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Se cumplen cinco años de las ‘palabras mágicas’ de Draghi que evitaron el rescate de España

Al presidente del Banco Central Europeo (BCE) le bastaron unos segundos para cambiar el curso de la historia del euro. El 26 de julio de 2012, Mario Draghi ‘coló’ en un discurso en Londres un breve mensaje que marcó un punto de inflexión en la crisis de deuda soberana que sufría la eurozona.

“Dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”. Esas fueron sus famosas ‘palabras mágicas’ que lograron disipar las tensiones de los mercados financieros y dar confianza a los inversores sobre la supervivencia del euro.

La eurozona estaba en 2012 al borde del colapso. Tras los rescates internacionales de Grecia, Irlanda y Portugal, los grandes focos de atención eran Italia y España, tercera y cuarta economía más importantes de la región de la moneda común, respectivamente, que llevaban meses sufriendo continuos ataques en los mercados financieros.

Las dudas de los inversores sobre el futuro de la moneda común habían llevado las primas de riesgo de ambos países periféricos a niveles récord y las bolsas habían caído hasta mínimos de la crisis. En otoño de 2011 ambas economías habían vivido un cambio de gobierno y la tensión era máxima: el riesgo de ruptura del euro les estaba estrangulando cada vez que colocaban deuda para conseguir financiación, y las autoridades europeas trabajaban en un cortafuego capaz de evitar una quiebra y un posterior contagio. Tanto España como Italia eran demasiado grandes para caer, así que no había alternativa: la eurozona necesitaba una respuesta y ésta debía ser rápida y contundente.

Finalmente fue el guardián del euro quien tuvo el remedio para la enfermedad: Draghi, al que el mercado bautizó ‘Super Mario’ desde que cogió las riendas de la autoridad monetaria, usó sus poderes verbales para inyectar una dosis de tranquilidad a los inversores y espantar a los especuladores que estaban asfixiando a las dos economías periféricas más importantes del Viejo Continente.

“El tiempo ha dado a esas palabras una importancia brutal. El Tesoro español no podía financiarse a medio y largo plazo, y necesitaba fondos urgentemente. El mercado descontaba el rescate de España, cuya caída hubiera arrastrado a Italia. La situación hubiera sido insostenible y hubiera acabado con el proyecto del euro tal y como lo conocemos, pero la simple amenaza de Draghi sirvió para evitar el colapso que se temía”, recuerda Daniel Pingarrón, estratega de mercados de IG.

Apenas unas semanas después, el BCE anunció a bombo y platillo qué medidas tenía preparadas para evitar un hipotético ‘crash’ económico español e italiano: en su reunión del 6 de septiembre de 2012, detalló un plan de compra de deuda masivo para evitar que la presión del mercado impidiera financiarse a cualquier país en problemas.

En concreto, la maniobra pasaba por adquirir deuda pública de entre uno y tres años de forma ilimitada, siempre y cuando el país lo solicitara formalmente. Fueron muchos los analistas nacionales e internacionales que dieron por hecho que España tendría y debía acogerse a este programa, pero las tensiones fueron menguando poco a poco y el BCE no necesitó activar esta medida inédita.

“El BCE adoptó una actitud proactiva para luchar contra los especuladores, la incertidumbre y la volatilidad, que eran quienes estaban gobernando el mercado. El organismo tomó decisiones fundamentales para dar liquidez y garantizar el funcionamiento normal y correcto del mercado, algo que benefició a todo el mundo: países, empresas (incluidos los bancos), ahorradores e inversores”, recalca José Luis Martínez Campuzano, actual portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB) y por aquel entonces estratega jefe de Citi en España.

La evolución de la prima de riesgo y la bolsa

El año 2012 fue uno de los años más terribles de la crisis. El Gobierno de Mariano Rajoy vivió en sus primeros meses al rescate de Bankia y tuvo que adoptar medidas como reformar el mercado laboral o una subida de impuestos, mientras en los mercados la tensión se disparó hasta niveles nunca vistos.

El 25 de julio de 2012, por ejemplo, el interés del bono español a 10 años alcanzó el 7,7%, mientras que la prima de riesgo de España (variable que mide la distancia entre el bono español y su homólogo alemán, considerado el más seguro de Europa) rozó los 640 puntos básicos. Y no podemos olvidar que los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal desembocaron porque ninguno de los tres países logró financiarse con el bono por encima del 7%. Nuestro país, por entonces, estaba en el punto de no retorno.

En aquellos días, el Ibex 35, el principal indicador de la bolsa española, llegó a cotizar por debajo de la barrera de los 6.000 puntos, el nivel más bajo desde 2003.

Sin embargo, y como insisten los analistas, las palabras de Draghi y las posteriores decisiones que tomó el guardián del euro dieron carpetazo a la histeria de la crisis de deuda soberana.

¿La prueba? Actualmente el interés del bono español a 10 años ronda el 1,46%, mientras que el riesgo país de España frente a la locomotora germana se encuentra en torno a 92 enteros. La bolsa también ha remontado el vuelo en este tiempo. El Ibex 35 ha pasado de cotizar por debajo de los 6.000 puntos a hacerlo alrededor de 10.600 enteros. El nivel más alto en este último lustro lo alcanzó en abril de 2015, cuando se acercó a la barrera de los 12.000 puntos.

España ha pasado en estos cinco años de ser el gran problema de la eurozona a liderar la recuperación económica. Para este año, la previsión es un crecimiento de hasta el 3,3% y ya hay analistas que hablan de un 3% para 2018. El conjunto de la zona de la moneda común, por su parte, podría crecer en 2017 cerca de un 2%.

Según el equipo de análisis de Bankinter, “la eurozona se encuentra en el mejor momento de los últimos años gracias al menor riesgo político, los elevados niveles de confianza, la reducción del desempleo y una política monetaria laxa”.

Por su parte, Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4, insiste en que “las palabras de Draghi cumplieron su objetivo: impulsar el crecimiento económico y la inflación, aunque ésta avanza a un ritmo todavía moderado. Dijo que lo haría y lo hizo bien”. En su opinión, el próximo paso será la retirada progresiva de las actuales medidas de estímulo (dejar de penalizar los depósitos de los bancos en el BCE, eliminar el QE, subir los tipos de interés…) para que vuelvan a darse unas condiciones financieras normales en el mercado.