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¿Dónde están las mujeres? -

Chacón, la niña excelente de Felipe

Carme Chacón, desde la sede del PSC anunciando la victoria del PSOE en las Generales de 2008. / N.B.
Carme Chacón, desde la sede del PSC anunciando la victoria del PSOE en las Generales de 2008. / N.B.

Hace falta dejar pasar un espacio en el tiempo para asimilar los grandes cambios que se producen en la historia. Así es como, con perspectiva, se podrán valorar los efectos que derivaron del paso de Carme Chacón por la política. Cuando en marzo de 2008 aquella niña de Felipe (como se denominó como respuesta a 'la niña de Rajoy') celebraba la nueva victoria de Zapatero, no imaginaba que lo que muchos tomaron solo como una fotografía, daría paso a un nuevo escenario en la política: pasar lista a las tropas militares con tan solo 36 años y una prominente barriga de embarazada. Era la primera ministra de Defensa en la historia del Gobierno español. 

Fue ese año, en marzo de 2008, cuando cubrí mi primera noche electoral. Carme Chacón encabezaba la lista del PSC por la circunscripción de Barcelona. El partido, entonces, lo tenía casi todo. El apéndice del PSOE en Cataluña gozaba de una holgada tranquilidad. El optimismo se brindaba con cava en Nicaragua (sede del PSC). Aún nadie hablaba de un 'procés', ni tan siquiera se atisbaba un debate entre España y Cataluña, como dos entes alejados entre sí. El PSC lideraba el catalanismo que abrigó desde su creación en 1977, como resultado del conglomerado de partidos socialistas que lo formó. Por eso, poner a una mujer, y embarazada, al frente de una de las listas más votadas del partido rojo no era ningún riesgo, sino un éxito asegurado. Concentraba en ella casi todas las sensibilidades que pretendía abrazar el partido.

Chacón venía de haber sido la ministra de Vivienda, una cartera del franquismo que reavivó el partido socialista. Hasta 2004, las competencias en esta materia iban bajo el paraguas de Fomento. Fue un periodo corto de tiempo en este Ministerio, de los peor valorados en la primera etapa de Zapatero, y no alcanzó el año su etapa como sustituta de Mª Antonia Trujillo. Pero en escasos nueve meses, entre julio 2007 y abril 2008, tuvo tiempo de capitanear reformas como dar un giro a la cultura de la propiedad impulsando medidas a favor del alquiler, especialmente entre los jóvenes o la ley que permitió agilizar los desahucios por impagos en el alquiler. Quizá esta última fue una de las medidas más controvertidas, en el punto más álgido de la burbuja inmobiliaria, para los que consideraron de su gobierno uno de los más progresistas en los últimos tiempos. 

Carme Chacón llegando al campamento Arena, en el oeste de Afganistán. / Wikimedia commons
Carme Chacón llegando al campamento Arena, en el oeste de Afganistán. / Wikimedia commons

Todo ello no restó empuje a su carrera política, al contrario. Zapatero volvió a tener una legislatura más para darle una nueva oportunidad a Carme Chacón, su mano derecha, su íntima amiga. Fue con ella, con la mujer más joven de su Ejecutivo, la embarazada, la excelente académica, la catalana, la que pondría como máxima responsable de las Fuerzas Armadas. Esa imagen, en su día polémica por ser solo eso, una imagen, hoy queda en el recuerdo como uno de los importantes cambios que generó ese gobierno: modernizar un espacio donde solo cabía los hombres. 

En su menuda pero enérgica estatura, la verdadera fragilidad la llevaba por dentro. Fuera del poder político, era una mujer que cargaba con una enfermedad congénita del corazón desde que nació, lo que la iba a llevar a una vida lo menos agitada posible. No obedeció a su destino y pocos hubieran sospechado lo que achacaba su salud si no fuera porque ella misma lo declaraba cuando tenía ocasión. Siempre es bueno reducir distancias entre las facetas personal y pública de los políticos para ampliar horizonte.

Volví a seguir a Carme Chacón para las Generales de 2011. El espejo de la ilusión de dos años atrás comenzaba a empañarse. Un año antes acababan de perder representación parlamentaria en Cataluña y los pronósticos para el Congreso no pintaban mucho mejor. Traer a Felipe González o a algún artista como Rosa Mª Sardá a los mítines aún les permitía enguajar gargantas y seguir jaleando ser el partido de izquierdas tanto en España como en Cataluña. De poco sirvió, Rajoy entró a relevar el puesto a Zapatero con una amplia mayoría de 186 escaños. Al PSOE se le presentaba un futuro complicado. 

Abogada de formación, estuvo a punto de dirigir la secretaría general del partido. Quizá lo tenía todo para serlo y pocos deméritos que se lo impidieran. Aun con todo, no consiguió arrebatarle el puesto a un perro viejo del partido, Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Qué hubiera sido del partido, de ella e incluso del actual formación del Congreso si no le hubiera separado 22 votos de Rubalcaba? Su carrera política, casi paralela al declive del partido, empezó a diluirse y marchó a Miami para ejercer de profesora en la universidad. 

El triunfo del PSC podría haberse prolongado con el liderazgo de una mujer al frente, como ella consiguió mandar sobre todos los soldados, por qué no. Pero el éxito del partido catalán empezaba a ser solo un recuerdo borroso del pasado y los pantalones siguieron imperando como en el hermano mayor, el PSOE. En 2014 tuvo una segunda oportunidad de ocupar el asiento presidencial del partido, pero dio un paso al lado.

De pronto, todo lo que eran virtudes, empezaba a ser desprestigio en su figura política. El partido catalán se veía obligado a posicionarse en un escenario que quiso regatear desde su nacimiento. Chacón sí tomó voz y se desmarcó de la resolución del derecho a decidir que votó su grupo. Quizá seguía con un ojo puesto en Madrid y no tanto en Cataluña. Con todo, por lo último que se recuerde será por su renuncia, junto a otros miembros del comité federal, para que dimitiera Pedro Sánchez, no sin antes olvidar su rechazo como número uno por la lista de Barcelona en diciembre de 2016. Fuera por el vacío de Chacón o no, los mejores resultados en el PSC ya eran historia: esas elecciones tan solo rascaron ocho diputados, su peor marca. 

A pesar de lo que se diga desde la inexperiencia, nunca se está preparado para la muerte. Pero se vuelve aún más injusta la muerte cuando la persona no alcanza ni el umbral de los cincuenta y deja en tierra a un niño de ocho años. En el campo de lo político, nos deja sin aclarar si hubiera retomado las riendas de la vida política en un partido a la deriva, si su faceta como abogada en un bufete daba punto y final como figura simbólica del socialismo español y como mujer política en la historia reciente de España.