Villa MKZ, diseñada por el estudio de arquitectura japonés de Takeshi Hirobe, es un ejemplo impresionante de cómo la arquitectura puede adaptarse a las restricciones del terreno y al mismo tiempo ofrecer una experiencia estética única. Esta casa de fin de semana, situada en una ladera con vista a la ciudad japonesa de Minamiboso y al mar en la distancia, presenta un techo llamativo, angular y expresivo que define su identidad, todo ello gracias a una combinación de creatividad, ingenio y un enfoque minimalista.
La parcela de tierra en la que se construyó Villa MKZ presentaba varios desafíos para el equipo de Hirobe. Además de la pendiente pronunciada, también había un afloramiento rocoso que dificultaba la construcción. A pesar de estas limitaciones, Hirobe y su equipo lograron tejer la huella de la casa principal alrededor de las restricciones del sitio y ubicar una 'suite' de invitados en el extremo opuesto del terreno. Por necesidad, el edificio independiente que alberga un garaje para dos vehículos y una habitación de invitados está situado en el lado este, donde el desnivel es más pequeño, pero el cliente solicitó que la casa principal se adaptara a las difíciles condiciones del sitio, como afirman los arquitectos.
En su primera presentación al cliente, el equipo de Hirobe propuso un plan compuesto por triángulos interconectados, pero este diseño no era rígido, sino más bien permitía que las formas se ajustaran de acuerdo a las necesidades de los clientes. "Ajustamos gradualmente los picos en respuesta a las solicitudes de los clientes con respecto al interior, de modo que cada segmento del techo contuviera un espacio con la escala adecuada para su uso", explicó el arquitecto.
El resultado de esta ingeniosa forma de diseño es un edificio que se adapta perfectamente a su entorno y a la vez es estéticamente sorprendente. El techo angular y expresivo no sólo añade interés visual al edificio, sino que también define su identidad. Desde el exterior, la villa se presenta como una estructura única, en perfecta armonía con su entorno natural. “Variamos libremente parámetros como la relación con el paisaje, el tamaño de las habitaciones y el volumen de los espacios. El resultado es una escala interior de sensación natural y una sensación de afinidad entre los edificios y el sitio”, argumentan.
Al entrar en la casa, uno es recibido por una secuencia de espacios característicos tallados en hormigón y madera, que crean una sensación de calidez y tranquilidad. Los materiales naturales y texturizados se utilizan en todo el interior para dar la sensación de que la casa es parte del paisaje, en lugar de ser una estructura separada del mismo. Grandes aberturas conectan los espacios habitables con el exterior, lo que permite que la luz natural y el aire fresco entren en la casa, mientras que los interiores minimalistas permiten que los espacios fluyan sin interrupciones.
El enfoque minimalista de la arquitectura se ve subrayado por la decoración interior, que presenta una paleta de colores sobrios y materiales sencillos. Los muebles y la decoración se han seleccionado cuidadosamente para complementar la arquitectura y crear una sensación de continuidad en todo el espacio. El resultado es un hogar que es elegante, tranquilo y acogedor. Todo al mismo tiempo.
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