Pastrana, en Guadalajara, tiene menos de 1.000 habitantes, pero guarda un legado artístico y arquitectónico excepcional: sorprende por la riqueza de su patrimonio medieval y renacentista. Un destino perfecto para desconectar rodeado de arte, naturaleza y calma. El patrimonio de este pueblo es tan notable que muchos la conocen como el “pequeño Vaticano” de Castilla-La Mancha. Sus calles conservan un legado que transporta al visitante a los siglos XVI y XVII, la etapa de mayor esplendor del municipio.