Castilla-La Mancha tal vez sea una de las regiones menos conocidas por los propios españoles. Sus pueblos y ciudades atesoran una gran riqueza arquitectónica, histórica y cultural. Sus milenarios castillos y catedrales conviven con otras edificaciones más próximas en el tiempo pero no por ello menos fascinantes, tales como el Pasaje Lodares (Albacete), el Ayuntamiento de Ciudad Real, la Capilla Valleaceron (Ciudad Real), el Museo Antonio López Torres (Tomelloso), el Hotel Claridge (Cuenca), la Casa de la Cultura de Cuenca o los propios pueblos racionalistas, como el singular Consolación (Ciudad Real). Recorriendo esta tierra hemos seleccionado cuatro diseños recientes destacados, incluyendo la fascinante rehabilitación de un castillo del siglo XII.
Comisaría Provincial de Albacete
En una zona periférica en la zona este de la ciudad de Albacete (calle Buen Pastor, 1) encontramos este colorido edificio destinado a oficinas del Cuerpo Nacional de Policía. Los arquitectos Alberto Martínez Castillo y Beatriz Matos Castaño aprovecharon la diferencia de cotas entre las calles de la parcela para situar los accesos, consiguiendo así un menor desarrollo de la rampa del garaje.
El edificio combina zonas de acceso público para la expedición de documentos de identidad y pasaportes con oficinas de denuncias estructuradas por un vestíbulo común. También se plantearon despachos privados, zona de seguridad, vestuarios, una vivienda para el comisario jefe y un aparcamiento en el sótano para los vehículos oficiales.
La planta baja se presenta como un gran zócalo de hormigón que se cierra al exterior sobre el que se apoya un prisma de vidrio. La idea era transmitir con esa imagen la solidez y transparencia del Cuerpo Nacional de Policía. La apertura de huecos en el hormigón responde, según la descripción del equipo técnico, a una idea de celosía en la que los huecos son parte indisoluble de la solidez del muro. “La modulación trapezoidal de la planta de un proyecto simultáneo la convertimos en la fachada de la comisaría. A veces ocurren estas cosas inesperadas”, explican los responsables del proyecto.
En oposición a esa imagen exterior, el interior de la comisaría se revela como una serie de espacios luminosos gracias a los patios que la horadan. El garaje se convierte en un lugar de relación gracias a cuatro huecos de color que, atravesando la planta baja, toman luz de la cubierta o de los patios. Por otro lado, la orientación y organización interior hacen que las dos fachadas largas sean distintas; un muro de vidrio a noroeste (oficinas) y una doble piel de vidrio y lamas verticales a sureste (comunicaciones). “El color de las lamas de vidrio sin referencias específicas ayuda a eliminar viejos estereotipos sobre este tipo de localizaciones oficiales”, concluye la memoria del proyecto.
Palacio de Justicia, Ciudad Real
El destacado arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra fue el responsable de llevar a cabo, en 2007, el diseño de este ambicioso hogar de la Justicia en Ciudad Real. Levantado en el polígono industrial Larache, en la zona sur de la ciudad (Calle Caballeros, 9), este edificio de grandes proporciones se dispone en forma de U, mientras el plano de la cubierta se prolonga triangularmente. Este triángulo, bajo el que encontramos la entrada, funciona a modo pórtico monumental que se funde con la propia vía pública, dotando así al diseño de una cierta majestuosidad institucional.
El edificio consta de cinco plantas, y la construcción varía en ellas en la medida de uso, atendiendo a la privacidad que requieran unas y otras dependencias. Así, las zonas más públicas están situadas en las tres primeras plantas, con accesos independientes para jueces, detenidos y público. En ellas se reparten el vestíbulo, las salas de bodas, de vistas y de medicina forense. Por su parte, la planta primera acoge también las zonas comunes, el decanato y la fiscalía, mientras que en las plantas superiores encontramos los distintos juzgados.
