En esta entrevista, Raquel Gutiérrez, fundadora de Polight, repasa su trayectoria en el mundo de la iluminación, desde sus primeros recuerdos entre lámparas y casquillos hasta la creación de su propio estudio tras más de 16 años de experiencia internacional. Hablamos de luz como herramienta arquitectónica, de emoción, bienestar y técnica, y de cómo diseñar proyectos donde la iluminación acompaña sin imponerse. Raquel comparte su visión sobre retail de lujo, sostenibilidad, sistemas modulares y las nuevas tendencias residenciales. Una conversación inspiradora sobre cómo la luz puede transformar espacios… y también la forma en la que los habitamos.
¿Qué te motivó a fundar Polight junto a Ignacio? ¿Cuál fue el momento clave en el que decides transformar tu experiencia en un estudio propio?
Pues la verdad es que mi relación con la iluminación viene de muy atrás, incluso antes de saber que acabaría dedicándome a esto. Mi abuelo tenía una fábrica de vidrio y también hacían componentes de lámparas, y yo, de pequeña, pasaba muchas tardes en la tienda de mis abuelos viendo cómo montaban casquillos, cables y tulipas. Me encantaba tocarlo todo y comprobar cómo, solo cambiando una pantalla, se transformaba por completo el ambiente. Luego, nada más empezar la carrera de Arquitectura, para sacarme un dinerillo, empecé a trabajar en una cadena de montaje de luminarias, ensamblando piezas una a una, exactamente igual que lo que había visto hacer de pequeña. Y es curioso porque hoy algunos de los colaboradores con los que montamos luminarias que diseñamos fueron en su día mis jefes de montaje, los que me cronometraban cada pieza (risas).
De ahí di el salto como becaria a Viabizzuno, donde pasé de montar piezas a poder “olisquear” de verdad la iluminación en proyectos de primer nivel. Me colaba en todo lo que podía y veía cómo se desarrollaban proyectos enormes con arquitectos como Peter Zumthor o David Chipperfield, aunque yo era básicamente la niña de los recados (risas). A partir de ahí empezó un camino muy largo dentro de la firma: seguí formándome, creciendo y asumiendo responsabilidades, hasta llegar a ser directora de proyectos de Viabizzuno para España, después de 16 años de un aprendizaje brutal desde todos los ángulos.
Y es justo ahí cuando nace POLIGHT: con todo ese bagaje y ese expertise acumulado, pero también con la necesidad de no estar limitada a una sola marca. Después de todo lo aprendido, tenía sentido crear un estudio donde la iluminación fuese realmente la protagonista, desde una mirada más abierta, más libre y totalmente ligada a las necesidades reales de cada proyecto. Y en ese momento es cuando, junto a Nacho, damos el paso definitivo y arrancamos Polight.
¿Cómo describiríais vuestra visión del diseño lumínico más allá del objeto decorativo?
Partimos siempre de la arquitectura: de esa “caja” que puede ser una vivienda, un espacio docente o una tienda. Nuestro objetivo es integrar la luz para que pase desapercibida, pero que sea capaz de generar sensaciones y emociones, además de cumplir una función práctica. La luz no debe imponerse; debe acompañar
¿Cómo combináis la dimensión artística de la luz con la eficiencia energética y los requisitos técnicos?
Solo trabajamos con fabricantes que respetan toda la cadena de procesos. No nos definimos como una empresa 100% sostenible, porque la palabra abarca demasiado, pero sí diseñamos para que nuestros proyectos lo sean: optimizamos la cantidad de producto que usamos, cuidamos los materiales, su reciclaje y trabajamos con certificaciones energéticas que avalan el uso adecuado de cada luminaria
¿Cómo funciona el sistema técnico con el que trabajáis?
Muchos de nuestros proyectos se apoyan en sistemas modulares. Es complejo de explicar sin verlo, por eso tenemos nuestro laboratorio de luz. Pero, para entendernos: como antiguamente existía la E27, hoy trabajamos con bases que permiten “maquilar” la luminaria según la cantidad de luz, apertura o estética necesaria. Es casi como un sistema de bayoneta de una cámara: una misma base puede convertirse en una pieza técnica o en un elemento más decorativo según el proyecto.
¿Cuál es vuestro proceso creativo desde que recibís un encargo hasta la instalación final?
El proceso ideal empieza en fase de proyecto básico, cuando aún trabajamos sobre papel. Como somos arquitectos, entendemos muy bien el ‘moodboard’, los usos y las sensaciones que quiere transmitir el cliente.
