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El BCE, en modo vacaciones: aplaza la toma de decisiones hasta (al menos) finales de verano

Gtres
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Como es habitual, el Banco Central Europeo (BCE) no ha dado sorpresas. En su reunión de ayer, la máxima autoridad monetaria ha seguido a pies juntillas el guion que había escrito el mercado al mantener intactas sus políticas y aplazar un posible cambio de rumbo a finales de verano. El 7 de septiembre será la próxima cita.

"La reunión del BCE se saldó sin cambios en política monetaria (compras mensuales de activos 60.000 millones de euros hasta diciembre, tipos de interés al 0,0% y tipo de depósito del -0,4%) y no se dieron señales claras sobre el ritmo de retirada de los estímulos. Más bien al contrario, se reiteró la disposición a incrementar el programa de compra de deuda (QE) en caso necesario, un discurso más acomodaticio de lo esperado en la medida en que Draghi quiere evitar un endurecimiento de las condiciones financieras", explica en un informe Renta 4, que añade que el mercado está convencido de que "el anuncio de la progresiva retirada de estímulos (tapering) llegará en la reunión del 7 de septiembre, con efectividad a partir de enero de 2018". 

Desde BNP Paribas Personal Investors insisten en que lo más notable fue "el apunte de una discusión sobre el QE en otoño", aunque en ningún momento comentó cuándo comenzará la retirada de los estímulos. 

Prueba de ello es que, mientras las bolsas y los bonos apenas reaccionaron a la noticia y al posterior discurso del presidente Mario Draghi, lo cierto es que el euro se acreció con fuerza frente al dólar hasta marcar máximos de casi dos años (está por encima de 1,16 unidades del billete verde, el nivel más alto desde agosto de 2015). Todo un síntoma de que el mercado se está preparando para futuros cambios.

Los primeros indicios de que el BCE, poco a poco, está replanteando su hoja de ruta han llegado recientemente. Con una eurozona económicamente más sólida y la previsión de que los precios se vayan acercando al objetivo del organismo (cerca del 2%, pero por debajo de dicho nivel), el guardián del euro está haciendo pequeños cambios en su discurso actual. Y es que, en la reunión anterior, el mandatario italiano aseguró, por ejemplo, que los riesgos a los que se enfrenta la zona de la moneda común son equilibrados y obvió decir que los tipos de interés podrían bajar todavía más. 

Sin embargo, y a pesar de que la situación económica y financiera se mantiene muy favorable, la autoridad monetaria también tiene argumentos para mantenerse cauto y evitar tomar decisiones prematuras. 

"Draghi volvió a insistir en que la recuperación sería mayor si los gobiernos de la región hubieran hecho “sus deberes”, y reiteró la preocupación del Consejo por la debilidad de la inflación, especialmente la subyacente (que no tiene en cuenta los precios de los alimentos ni los de la energía por ser los más volátiles), recordando que el mandato del BCE es el control de los precios", añade Link Securities. 

Los últimos datos disponibles apuntan a una inflación del 1,3% en junio en el conjunto de la eurozona, lo que arroja un descenso de una décima respecto a mayo. 

En este sentido, el propio Draghi ha hablado de la posibilidad de que "la inflación se mantenga alrededor de los niveles actuales en los próximos meses", y ha dejado claro que la inflación subyacente sigue siendo baja y aún no ha mostrado signos convincentes de un repunte, ya que las presiones de factores como el crecimiento de los salarios siguen siendo moderadas.

"Se prevé que la inflación subyacente en la zona del euro aumente sólo gradualmente a medio plazo, apoyada por nuestras medidas de política monetaria, la expansión económica continua y la correspondiente absorción gradual de la holgura económica", ha añadido el mandatario.

Así pues, y a pesar de que el mercado sí espera una reducción gradual de las compras de la deuda, descarta que haya una subida de tipos inminente: no se prevé un encarecimiento del precio del dinero hasta, al menos, finales de 2018.