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La empresaria más desconocida de España: así es María José Álvarez, la presidenta de Eulen

María José Álvarez, presidenta de Eulen
Fuente: Grupo Eulen
Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Comanda a más de 86.000 empleados. Está en 14 países. Tiene 7.000 clientes. Abarca empresas de limpieza, seguridad, logística, telemarketing, servicios sociosanitarios, mantenimiento integral, trabajo temporal y medio ambiente. Una revista de economía la ha entrevistado por primera vez.

María José Álvarez Mezquíriz es una de las empresarias más desconocidas de España. Se pueden ver a sus vigilantes en muchos edificios de grandes compañías. También a sus empleados de limpieza, quienes empiezan a trabajar cuando otros terminan. El Grupo Eulen abarca también empresas de trabajo temporal, servicios sociosanitarios y telemarketing. Factura más de 1.500 millones de euros, tiene 84.000 empleados y está en 14 países. Su gran apuesta actual es EEUU, donde factura ya 120 millones y va a invertir 80 millones más en los tres próximos años. 

Por primera vez un medio de comunicación ha entrevistado a esta empresaria. Ha sido la revista Actualidad Económica, que en el número correspondiente a febrero, publica un amplio encuentro con ella.

María José Álvarez proviene de una familia de siete hermanos. Nació en Bilbao hace 60 años. Fue en esa ciudad donde su padre –de origen leonés–, fundó Central de Limpieza el Sol (1962). “Yo salí de casa con nueve años y volví con 24”, dice a la revista. Se refiere a que sus padres decidieron que estudiase en un internado. “Vivíamos en Bilbao pero hice el COU y la carrera en Madrid”, confiesa, “y luego me fui a Bruselas”. 

Licenciada en Derecho por Madrid, máster en Comercio Exterior, diplomada por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y bilingüe, al volver a España con 24 años, María José esperaba un buen puesto en la compañía de su padre, puesto que se merecía. “Mi padre me confesó que le hacía mucha ilusión que yo me incorporase”, dice ella. En aquellos momentos, solo su hermano Jesús David trabajaba en la empresa.

“Me sentía la reina del mambo, pero acto seguido me puso dos años a hacer estadísticas del absentismo laboral”, añade. “No entendía nada. Sentía que estaba desperdiciando una joya. ¿Para qué tanto estudio y esfuerzo?”.

Lo que no sospechaba María José es que su padre no quería caer en el síndrome tan vigente del ‘padre hiperprotector’, porque eso solo la debilitaría de cara a los golpes de la vida. Y funcionó. “Me puso los pies en el suelo”.

David Álvarez empezó luego a cargarla de responsabilidades. La envió a Brasil a cerrar la filial en ese país porque el gobierno populista decidió subir el salario mínimo pero congelar los precios. “Tuvimos que irnos del país”.

A partir de 1993, María José empezó a trabajar estrechamente con su padre en Madrid como directora de la zona central. Su padre le daba consejos de forma permanente, “Cuidado con esto, pon atención a lo otro…”. Confiesa que en es años “hice siete másteres”, refiriéndose a la experiencia que le transmitió el fundador.

Le tocó modernizar un grupo con una fuerte pátina de empresa tradicional, algo anticuada y poco adaptada a los nuevos tiempos de gestión. “Fui la persona que montó el departamento de auditoría”.

A partir de esos años 90, vio crecer el grupo. Ya entonces era un grupo con presencia en muchos sectores pero a partir de entonces empezó la expansión internacional por Latinoamérica y Estados Unidos.

En 2010 empezó la pelea interior. Cinco de sus hermanos trataron de hacerse con el control del grupo, aprovechando que David Álvarez, el gran patrón, les había donado en 1987 a todos el 100% de las acciones, tras la muerte de su esposa. Solo se quedó con los derechos políticos y económicos.

María José y su hermano Jesús David comenzaron una batalla judicial de cinco años que ganaron en 2015. El Tribunal Supremo les dio la razón y en 2016 María José fue nombrada presidenta. “La reacción de mis hermanos solo la entiendo como un acto de soberbia y de prisas por alcanzar el poder”, dice sin miramientos.

Se define como una persona tremendamente impulsiva, aunque reconoce que es una enfermedad “que se cura con los años”. Su padre le decía, “espera, espera, espera…” y ahora, cuando sus directivos le proponen un proyecto, ella responde: “Dejadme dormirlo”. Fue una de las primeras lecciones que aprendió de su padre. “Las decisiones las tienes que ejecutar no cuando quieres sino cuando le conviene a la empresa”.

Es el consejo que también da a sus sobrinas de 29 y 26 años que trabajan con ella. “Las cosas no son inmediatas y hay que tener la suficiente calma como para plantearlas, estudiarlas y perseguirlas”. Y añade: “Las empresas no se hacen de hoy para ayer, sino de hoy para mañana”. Por eso se confiesa más amiga de las “evoluciones” empresariales que de las “revoluciones”.