Tenemos un formulario que ayuda a definir atmósferas: cálidas o frías, color, uso… Después trazamos las ideas, hacemos planos, pasamos al proyecto ejecutivo y, finalmente, a la implantación. Ofrecemos instalación y llave en mano.
Es importante entender que cada estancia tiene múltiples usos. Un ejemplo claro es la cocina, hoy el corazón de la casa: necesitas una luz por la mañana, otra para cocinar, otra para limpiar, otra para estar o transitar por la noche. Pensamos siempre en esos ritmos.
Colaboráis con Viabizzuno, un fabricante italiano con gran reputación. ¿Qué papel juega esa relación en vuestra identidad como estudio?
Para mí, Viabizzuno es el alma que me ha traído hasta aquí. Me enseñaron cómo un objeto puede construirse para la arquitectura. Recuerdo un ejemplo que se me grabó: en las termas de Vals de Peter Zumthor, las luminarias tienen el espesor del forjado y el pozo de luz crea la sensación deseada. Su filosofía nos marcó: el producto nace del proyecto, no al contrario.
Habéis trabajado en proyectos exclusivos, como la boutique de Loewe en la Milla de Oro de Marbella. ¿Cuál es el mayor reto en un retail de lujo?
Trabajar con firmas internacionales implica adaptarse a las normativas lumínicas de cada país. Por ejemplo, en Japón tuvimos que elevar valores lumínicos usando el mismo aparato para mantener unidad. En retail siempre digo que una tienda no puede ser un showroom de lámparas: hay que ser discretos. Estos proyectos te obligan a dominar la potencia, la cantidad y la distribución sin renunciar a la estética.
¿Qué proyecto reciente os ha marcado especialmente?
La iluminación del restaurante de Gordon Ramsay en Ibiza. El concepto era “cielo e infierno”, y la luz debía acompañar sin parecer una discoteca ni caer en lo hortera. Había que generar atmósferas muy distintas con sutileza. Además, el plazo era muy limitado. Fue complejo, enriquecedor y con mucha visibilidad internacional.
Otro proyecto que nos hizo muchísima ilusión fue una exposición que llevamos a cabo en nuestro showroom junto a Sáenz de Oiza. Construimos un recorrido lumínico a través de todas las maquetas del proyecto de Oteiza, y la verdad es que fue algo muy especial para nosotros.
Sobre todo porque, además, los Oiza han sido tutores de proyectos tanto de Nacho como míos. Poder iluminar esculturas y maquetas de dos maestros así no es algo que pase todos los días, y para nosotros tuvo un valor emocional y profesional enorme.
¿Qué tendencias estáis observando en iluminación residencial y hacia dónde crees que evoluciona el sector?
La gran revolución fue el LED: aumentó la oferta, pero también la confusión. La tendencia ahora es “menos es más”. Cada vez se ven menos techos llenos de focos. La luz indirecta se introduce de formas nuevas y más conscientes: iluminar a través de cuadros, por ejemplo, puede ser más interesante que un foco que te deslumbra en el sofá.
Si hablamos de lámparas icónicas, ¿cuáles son las tres que no deberían faltar en una casa?
Siempre es bueno tener algún clásico no demasiado contemporáneo:
– Alguna pieza de miguel Milá es un must para cualquier diseñador.
– La Snoopy de Flos, que es un objeto bello y emocional.
– Y un capricho: coppibartali de Viabizzuno, inspirada en los ciclistas Coppi y Bartali. Es como una cadena de bicicleta que puedes moldear, suspender o colocar en pared. Iconográfica y versátil.
¿Cómo puede influir una buena iluminación en el bienestar?
La luz es fundamental para regular nuestros ritmos y para sentirnos bien. No solo la artificial: también la natural. Para quienes no seguimos un ciclo diurno ideal, la iluminación debería ser casi una norma de bienestar.
Está demostrado que ciertas longitudes de onda ayudan a segregar hormonas que facilitan el descanso. Ya existen sistemas aplicados en hospitales o viviendas donde programamos, por ejemplo, una luz roja a ciertas horas. Mi tesis doctoral trata precisamente sobre esto: la luz natural y artificial en procesos de recuperación hospitalaria.
Mirando al futuro, ¿cuáles son las ambiciones de Polight?
Queremos consolidar nuestra presencia internacional y contribuir a crear una “conciencia lumínica” accesible para arquitectos y para cualquier persona que quiera iluminación de calidad en su hogar. También queremos aportar al diseño de instituciones y espacios públicos, para hacerlos más amables para todos.
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