muy bien, ya que empecé a trabajar con la rama del interiorismo y gracias a ello aprendí a diseñar desde el final del proceso. Por lo cual, cuando comencé a trabajar con estructuras más grandes, esa experiencia me enseñó la importancia que tiene cada cosa. He trabajado mucho con hormigón visto, con piedra y con materiales con los que tienes que dominar una previsión muy importante de las instalaciones y, en general, anticiparte a todo lo que va a pasar, de tal forma que, cuando estás construyendo la estructura, ya tienes que tener resueltos los acabados y el interiorismo. Siempre me he movido en todas estas escalas.

¿Qué proyectos tienes ahora en marcha?

Ahora mismo estoy construyendo una urbanización de 100 casas en Abu Dabi. A la vez, estamos levantando un hospital, varios hoteles, villas, casas y muebles. Es decir, estoy creando una silla y una urbanización. Como ya te he dicho, me gusta mucho moverme entre escalas. Lo bueno de trabajar en tantas dimensiones es que le das importancia que tienen las cosas en cada momento. Cuando estás construyendo un edificio muy grande, estás pensando en los detalles y en los pequeños espacios con el objetivo de que estos tengan calidad, no solo te preocupa la organización. A la par que diseñas los detalles, también estás pensando en que esos muebles u objetos deben funcionar bien dentro de un espacio mayor. Todo está conectado.

¿Con qué tipología te sientes más cómodo?

La verdad es que me gusta mucho el residencial. La escala mayor me atrae como reto, pero el detalle me gusta muchísimo. Por eso, mi deriva hacia el diseño y el objeto.

Si tuvieras que destacar un trabajo tuyo ¿cuál sería?

Eso es preguntar a un padre qué a qué hijo quiere más. Las obras son como hijos. Yo creo que lo último que estás haciendo te está moviendo más... Me costaría muchísimo elegir.

¿Cómo has conseguido destacar en un mundo tan competitivo?

Yo creo que con coherencia. Cuesta mucho empezar y cuando empiezas tienes que decir que no. Pero luego, cuando estás en un momento dulce, como puedo estar ahora, también tienes que decir que no. Yo creo que muchas veces es más importante, en tu trayectoria, decir que no que decir que sí. Primero tienes que tener una idea y mantenerla, una forma de ver la arquitectura, de ver el espacio, los objetos… Yo creo que ese es el principal motivo.

Entonces, ¿es un poco como lo que ocurre en el cine? Si empiezas haciendo películas malas, tendrás una carrera poco prometedora…

Algo así. Cuando empecé, la gente me decía que tenía que hacer lo que sea y que luego ya podría hacer lo que yo quisiese. Ahí tenía bastante lucidez, aunque fuese joven. Recuerdo que pensé, si no hago lo que creo, la gente que le guste lo que yo pueda hacer no me va a reconocer. Eso supuso hacer trabajos muy pequeños. Tirabas de amigos y de gente cercana que confiaba en ti sin saber muy bien qué es lo que ibas a hacer. También me apuntaba a concursos públicos, ayudan mucho, a la escala que sea. Además, realicé muchas propuestas. Para mí, la clave es que lo que hiciera fuese siempre lo que me interesara. Esa coherencia siempre es mucho más importante al principio que al final.

¿Te has llegado a encasillar en una disciplina?

Los pasos adelante son difíciles, ya que mucha gente te pide lo que ya has hecho. No digo que eso no lo quieras hacer, pero te apetece evolucionar, investigar, abrir nuevos caminos…. En esas nuevas rutas siempre te encuentras casi la misma incomprensión de al principio, pero es verdad que tener una trayectoria y un trabajo te avala.

¿Construir bonito es más caro? ¿Durante los años del boom se construyó sin primar la calidad?