El cerramiento de vidrio exterior, planteado de manera continua, permite iluminar el interior con luz natural, además de convertirse en el gran protagonista de este diseño.
Rehabilitación del Castillo de Garcimuñoz (Cuenca)
Garcimuñoz fue uno de los caballeros que acompañó al rey Alfonso VIII en su conquista de Cuenca en el siglo XII. Decidió asentarse en esas tierras y al sur de lo que hoy es la provincia levantó un castillo, en torno al cuál nació el pueblo que hoy lleva su nombre. Muchos siglos después, dicho castillo (calle Corredera, 1 ) ha sido rehabilitado por Izaskun Chinchilla.
La intervención de esta arquitecta madrileña ha transformado por completo la construcción, haciéndola accesible al visitante, gracias a un proyecto en el que se ha buscado tanto la preservación física del edificio histórico como su reintegración en la vida social local.
El paso de los años y los cambios socio políticos hicieron del Castillo de Garcimuñoz un espacio constituido por multitud de fragmentos incompletos de diferentes tendencias, por ello, la propuesta de Chinchilla desarrolla un sistema de pequeñas piezas de acero galvanizado que, como un sistema de ortografía (las piezas que lo forman son tan flexibles y diminutas que se conciben como puntos y comas de un texto), ordena y unifica los fragmentos incompletos del castillo.
Según la propia arquitecta, la colocación de esas piezas “contribuye a comprender el intrincado legado histórico sin provocar modificaciones directas”. Diferentes estrategias y grupos de materiales permiten así separar perceptivamente elementos que proceden de diferentes épocas, contribuyendo a la claridad de la datación histórica.
Especialmente interesante resulta la actuación en el patio de armas, donde el color y las estructuras escultóricas crean la fantasía de una suerte de bosque mágico que sorprende sin remedio al visitante e invita a la reflexión. “Casi todos los elementos incluidos en el proyecto pueden ser transportados por dos personas y todos pueden ser desmantelados”, explica la arquitecta. “Se trata de un proyecto completamente reversible. Desde el punto de vista tectónico, la intervención se asemeja más a un mobiliario adherido al inmueble que a una nueva construcción. Esto permite no solo una futura incorporación de otros usos, sino también futuras actualizaciones del equipamiento -con importante presencia de usos digitales- y traslado de elementos obsoletos a otros emplazamientos”, concluye Chinchilla.
Palacio de Congresos de Toledo “El Greco”
Rafael Moneo ha sido el primer arquitecto español en ser galardonado con el prestigioso Premio Pritzker de arquitectura, y su prestigio internacional es indiscutible (también recibió el Príncipe de Asturias de las Artes 2012). En el año 2000 recibió el encargo de diseñar un palacio de congresos para la ciudad de Toledo, y diez años después este abrió sus puertas para convertirse, de manera inmediata, en un nuevo icono del exquisito paisaje de esta ciudad (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986).
Situado en el mismo centro histórico de la ciudad (Paseo Miradero, s/n), en lo alto de un escarpado peñón que rodea y aísla casi en su totalidad el torno del río Tajo, la estética y funcionalidad de estas instalaciones hacen que el edificio quede totalmente integrado en el exclusivo entorno de la ciudad, llegando a ser considerado uno de los emplazamientos más originales de todo el territorio europeo.
Con una superficie de 12.000 metros cuadrados, el Palacio de Congresos de Toledo se divide en múltiples salas y espacios panelables pensados para albergar tanto a pequeños grupos como eventos y actos de grandes dimensiones. Su polivalencia lo convierte en un lugar único para cubrir las necesidades del mundo empresarial y asociativo, ofreciendo distintos servicios que le permitirán ser un producto singular en el sector.
De este modo, el Palacio de Congresos de Toledo aspira a ser una nueva puerta de acceso a la ciudad, al mismo tiempo que recupera lo que fue el Paseo del Miradero, convertido ahora en una plataforma ajardinada sobre la que se dibujan los perfiles del Hospital de Santa Cruz, del Museo de Santa Fe y del Alcázar.
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