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Incendios en edificios de gran altura: cómo evitar un riesgo que crece en todo el mundo
Wikipedia|Natalie Oxford

Artículo escrito por Oscar del Río, presidente de la Asociación de Fabricantes Españoles de Lanas Minerales Aislantes (Afelma)

Las características arquitectónicas modernas y el uso de nuevos materiales plantean desafíos adicionales a la hora de fomentar la seguridad contra los incendios. La evacuación y la extinción en edificios que llegan a alturas superiores a las que pueden alcanzar los equipos de bomberos actuales es un gran reto que viene agravado por los cambios de los sistemas constructivos de fachadas: hemos pasado de materiales cerámicos, hormigón o vidrio a revestimientos con estéticas más modernas pero que en muchos casos son combustibles. Asimismo, la necesidad de ahorro energético ha modificado la concepción de las fachadas tradicionales, incorporando aislamientos con mayores espesores y en muchos casos combustibles. Esos nuevos problemas se han podido constatar en recientes casos de incendio en edificios de gran altura.

Actualmente, las acciones para lograr edificios más sostenibles hacen hincapié en la reducción de la demanda energética y de la ‘huella de carbono’ de los edificios. Al mismo tiempo, se pasa por alto el hecho de que un incendio en un edificio tiene graves consecuencias para el medio ambiente y requiere una rehabilitación posterior, lo que afecta directamente a su sostenibilidad. 

Entre los impactos que un incendio en un edificio tiene en el medio ambiente natural, están la contaminación del aire con emisiones directas de CO, CO2 y de otros gases, así como la liberación de partículas y restos de materiales quemados que terminan depositándose en el suelo. Las necesarias labores de extinción conllevan un gran consumo de agua. La filtración de agua contaminada con agentes extintores también debe considerarse por su efecto perjudicial.

La investigación sobre la propagación del fuego desde el piso de origen hasta las plantas superiores a través de la fachada se viene realizando desde los años 60, estableciéndose que el fuego puede extenderse de tres formas distintas:

  1. Por un mecanismo de propagación interior en el que el fuego penetra a través de huecos y grietas entre el forjado y las paredes externas (especialmente para sistemas de muro cortina).
  2. Por un mecanismo de propagación exterior, donde el intenso calor de las llamas y los gases calientes que se proyectan por las aberturas inferiores prenden los materiales combustibles en los pisos superiores.
  3. Por un mecanismo de propagación exterior que implica la combustión y propagación del fuego a lo largo de los distintos materiales de la fachada.

En los últimos años se han producido en el mundo innumerables casos de incendios extremos relacionados con la propagación a través de la fachada que han causado graves daños materiales y hasta pérdidas humanas (Torre Grenfell de Londres, Torre Ámbar de Madrid, Torre dei Mori en Milán, varios rascacielos de Dubai y China…), además del impacto ambiental que producen, tanto por la emisión de humos tóxicos como por los residuos que se generan.

En contraposición a la expulsión de gases y llamas que se producía en las construcciones tradicionales por los huecos de fachada, en estos casos la propagación es a través de los materiales de la propia fachada. A partir de estos incendios, y debido a la conmoción causada en la sociedad, se comprendió la importancia de considerar las características de seguridad contra incendios de los elementos que componen las fachadas con mucho cuidado, especialmente en los edificios de gran altura.

Los investigadores en seguridad contra incendios están estudiando estos nuevos casos y han podido ver que, por ejemplo, una vez que se inicia un fuego en la fachada, éste propaga verticalmente hacia arriba a todo lo largo de la fachada, pero en ocasiones propaga hacia abajo y lateralmente debido a la presencia de algunos materiales combustibles (por ejemplo, los termoplásticos).

Los esfuerzos destinados a investigar el comportamiento frente al fuego de las fachadas en los edificios de gran altura estudian la combustibilidad de los materiales de aislamiento y revestimiento de acabado y analizan la manera de implementar medidas de seguridad que protejan y creen barreras en las fachadas contra el fuego.

Normativa aplicable en España 

La normativa española ha tenido una evolución positiva en el Documento Básico de Seguridad en Caso de Incendio (DBSI) de 2006 al DBSI 2019 (vigente en la actualidad); no obstante, la mejora ha sido muy leve, casi inexistente para muchos edificios.

La propuesta de TECNIFUEGO, compartida por la Asociación de Fabricantes Españoles de Lanas Minerales Aislantes (Afelma), es aumentar las exigencias en edificios de más de 18 metros, además de tener en cuenta casos singulares de difícil evacuación o intervención, como residencias de ancianos, colegios y hospitales. En todo momento debe facilitarse la evacuación de los edificios para evitar pérdidas humanas, así como las intervenciones de los cuerpos de bomberos de manera que sean seguras y eficaces. Las dificultades en el acceso, la limitación de altura de las escaleras que emplean y la emisión de humos son determinantes en el éxito de su actuación.

El Colegio de Ingenieros Industriales de Cataluña, en su ‘Estudio sobre la problemática generada por la propagación de incendios en fachadas de edificios’, recopila información sobre los incendios de fachadas que han tenido lugar en edificios de gran altura de todo el mundo y que, dada su magnitud, han generado amplia repercusión mediática. Es el caso de la Torch Tower en Dubái (2017 y 2015), Torre Grenfell en Londres (2017), The Address en Dubái (2015), Baku Residential Tower en Bakú (2015), Lacrosse Building en Melbourne (2014), Olympus Tower en Chechenia (2013), hasta un total de 23 incendios que han dejado 165 fallecidos en poco más de una década.

De entre todos los casos, el de la Torre Grenfell londinense ha sido uno de los más conocidos debido a la magnitud de la tragedia. Este edificio residencial de 24 plantas y 67 metros de altura, construido en 1974, fue objeto de una remodelación en su revestimiento exterior en 2016. Un año después, un incendio iniciado en un frigorífico de la cuarta planta se llevaba por delante la vida de 71 personas. El uso de materiales combustibles tanto en el revestimiento de acabado como en la cámara de aire hicieron de “efecto chimenea" y extendieron el fuego.

La catástrofe en este edificio nos obliga a reflexionar sobre las implicaciones que puede tener una rehabilitación, ya que se cambió totalmente el comportamiento del edificio en cuanto a la seguridad contra incendios.

Con 374 metros de altura y 95 plantas, la Torre Federation de Moscú, compuesta por dos rascacielos, es la edificación más alta en la que ha tenido lugar un incendio de estas características. En esta ocasión, el edificio aún estaba en construcción y, afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas.

Sin duda, nos encontramos ante un fenómeno que se está registrando en todo el mundo, debido a la tendencia de construir en mayor altura y a la dificultad de compatibilizar las necesidades de sostenibilidad con las de protección frente el fuego. Las causas y las soluciones son conocidas. Es necesario eliminar los materiales o soluciones combustibles de la envolvente y optar por materiales, de los que las lanas minerales son un ejemplo, que contribuyen tanto a un mejor aislamiento del frío, el calor y el ruido como a una mayor protección contra el fuego, al tiempo que son respetuosas con el medio ambiente.

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