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¿Qué pasaría si todos los habitantes de un pueblo desaparecieran de la noche a la mañana?

Kitsaul es un pueblo abandonado en medio de los grandes bosques de la Columbia británica, en la frontera de Canadá con Alaska. Un antiguo asentamiento minero creado en 1979 que fue abandonado precipitadamente pocos meses después por la caída de los precios del molibdeno, metal que extraían en la mina. Desde entonces así ha quedado, tal cual estaba durante más de 30 años. Ahora parece que su suerte puede cambiar. Un empresario pagó 5 millones de dólares en 2004 para transformar el pequeño pueblo en un centro turístico para intelectuales. Aunque también está en proyecto reabrir la mina toda vez que el molibdeno ha recuperado interés.

94 casas, 200 apartamentos, un hospital, un centro comercial, restaurantes, cine, centro deportivo, un banco. La empresa Phelps Dodge preparó todas las comodidades para llevar a 1.200 personas a Kitsaul, su nueva mina de explotación de molibdeno en 1979.

Sin embargo, tan solo 18 meses después de comenzar a trabajar, la compañía decidió parar la mina por el bajo precio de este metal en los mercados. Desde 1983 está completamente abandonada. Pero por extraño que parezca aún mantiene esa aura de los años 70 en la decoración de las casas. Una especie de cápsula del tiempo en medio del tiempo.

Así estuvo durante más de 30 años hasta que un empresario indocanadiense, Krishnan Suthanthiran, decidió comprar Kitsault por 5 millones de dólares. Su intención ha sido volver a atraer a personal al poblado como un lugar de escapada para grandes intelectuales, desde artistas a ingenieros o científicos.

Con el paso de los años, también ha vuelto a sonar Kitsault para volver a abrir la mina y explotar los grandes recursos de gas natural en esta zona de Canadá, donde ya se proyecta una inversión de 30 billones de dólares.