Fue a principios del pasado mes de octubre cuando Sareb conoció la letra pequeña de la norma contable que el Banco de España había diseñado para la sociedad.
Por exigencias del regulador, la compañía que aglutina los activos tóxicos de la banca rescatada debía tasar toda su cartera para saber cuál era el precio de mercado actual de cada uno de sus 570.000 activos. Un proceso de tasación que ya está en marcha y que será millonario.
Por un lado, la sociedad tendrá que pagar a los tasadores para poner en valor sus activos (un proceso que le costará en torno a 25 millones) y, por otro, porque el valor de sus activos es inferior al que aparece en su balance.
Los expertos y la propia sociedad ya alertaron en su momento del impacto negativo que tendría esta nueva valoración de sus activos sobre sus cuentas. Y sus previsiones no iban desencaminadas: la factura podría rondar los 1.500 millones de euros según calcula el propio consejo de administración de Sareb.
Para hacer frente a estas minusvalías, la compañía aportará los 500 millones de capital que tiene disponible y convertirá parte de los 3.600 millones que tiene en deuda subordinada. Por tanto, no se contempla la necesidad de ampliar capital al menos de momento.
Por otro lado, Sareb prepara cambios en su estrategia comercial que conocermos en marzo. Y es que la misma normativa del Banco de España que le obliga a retasar sus activos también le impide vender grandes carteras de préstamos: la compañía presidida por Jaime Echegoyen tendrá que vender los préstamos de forma individual, lo que hará más complicada su adjudicación.
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