Naciones Unidas anunció que la llegada de turistas internacionales alcanzó los 1.520 millones en 2025, casi un 4% más que el máximo histórico de 2019 antes de la pandemia. Más de la mitad de esas llegadas se produjeron en Europa, donde los principales destinos urbanos tratan de hacerlo más sostenible. El turismo de masas no es nuevo, pero se ha agudizado especialmente desde que la pandemia del coronavirus, que impulsó la ‘revancha’ por haber perdido un año de viajes, que supuso el repunte de las aerolíneas y los operadores de cruceros. En tiempos de creciente incertidumbre, Europa, siempre un destino popular, se ha visto especialmente afectada.
Los principales destinos turísticos de Europa son víctimas de su propio éxito: el 43% de los alemanes ha estado en Italia al menos tres veces, y un porcentaje similar planea viajar en los próximos tres años, según la oficina de turismo italiana. París siempre es una buena idea, y así sucesivamente.
El Viejo Continente es el último refugio seguro del mundo, donde la gente se siente cómoda, una región excelente para ir de vacaciones. Los visitantes han acudido en masa a las ciudades, atraídos por las plataformas que ofrecen alojamientos económicos, la cultura de las escapadas cortas y las redes sociales repletas de atractivos turísticos. Museos y ruinas tienen décadas de experiencia en el control de multitudes, pero los lugares que antes eran más discretos o estaban dirigidos principalmente a los locales están teniendo dificultades.
La sensación en las comunidades locales de que el turismo de masas las ha degradado en lugar de ayudarlas, las lleva a volverse en contra: los vendedores locales desaparecen, las tiendas de comestibles se convierten en puestos de baratijas; o surgen heladerías sin alma, prácticamente en cada esquina. Mientras, con el auge de Airbnb, un edificio de apartamentos parece más un hotel.
Los expertos afirman que se puede empezar a ofrecer tarifas reducidas a los residentes en una forma más sostenible de fomentar la buena voluntad. La ciudad de Nueva York es famosa por ofrecer a los residentes locales acceso gratuito o con opción de pago a muchos de sus principales museos. Los residentes disfrutan de este privilegio y existe poco resentimiento hacia los turistas.
La palabra clave en el debate sobre este turismo excesivo es "dispersión". Nadie quiere menos turismo; lo que se busca es un turismo menos concentrado. La tecnología ha sido un catalizador de este turismo desmedido, pero también podría ser la única herramienta lo suficientemente potente como para combatirlo. Entre ellas, surge la idea de advertir activamente a los visitantes sobre la masificación cuando ciertas zonas de la ciudad están demasiado concurridas.
El turismo excesivo también es peligroso cuando los beneficios económicos no se perciben localmente. En España, donde las llegadas han crecido un 80% desde 2010, los salarios reales han disminuido un 4% durante el mismo período, con un panorama similar en el sector hotelero.
El estancamiento salarial y el rápido aumento de los precios de la vivienda generaron rápidamente resentimiento hacia los turistas en las grandes ciudades. Pero por mucho que los lugares se quejen del exceso de turismo, sus economías dependen de él.
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