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Los contratos de alquiler disponibles para estudiantes en el nuevo curso y qué conviene más en pleno covid

La Agencia Negociadora del Alquiler repasa los pros y contras del alquiler tradicional, el de temporada y el de una habitación

Autor: Redacción

Con la llegada de septiembre y la cercanía del nuevo curso escolar, el mercado del alquiler en las grandes ciudades se prepara para recibir a miles de estudiantes universitarios.

Según el Ministerio de Universidades, la idea es que este curso 2021-2022 sea presencial, aunque con medidas extraordinarias por la todavía vigente crisis del covid-19. Por tanto, las previsiones apuntan que el alquiler estudiantil volverá a moverse, ya que la Comunidad de Madrid oferta más de 85.000 plazas universitarias y Cataluña, más de 42.000.

Ante la búsqueda de piso por parte de miles de universitarios, la Agencia Negociadora del Alquiler (ANA) ha resumido en un estudio las distintas modalidades de alojamiento que pueden encontrar, en función del tipo de contrato de alquiler. En líneas generales, los estudiantes pueden optar por el alquiler tradicional de una vivienda, por un alquiler de temporada o por el arrendamiento de una habitación en un piso compartido.

A pesar de que todas las opciones tienes pros y contras, la compañía explica que, con la pandemia como telón de fondo, “la salud y la seguridad serán factores clave en la toma de decisión por parte de los padres a la hora de decidir el tipo de alquiler estudiantil de sus hijos. La prioridad ahora ya no va a ser que las viviendas estén muy cerca de los centros de estudio y ocio, sino que la prioridad será la seguridad, asociada al tipo de alquiler que los padres vean que es más conveniente. Por lo tanto, se buscarán viviendas menos céntricas, que, por precio y dimensiones, serán las más adecuadas a este fin". 

Repasamos cuáles son las ventajas y los inconvenientes de cada alternativa:

Alquiler tradicional, regulado por la LAU

Es la modalidad de arrendamiento más extendida y habitual, donde las fianzas máximas que se pueden exigir a los inquilinos son de una mensualidad de renta, y en concepto de garantías complementarias, dos meses de rentas.

Pros

  • Estabilidad para toda la carrera. El estudiante firmará un contrato que podrá prorrogar hasta cinco años si el propietario es una persona física (particular) o siete años si se trata de una persona jurídica (empresa). “De esta forma, si sus estudios duran, por ejemplo, 4 años, no tendrá que buscar una nueva vivienda cada año, con el perjuicio en tiempo y dinero que esto supone, y podrá dejar la vivienda al finalizar el cuarto año y no prorrogar un quinto año más”, detalla el estudio.
  • Mayor seguridad contra el covid. La segunda gran ventaja es la mayor seguridad a la hora de evitar posibles contagios con los compañeros de piso. No obstante, también se puede desde un inicio compartir el alquiler de la vivienda entre dos o más estudiantes, cuanto menos mejor, y que todos ellos formen una especie de “unidad familiar” estable durante toda la vida del contrato y así minimizar los riesgos de contagio. Todos deberán figurar como arrendatarios en el contrato de alquiler de la vivienda, convirtiéndose en coarrendatarios, para que ellos posteriormente la compartan según sus necesidades.

Contras

  • El precio. Se trata de un alquiler más caro, ya que la renta también debe pagarse cuando el estudiante no esté viviendo en la casa. Como recuerda Ana, “los meses de verano que, por norma, los estudiantes vuelven a la residencia familiar, la renta de alquiler se tendrá que seguir pagando. Por lo tanto, el alquiler será más caro frente al alquiler de temporada, donde solo se pagan los meses de la temporada acordada. Aunque no todo está perdido en esta modalidad y el inquilino podrá negociar con el propietario, una rebaja de la renta para la época estival”.

Alquiler de temporada, regulado por la LAU

Esta segunda alternativa es un arrendamiento cuya regulación se deja a la voluntad de la autonomía de las partes contratantes, en su defecto se aplicarían las normas del título III de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y supletoriamente el Código Civil.

Las fianzas máximas que se pueden exigir a los inquilinos para este tipo de arrendamientos son de dos mensualidades de renta. En cambio, las cantidades que se les puede solicitar en concepto de garantías complementarias son libres. También conviene recordar que los arrendamientos de temporada no pueden incluir ningún servicio complementario o accesorio al alquiler de la vivienda, como mucho el mobiliario, y que es necesario indicar cuál es la finalidad por la que se realiza la ocupación temporal (en este caso estudiantil, aunque también podría ser laboral, vacacional...) y dejar constancia en el contrato que el inquilino mantiene su domicilio habitual en otro lugar diferente al del alquiler, que normalmente suele coincidir con el lugar donde está empadronado.

Pros

  • Solo se paga por los meses de estancia. El estudiante sólo pagarás las rentas de alquiler de los meses que dure el curso escolar (temporalidad acordada), por lo que se ahorrará los meses de verano, por ejemplo.
  • Mayor seguridad contra el covid. En este caso se aplican las mismas circunstancias que en el arrendamiento de vivienda.

Contras

  • El doble de fianza y garantía ilimitada. El estudiante debe pagar dos meses de fianza, frente a un mes del alquiler tradicional de vivienda. Además, el propietario podrá exigir, como garantía adicional, la cantidad económica que considere oportuno, como si esa cantidad es la cuantía total de todo el alquiler acordado y así garantizarse que no saldrá perjudicado en caso de impago.
  • El año que viene, a volver a buscar vivienda. Si al año siguiente continúan los estudios, tendrá que volver a buscar otra vivienda en alquiler, puesto que el contrato de esa vivienda expira al finalizar la temporada acordada.

Alquiler por habitaciones, regulados por el Código Civil

En este tipo de arrendamientos lo que se alquila es el derecho a usar la habitación por un tiempo pactado compartiendo las zonas comunes de la vivienda (salón, cocina y baños) con el resto de arrendatarios. Este tipo de arrendamientos se sujetan, por regla general, al Código Civil, no a la LAU.

Pros

  • Más barato. La gran ventaja de esta alternativa es el precio, ya que es mucho más barato compartir el alquiler de una vivienda que pagarlo de forma individual.

Contras

  • Alta rotación de inquilinos, mayor riesgo de contagios. Según la Agencia Negociadora del Alquiler, se trata de una alternativa de riesgo porque se tiene mucho contacto con otros arrendatarios en espacios, normalmente pequeños, al margen de los problemas de convivencia que se pueden originar.

"Las habitaciones suelen tener mucha rotación de inquilinos, y esto aumenta exponencialmente el riesgo de contagio para todos los que residan en estas condiciones. Además, es un alquiler mucho más conflictivo en el que conviven personas que ni siquiera se conocen y que es fuente de muchos problemas de convivencia, sin contar con el intenso desgaste que sufre la vivienda, y que requiere de muchísima mayor gestión que un alquiler tradicional", explican desde la compañía. Su recomendación es, por tanto, que "los estudiantes compartan lo menos posible" y asegura que "ésta va a ser una opción muy buscada por aquellos padres que no quieren asumir más riesgos”.