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El BCE vuelve a cargar tintas con más estímulos... siete años después de salvar a España del rescate

Mario Draghi, presidente del BCE / Gtres
Mario Draghi, presidente del BCE / Gtres

Ya han pasado siete años desde que Mario Draghi dio la vuelta a la crisis de la eurozona. Una sola frase del presidente del Banco Central Europeo (BCE) bastó para evitar el rescate de España y la ruptura del euro.

A pesar de que los mercados estaban estrangulando a Italia y España cada vez que colocaban deuda, y la situación se estaba tornando en insostenible. Eran la tercera y cuarta economía de la eurozona, respectivamente, y como se decía por aquel entonces, eran dos potencias demasiado grandes para caer. El interés de los bonos a 10 años llegaron a romper el nivel del 7%, el mismo que había sido el punto de no retorno para Grecia, Irlanda y Portugal y que había desembocado en su rescate.

Pero todo cambió cuando el guardián del euro pronunció las ya bautizadas 'palabras mágicas'. Aquel 26 de julio de 2012, Draghi gritó al mundo que “dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente” (Within our mandate, the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough). Los especuladores plegaron velas y empezó el principio del fin de la crisis de la deuda soberana en la eurozona.

Siete años después, tras varias rondas de liquidez a la banca, un programa de compra de deuda pública y privada, y unos tipos de interés en el 0,0%, la situación en la región de la moneda común sigue siendo complicada, y la máxima autoridad monetaria y financiera europea está dispuesta a dar otro golpe sobre la mesa.

A pesar de que algunos analistas y bancos de inversión esperaban que el organismo anunciara medidas inmediatas, la reunión de julio, en pleno aniversario del 'Whatever it takes', se ha saldado sin novedades, aunque con la garantía de que se avecinan más planes de contención. Además de asegurar la estabilidad financiera, recordemos que uno de los principales objetivos del BCE es mantener la inflación cerca del 2%, pero por debajo de dicho nivel.

Y la realidad es que todavía está muy lejos de esas cotas. En junio se situó en el 1,3%, frente al 1,2% de mayo, y no se esperan grandes mejoras en los próximos años. Según sus previsiones, en 2021 la inflación rondará el 1,6%, mientras que el PIB crecerá en torno al 1,4%, menos de lo que estaba previsto. La situación es delicada y requiere soluciones extraordinarias.

Al menos, eso ha dejado entrever el discurso del presidente del guardián del euro. Draghi ha explicado que "si las perspectivas de inflación a medio plazo continúan por debajo de nuestro objetivo, el Consejo de Gobierno tiene la determinación de actuar conforme a su compromiso y está preparado para ajustar todos sus instrumentos de la forma adecuada para asegurar que la inflación avance hacia su objetivo de manera sostenida".

En este contexto, ha añadido, "hemos encargado a los comités del Eurosistema pertinentes que examinen opciones para reforzar nuestras indicaciones sobre la orientación futura de los tipos de interés oficiales, medidas de mitigación, como el diseño de un sistema de tramos para la remuneración de las reservas, y opciones para el tamaño y la composición de posibles nuevas compras netas de activos".

En los últimos meses, el mandatario italiano ya ha anunciado una nueva ronda de liquidez para la banca y ha aplazado hasta el próximo verano la posible subida de los tipos de interés. Además, ha hablado de la posibilidad de reactivar la compra de deuda (QE), de subir el interés que cobra a los bancos por los depósitos que tienen en el BCE e incluso de bajar los tipos de interés oficiales. Esta medida, muy criticada por el sector financiero, supondría situar el precio del dinero en negativo por primera vez en la historia.

El BCE cree que hay riesgos de más revisiones a la baja de las previsiones de crecimiento económico e inflación, en un momento en el que se están solapando la ralentización del crecimiento mundial, la debilidad del comercio internacional, las incertidumbres geopolíticas, las crecientes amenazas proteccionistas y las vulnerabilidades en los mercados emergentes. 

En consecuencia, insiste el guardián del euro, "sigue siendo necesario un considerable grado de estímulo monetario para asegurar que las condiciones de financiación continúen siendo muy favorables y respalden la expansión de la zona del euro, la acumulación de presiones inflacionistas internas en curso y, con ello, la evolución de la inflación general a medio plazo".

Habrá que esperar a septiembre para conocer qué decisiones toma Draghi en la recta final de su mandato y antes de pasar el testigo a la francesa Christine Lagarde, que pasará de dirigir el FMI a convertirse en la primera mujer que lleva las riendas de la autoridad.