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Janet Sanz: "La oferta actual de alojamientos turísticos en Barcelona es capaz de absorber la demanda de visitantes de la ciudad"

 

El turismo en Barcelona es una importante fuente de ingresos. En cuatro años, la Ciudad Condal ha generado, por ejemplo, 29 millones de euros gracias al impuesto autonómico que grava los establecimientos turísticos (pisos, hoteles, pensiones...). Con un 71,4% de población activa en Barcelona, casi 150.000 personas trabajan para el sector turístico en la capital catalana y cuenta con unas 12.000 empresas dedicadas a este sector

¿Por qué es tan atractiva Barcelona para visitarla? En sus 100 km2 ofrece 66 museos, 4,7 kilómetros de playas, 8 monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad (entre ellos, la Sagrada Familia, el 5º más visitado del mundo) o 26 restaurantes con Estrella Michelín, aparte de sol, espectáculos y diversión.

Pese a ello, el debate sobre su modelo turístico está abierto. En una entrevista para idealista/news, Janet Sanz nos explica con qué políticas el Gobierno municipal afronta los efectos para ellos negativos del turismo intentando que no mengüe uno de los principales motores económicos de la ciudad.

Janet Sanz lidera el área de Urbanismo, Ecología y Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona. Es la más joven del equipo de Ada Colau y la más veterana en trayectoria política municipal. Ha sido la responsable de la puesta en marcha del PEUAT, el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos de Barcelona, un plan que desde enero de 2017 distribuye por territorios la oferta hotelera y busca garantizar un equilibrio entre las plazas de alojamientos turísticos y la población residente con tal de evitar la saturación del espacio público.

La teniente alcalde también es responsable de impulsar una planificación urbanística con perspectiva de género, de la paralización de las obras más faraónicas de la ciudad, Glòries, o de que finalmente se regularizara la licencia de obra de la Sagrada Familia. Nos confiesa que vive de alquiler y cuando viaja se hospeda o bien en casa de amigos, hoteles, o… «cualquier opción que sea legal».

¿Qué ha pasado para que esté cambiando para algunos el fenómeno de la vivienda turística, una alternativa vacacional tradicional?

En Barcelona se está expresando con mucha intensidad una necesidad de control. La actividad de los alojamientos turísticos debe de tener unos límites ¿no? Los pisos turísticos, como los hoteles o como las pensiones, si actúan de forma negativa para la comunidad o tiene unos impactos negativos, hay que controlarlos. Se trata de buscar un equilibrio para garantizar que Barcelona siga siendo Barcelona.

Si los barrios se convierten solo en espacios para los turistas sin vecinos, la propia actividad turística es la que sale perdiendo. Y, evidentemente, hemos de garantizar que Barcelona se proteja y se preserve. 

Si los barrios se convierten solo en espacios para los turistas sin vecinos, la propia actividad turística es la que sale perdiendo.

¿Cómo revertir la sensación de que el turismo es el actual principal problema de los barceloneses cuando es uno de los motores que más riqueza genera en esta ciudad?

Veníamos de unos años de barra libre, de descontrol sobre esta actividad. A partir de aquí, nosotros lo que planteamos desde el primer momento fue hacer una regulación de toda la actividad legal vigente en la ciudad: dónde se podía reubicar esta actividad y dónde sí podía crecer. Por lo tanto, determinamos un plan de alojamientos turísticos que nos permitiera de alguna forma descongestionar el centro de la ciudad, aquel territorio que tiene más masificación y que sufre más las consecuencias de este turismo.

En un año y medio, en Barcelona, antes de que nosotros entráramos en el Gobierno, se habían incrementado un 20% las licencias de alojamientos turísticos, una cifra en la que se podía observar un crecimiento exponencial que, si no se ponía un tipo de control, podía correr un riesgo de burbuja económica importante de la propia actividad.

¿Qué modelo de ciudad puede ofrecer Barcelona para reconducir el turismo de “low cost” a un turismo cultural?

Creo que el modelo que da Barcelona y también el que damos desde el Ayuntamiento es el de una ciudad donde se vive muy bien. Donde, realmente, hay una calidad de vida, un clima, una alimentación, una oferta muy diversa de espectáculo, de actividades promocionadas a nivel internacional como festivales, conciertos… Una oferta que atrae y hace que Barcelona sea una ciudad muy deseada para sus visitantes.

Ahora bien, para ese modelo necesitamos la complicidad del sector privado. Aquí hay operadores que sitúan a Barcelona en el mapa, muchas veces, como un activo turístico donde venir a hacer determinadas actuaciones, fines de semana de fiesta, por ejemplo. Y eso es lo que precisamente debemos intentar cambiar y potenciar precisamente un destino turístico diferenciado.

