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Paseo del Prado 30: un edificio okupado en el centro de Madrid que todos desean

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Es enorme, pero casi nadie se fija en él. Un edificio funcional de ladrillo rojo y de ventanas con marcos blancos de cinco plantas. Son más de 3.000 m2 de parcela. Pegado al CaixaForum, casi enfrente del Museo Nacional del Prado y a tiro de piedra del Museo Thyssen-Bornemisza y del Museo Reina Sofía, Paseo del Prado 30 es uno de los inmuebles más codiciados del centro de Madrid.

Fue construido en la década de los 20 del siglo pasado por Adolfo Blanco y Francisco Javier Ferrero, arquitectos responsables de obras singulares de Madrid como el Viaducto de Segovia o el Mercado de frutas y verduras de Legazpi.

El valor arquitectónico real de este edificio es, fundamentalmente, su localización. Es un edificio que está envuelto de una arquitectura muy importante para Madrid como es la arquitectura cultural de los museos”, asegura el arquitecto y profesor Eduardo Roig a idealista/news.

Dentro del conocido triángulo de oro de la cultura madrileña, esa zona marcada en rojo en todos los mapas de los millones de turistas que cada año visitan la ciudad, el edificio copa titulares de prensa desde el 6 de marzo de 2013. Fue entonces cuando la antigua alcaldesa de Madrid, Ana Botella, firmó un convenio sin concurso previo con una fundación que llevaba el nombre de Emilio Ambasz, un conocido arquitecto hispano argentino.

El proyecto consistía en la demolición del edificio, que había sido sede de la UNED hasta 2012 y anteriormente una casa de socorro, para levantar el Museo de Arte, Arquitectura, Diseño y Urbanismo (MAAMU). El Consistorio cedía el terreno por 75 años a cambio de que la Fundación Ambasz corriese con los gastos de construcción del complejo, que ascenderían a unos 10 millones de euros.

“Yo solo conozco el proyecto que se presentó en 2013 a través de la prensa. Es lo que conocen todos los ciudadanos. Era un edificio todo tapizado de verde y pienso que no estaba bien implantado en esa zona. Ese edificio en un PAU [Plan de Actuación Urbanística] estaría estupendamente; pero creo que en el eje Paseo del Prado, que en sí es un BIC (Bien de Interés Cultural), se debe cuidar lo que se construye para que se respete los valores del espacio”, asegura Paloma Sobrini, directora General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid.

La cesión del espacio fue aprobada en el último pleno de la Junta de Gobierno de Ana Botella, en mayo de 2015, justo antes de que Manuela Carmena se hiciera con la alcaldía. La polémica estaba servida. La oposición acusó este movimiento de pelotazo urbanístico y distintos colectivos protestaron por la elección a dedo sin concurso público.

“El proyecto propuesto por Ambasz es propio de un momento económico en Europa muy diferente al que vivimos hoy, y muy diferente al que ha acontecido a lo largo de la crisis económica. Es un proyecto muy controvertido. Bajo mi punto de vista, aporta bastante poco a la ciudad de Madrid”, afirma el profesor Roig.

Y por si la situación no estuviera ya lo suficientemente enrevesada, en mayo de este mismo año, tras una manifestación contra la corrupción bajo el lema ‘Madrid no se vende’, una veintena de personas ocuparon el edificio. Desde entonces, en el lateral del inmueble, en la calle Gobernador, un panel de madera tapa una de las ventanas y se puede leer el nombre con el que los okupas lo han bautizado: La Ingobernable.

El proyecto de la Fundación Ambasz se encuentra en este momento en fase tramitación de licencias. El Ayuntamiento tiene encima de la mesa cinco informes técnicos que desaconsejan demoler el edificio, pero la Fundación Ambasz parece decidida a continuar con el proyecto. Así que el futuro de Paseo del Prado 30 es todavía un gran signo de interrogación. 

Paloma Sobrini asegura que lo importante es preguntarse si el proyecto que se lleve a cabo encaja en ese lugar. “Lo que tenemos que ver no es el me gusta, no me gusta. No. Hay que preguntarse, ¿ese edificio está adecuadamente en ese ámbito? Y eso es lo que hay que valorar”, concluye.