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España tardará dos décadas en reducir la deuda pública al nivel que quiere Bruselas

José Luis Escrivá, presidente de AIReF / Foto: APIE
José Luis Escrivá, presidente de AIReF / Foto: APIE

España podría tardar 20 años en meter en vereda la deuda pública... y hasta entonces deberá enfrentarse a los riesgos que conlleva registrar un apalancamiento tan elevado.

Este es el aviso que ha lanzado José Luis Escrivá, presidente de la Autoridad Fiscal Independiente (AIReF), durante unas jornadas celebradas en Santander. Y es que, a pesar de que el organismo está convencido de que el ciclo económico todavía tiene recorrido al alza y confía en que el PIB siga creciendo de forma sostenible, también advierte que deberán pasar muchos años para que nuestro país cumpla uno de los objetivos que marca Bruselas a toda la Unión Europea: mantener la deuda pública por debajo del 60% del PIB.

A cierre del año pasado, 15 de los 28 países comunitarios incumplieron dicha barrera, entre ellos España, que ocupó la quinta posición del ranking con una deuda superior al 98% del PIB. Solo Grecia, Italia, Portugal y Bélgica tienen un ratio de endeudamiento sobre PIB más elevado. En el caso del volumen de deuda, ronda ya los 1,15 billones de euros, la cifra más alta de la historia. Y las previsiones apuntan a que seguiremos incumpliendo este objetivo hasta dentro de 20 años.

“La deuda pública española en 2007 estaba en el 35% y unos años después llegó al 100%. No podemos estabilizar esta variable cerca del 100%, porque supondría una gran vulnerabilidad ante cualquier shock del mercado. Creemos que la deuda podría estabilizarse en el medio plazo alrededor del 85% del PIB y que podría situarse alrededor del 60-65% en 2035, siempre y cuando cumplamos a rajatabla el Programa de Estabilidad que hemos enviado a Bruselas y que no nos pasemos con el gasto público. Algo que de momento se antoja complicado”, ha recalcado Escrivá.

Para la AIReF, el problema no está tanto en incumplir la previsión de ingresos (que en los últimos años no están tan inflados como sucedía en el pasado) como en superar la regla de gasto. El envejecimiento de la población, por ejemplo, podría suponer dos puntos de PIB o más de gasto en los próximos años, algo que no se está contemplando actualmente.

Tampoco se está teniendo en cuenta que "una parte de la deuda que ha asumido el país por rescatar a empresas o entes que no son públicos, acabará convirtiéndose en deuda pública. Calculamos que será de un 3,3% del PIB adicional", ha señalado.

Los riesgos de una deuda insostenible

El presidente de la autoridad fiscal ha aprovechado su intervención para lanzar una recomendación: hay que aprovechar los años económicos buenos para reducir la deuda pública y limitar los riesgos futuros.

"Lo que hemos aprendido de la crisis es que cuando no tienes el instrumento de tipo de cambio para ajustarse a un shock al existir una política monetaria común y los tipos de interés no te acompañan, la política fiscal termina haciendo gran parte del trabajo de ajuste y se sobrecarga. Y esto no debe pasar", ha añadido.

Escrivá también ha hecho referencia a dos de los riesgos principales a los que se enfrenta cualquier país sobreendeudado: la llegada de una nueva crisis financiera y los riesgos geopolíticos.

En su opinión, "cada 15 años hemos tenido una crisis financiera y siempre han supuesto costes para el sector público. Es verdad que la unión bancaria está limitando los posibles impactos, pero las medidas se están implementando despacio. Por tanto, este es un riesgo para la sostenibilidad pública y es necesario que la regulación financiera proteja lo máximo posible al Estado. Y también están los riesgos geopolíticos, que siempre están sobre la mesa. Actualmente miraría al Mediterráneo y creo que debemos  parecernos lo menos posible a Italia", un país que todavía está más endeudado que España (su deuda ronda el 130% del PIB) y con un complejo sistema político.

Por último, el primer espada de la autoridad fiscal ha aprovechado su intervención para pedir que la estrategia que lleve a cabo España sea consensuada y con miras al medio plazo. Así, pide que las políticas fiscales se cumplan, como ocurre en los países centroeuropeos. "Hay muchas combinaciones posibles para los ingresos y los gastos públicos, pero la clave es huir del cortoplacismo y dar garantías de cumplimiento. Solo así nos podemos ganar la confianza y credibilidad del mercado", ha sentenciado.