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Ciudad BBVA o cómo aplicar la tecnología a la arquitectura para hacer un icono del 'skyline' de Madrid

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Hubo una época en la que las ciudades cristianas competían por albergar la iglesia con el campanario más alto posible. La altura simbolizaba el poder de la localidad. Hoy, en pleno siglo XXI, las grandes corporaciones han tomado en muchas ocasiones el relevo en esta carrera por mostrar la arquitectura más novedosa o sorprendente.

La Ciudad BBVA, ubicada en el barrio de Las Tablas de Madrid e inaugurada en 2015, tiene algo de ese binomio arquitectura-poder, pero se aleja de otro tipo de arquitectura, la arquitectura-espectáculo, que tanto ha proliferado en nuestro país en los últimos años. Su tarjeta de presentación es La Vela, la estructura con forma ovoide de 93 metros de altura y que es ya un icono del skyline madrileño. Sin embargo, la Ciudad BBVA es mucho más que eso.

La intención de sus autores, los suizos Herzog & de Meuron, era crear una ciudad con una atmósfera de villa mediterránea, densa, con callejuelas, plaza, lugares de encuentro… En definitiva, plena de movimiento y vida. Y, a tenor de los comentarios de los trabajadores, el resultado es más que satisfactorio.

“Es una sede empresarial muy orientada hacia el empleado”, explica Susana López, directora de la Ciudad BBVA y que participó en la elaboración del proyecto, codo con codo con los arquitectos. “Tiene muchos servicios, desde gimnasio a una guardería, pasando por un rincón donde unos grandes almacenes te traen la compra y te la meten en el coche, una farmacia… Puedes comprar el pan todos los días, el jueves tenemos un mercadillo de frutas…”.

Ese carácter ya fue señalado por Rafael Moneo en un artículo en la revista 'Arquitectura Viva', donde destacaba que “semejante por su abigarramiento y sus atmósferas a una casba, esta ciudad corporativa pero amable donde trabajan 6.000 personas se define por su escala humana y su carácter introvertido”.

Alejandro Valdivieso, arquitecto, aunque alaba el carácter de tejido urbano de la Ciudad BBVA, pone un pero: “La voluntad de generar una idea de ciudad mediterránea sí se ha conseguido. El problema viene dado por aspectos ajenos a la propia arquitectura, que es la seguridad de las oficinas, que obliga a que se trate de un recinto cerrado. Hubiera estado bien que la plaza que vincula la gran torre con las tiras de oficinas hubiera sido abierta al público”.

La Alfombra y la Vela

La ciudad BBVA se compone de siete edificios horizontales de tres alturas (llamados “la Alfombra” por sus autores), una plaza abierta que intercomunica todos los edificios y, en el centro de la misma, el edificio de La Vela. “Es la parte más conocida, pero es más un símbolo, ya que solo supone el 10% de la edificabilidad”, explica Susana López.

De hecho, una de las dificultades del concurso para la Ciudad BBVA era qué hacer con esas siete estructuras, que ya existían. El diseño de los arquitectos suizos logra una integración entre todos los elementos, con la ayuda en parte de los brise soleil que componen la fachada de los edificios, y que son una de las señas de identidad de la Ciudad BBVA.

Tecnología y arquitectura

La arquitectura de las nuevas sedes empresariales suele tener en común la búsqueda de la sostenibilidad y el empleo intensivo de la tecnología. Y la Ciudad BBVA no es una excepción. “El tema tecnológico es fundamental”, recalca Susana López, quien añade que “hay wifi en toda la sede, para que los trabajadores puedan trabajar desde sus dispositivos móviles donde quieran: en la plaza, en los jardines, en su oficina, en una sala de reuniones o en su casa. BBVA quiere ser una empresa digital. Queremos conocer cómo es el cliente digital, y eso solo se consigue si el empleado es digital”.

Por otro lado, la sostenibilidad se ha buscado mediante elementos como la iluminación LED, el reciclaje de residuos, la instalación de vigas refrigeradas por agua y sistemas domóticos de ahorro de energía, que colaboran a que el ahorro energético total del complejo supere el 30%. A ello contribuyen también las 2.800 brise soleil de las fachadas, que impiden la entrada directa del sol.

“Independientemente de los gadgets tecnológicos que pueda tener la Ciudad BBVA”, puntualiza Alejandro Valdivieso, “la verdadera sostenibilidad del edificio viene dada por su forma y la relación entre las partes. Intenta reproducir una ciudad, con sus plazas, espacios públicos de transición, zona de ventilación natural, calles interiores que comunican los espacios o densidades no muy altas”.

Como consecuencia de ese esfuerzo, la Ciudad BBVA ha sido distinguida con la prestigiosa certificación LEED Oro.

Los autores

Jacques Herzog y Pierre de Meuron forman uno de los estudios de arquitectura más prestigiosos del momento. En 2001 fueron galardonados con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura. En España también son autores del atrevido proyecto del CaixaForum en Madrid. Más recientemente, ha sido inaugurado en Hamburgo la Filarmónica del Elba, un ambicioso proyecto cuyo precio ascendió hasta los 789 millones de euros.