La respuesta a esta pregunta es muy extensa y objetiva. Primero, la belleza y el presupuesto no tienen nada que ver. Toda la arquitectura vernácula y popular está hecha con los mínimos medios y emociona. Sin embargo, toda esa arquitectura que has mencionado, que técnicamente está bien resuelta, te deja completamente indiferente. La belleza tiene que ver con una serie de factores como la armonía, el orden o la proporción. Aunque es cierto que, en cierta parte, puede influir el aspecto económico. Evidentemente, necesitas unos medios para desarrollar algo, pero no te condicionan, no son determinantes. Para mi es más importante la libertad que el presupuesto. Un proyecto con alguien que no confía en ti, que mete la mano continuamente, provoca un resultado inferior al que se puede obtener con un cliente que te dice: solo tengo esto y tienes que sacarle máximo partido.

Te pongo un ejemplo muy banal, una tortilla de patata es aceite, huevo, cebolla y patata, pero en pocos sitios se come una buena tortilla de patata. Es lo mismo, el diseño y la arquitectura es una tortilla de patata. Obviamente con más medios puedes ir más allá, pero la belleza no tiene nada que ver. Se podía haber hecho arquitectura mucho mejor durante esos años.

¿Por qué se construyó tan mal en esa época?

Para mí, personalmente, es porque no hubo un cliente real, había simplemente especulación. Esto ha cambiado. Hoy en día, la gente compra o alquila a través de las redes y plataformas y lo que busca son imágenes, por lo que el diseño es muy importante. Si ves una buena casa, que te atrae, obviamente vas a querer eso antes que otra que no te llama la atención. Es mi apreciación personal, no tengo estadísticas, pero creo que ha subido mucho la calidad gracias a la exigencia del consumidor final, que va a preferir un espacio bien diseñado a uno anodino y sin ningún interés.

Entonces, ¿crees que sí que está reclamando su papel protagonista?

Sí. La buena arquitectura siempre es muy difícil, ya que a veces no se entiende, pero para mí sí que es evidente que el nivel ha subido y especialmente en la arquitectura más comercial, es decir, al residencial. Hace unos años era muy difícil, por no decir casi imposible, ver buenos arquitectos detrás de promociones de vivienda. Ahora sí que los hay, y muy buenos. Además, también hay detrás diseñadores e interioristas. Se está dando valor a la arquitectura. La imagen en el mercado es muy importante y el cliente cada día sabe más. Si ve que la buena arquitectura la puede conseguir, la va a pedir.

¿En quién te has influenciado?

Yo siempre parto de los arquitectos de las vanguardias de principios de siglo como Mies van der Rohe o Le Corbusier, aunque de todos es Wright quién más me ha influenciado, sobre todo en las casas. Esto de la influencia, creo que va por temporadas. A veces me atrae mucho la arquitectura escandinava, otras lo que está pasando en el momento en el que estoy trabajando, aunque, esto te lo tienes que tomar con calma, ya que te puede influir en el mal sentido.

¿Cómo será la arquitectura del futuro?

La arquitectura siempre hace eco de las inquietudes del momento, pero es independiente. Yo creo que hay unas constantes que siempre se mantienen dentro de la disciplina arquitectónica que se van enriqueciendo dentro de un contexto histórico. Al final la arquitectura es el escenario en el que se desarrolla la vida. Cualquier cosa que suponga una modificación de la vida, lo hará en la arquitectura.

Estamos viviendo un momento con una velocidad de acontecimientos, con especial énfasis en lo relacionado con la técnica, que hace que constantemente cambie la percepción de todo. Cuando hay esa alteración en la percepción del lugar, este cambiará y la arquitectura se tendrá que adaptar a él.

¿Cómo has tenido la idea del Lobby “Black Note”?

Es un espacio muy pequeño, de 16 m2. Con esta creación intenté, como siempre, que la arquitectura y el diseño interactúen con los sentidos. Dentro de la limitación de recursos, quería conseguir las máximas sensaciones. La tela me gusta mucho, y las cortinas han sido el recurso principal, ya que es un espacio muy humilde. Esta sobriedad ha puesto en valor el contenido:  las lámparas.

Lo plantee como una especie de lobby de un hotel boutique u hotel experiencia que estuviese relacionado con la música. Black Note son las teclas negras del piano, las que aportan la parte de emoción de la música y el espacio debía transmitir esto. Estoy contento con el resultado.