¿Habrá más pisos turísticos como respuesta a la congelación de licencias para levantar hoteles (PEUAT)?

Ahora mismo en Barcelona, en relación con la oferta turística legal, estamos alrededor de 150.000 plazas y, mayoritariamente, no están llenas constantemente (hablo de hoteles, albergues…). Hay margen todavía de ocupación.

Cuando nosotros hicimos el PEUAT sabíamos que había que proteger una zona de la ciudad y que había otra zona que podía crecer todavía. Ahí es donde hemos planteado un crecimiento controlado, con una serie de reglas, para que esos barrios no sufran lo que ha pasado en otros.

La oferta actual de alojamientos turísticos es capaz de absorber la demanda de visitantes. Hemos ordenado el cese de muchos pisos turísticos y la gente ha ido a dormir a otros espacios, por tanto, no hay un problema con la oferta y la demanda. Se trata básicamente de redirigirlo y controlar esas actividades o alojamientos específicos.

No hay un problema con la oferta y la demanda. Se trata básicamente de redirigirlo y controlar esas actividades o alojamientos específicos.

¿Cómo se crea el PEUAT sin una base de datos previa de oferta de camas en la ciudad?

Nosotros cuando llegamos al Ayuntamiento lo primero que hicimos fue suspender las licencias para vivienda vacacional, pero no quiere decir que no las acabemos dando. Simplemente, las paralizamos para hacer una foto fija de lo que está pasando en la ciudad.

A partir de ahí hemos hecho una composición de datos, de cómo impactan estas licencias, no solo las que se están paralizando sino todas las que se han dado, qué ha pasado con la evolución… Así estuvimos prácticamente un año y medio trabajando con diferentes institutos, organismos o universidades.

Hay una planificación urbanística con una perspectiva de género diseñada con las asociaciones vecinales. ¿Pero priorizáis la experiencia de arquitectos?

Cuando planificamos la ciudad la construimos escuchando muchos colectivos. Los vecinos son muy importantes, pero también hay una interlocución muy fluida con el Colegio de Arquitectos de Cataluña o con una asociación multidisciplinar de mujeres que trabajan en la planificación urbana donde hay arquitectas, sociólogas, abogadas... que nos ayudan a trabajar en esta lógica, como se ha hecho en la Meridiana, para pensar en una transformación urbana que conecte los barrios con una vida saludable y digna. Eso es urbanismo de género. Yo siempre pongo de ejemplo Jane Jacobs, donde sus teorías de los 60 sigue vigente, garantizando hacer una ciudad que incorpore estos valores.

¿Por qué paralizasteis las obras de Glòries, una obra con más de diez años, con casi todos los grupos municipales en contra y que finalmente será mayor gasto para el erario?

Ya las hemos reactivado. La transformación de Les Glòries es un elemento de justicia no solo con Barcelona ciudad, sino con la Barcelona metropolitana. Lo que nos encontramos fue elementos que no se adecuaban con el estricto cumplimiento del contrato que se estaba ejecutando y por eso paralizamos.

Queríamos tener el control en todo momento de lo que pasaba en Les Glòries con el compromiso de escuchar a todo el mundo y reactivarlas lo antes posible, pero, eso sí, desde la defensa de una infraestructura pública después de ver que la empresa no estaba cumpliendo con unos plazos y con un contrato que había hecho. Hasta el ministerio de Fomento se está replanteando rescindir algunos de los contratos que están bajo el paraguas de Sagrera o de otras obras a nivel estatal. No queremos adjudicar obras a las ofertas más baratas porque eso nos sale caro después.  

No queremos adjudicar obras a las ofertas más baratas porque eso nos sale caro después. 

Esperamos que en 2021 toda la infraestructura esté finalizada correctamente y hayamos corregido esa deuda histórica con el Besòs.

¿Por qué durante 101 años nadie le hace pagar una licencia de obra a la Sagrada Familia y vosotros llegáis al Gobierno municipal y sí se la habéis hecho pagar?

Una de las cosas que nos sorprendió al inicio del Gobierno fue que no estuvieran regularizadas las obras de una de las infraestructuras más emblemáticas de la ciudad como es la Sagrada Familia. No entiendo por qué no se había hecho antes. Nosotros lo tuvimos claro desde el primer momento y establecimos una mesa de trabajo para entender no solo la configuración del edificio, sino cómo se interrelaciona ese edificio con su entorno. El objetivo es que en la primavera del año que viene podamos tener ya regularizadas las obras.