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El reto de digitalizar y hacer más eficiente el sector inmobiliario, explicado por los expertos

Jesús Umbría|El Español
Jesús Umbría|El Español

El ladrillo se ha sacudido muchos de los lastres derivados de la burbuja inmobiliaria. Los precios ya no suben de forma generalizada, ya no se vende cualquier producto, los agentes están cada vez más profesionalizados y la llegada del capital internacional y de los nuevos modelos de negocios que han traído las ‘start-ups’ han ayudado a que el mercado dé un salto de calidad.

Sin embargo, los expertos aseguran que el inmobiliario todavía está dando sus primeros pasos en el reto de la digitalización y de hacer más eficiente el proceso de construcción, mantenimiento y funcionamiento de las ciudades. Este es el mensaje que han transmitido los expertos que han participado en el II Foro Proptech, organizado por el diario El Español en Madrid.

Sobre la digitalización, Alfredo Díaz-Araque, director de IE Real Estate Club, ha asegurado que “el usuario está completamente adaptado al mundo online, pero el que no lo está es el sector inmobiliario”. En su opinión, y a pesar de los avances tecnológicos, todavía hay muchas empresas que siguen operando de la misma forma que lo hacían hace 30 años y a la vez están apareciendo ‘start-ups’ con modelos de negocio muy distinto, lo que “provoca un choque de trenes. Es importante que las empresas tradicionales y las modernas se entiendan, porque las primeras dominan el negocio y saben perfectamente en qué puede mejorar, mientras que las segundas pueden aportar la solución a sus problemas”.

Otro de los retos que se deben abordar es digitalizar muchos de los procesos del sector inmobiliario, como por ejemplo la compraventa de casas y la firma de hipotecas. Según Juan Villén, responsable de idealista/hipotecas, “la tecnología es un medio para que la gente acceda a la vivienda de forma más fácil y barata”.

De hecho, ya hay algunas iniciativas que facilitan el proceso. Existen las tasaciones online, la posibilidad de firmar una hipoteca online y de pujar por una casa desde cualquier parte del mundo.

Como sostiene Díaz-Araque, “hasta hace unos años era impensable poder comprar ropa por Internet, mientras que ahora está a la orden del día. Por eso, llegará un momento en el que se generalicen las operaciones de compraventa telemáticas”. Por otro lado, Pedro Maqueda, consejero delegado de Sensedi, empresa especializada en la gestión eficiente de los inmuebles, recuerda que ya existen comparadores de productos como coches, seguros, tarifas móviles, hoteles... y sin embargo no existe ninguno que mida por ejemplo el estado de los edificios, lo que puede suponer un ahorro o un gasto extra al propietario.

En esa misma línea, Villén sostiene que uno de los principales impedimentos de que surjan nuevas herramientas es la escasa cultura financiera en España, que provoca que “muchos ciudadanos destinen tiempo en investigar cómo pueden ahorrar dinero en la compra de ropa, pero no lo destinan para realizar la mayor inversión de la vida: adquirir una vivienda”.

Pero si el sector inmobiliario tiene un desafío en el terreno de la digitalización ese es el de aprender a ‘explotar’ los datos que se consiguen con el bautizado ‘Internet de las Cosas’ y aplicarlos para hacer más sostenibles las ciudades. “La tecnología ha cambiado el proceso de buscar una casa o un alojamiento hotelero, y también el modelo productivo de muchas empresas, pero el gran reto está en llevarla a las ciudades”, añade Carmen Panadero, presidenta y socia fundadora de Women In Real Estate Spain (WIRES).

En este sentido, el consenso de expertos evita hablar de grandes desarrollos e innovaciones tecnológicas, y se limita a poner ejemplos sencillos de cómo las urbes podrían ser más eficientes si se utilizaran mejor los datos.

Según el consejero delegado de Sensei, una alternativa sería instalar sensores de agua en las cubiertas de los edificios y conectarlos con las estaciones meteorológicas más cercanas para saber si la acumulación de agua en la cubierta es normal en función del tiempo o es inusual, y poder así detectar, por ejemplo, problemas de inundación.

Panadero pone más casos prácticos: semáforos interconectados en las ciudades para regular mejor el tráfico, elegir plantas que consuman poca agua o dotar de sensores a los cubos de basura de la calle para que los camiones solo recojan aquellos que estén llenos, simplificando así la ruta. 

Detrás de estos ejemplos, y de muchos otros similares que se están poniendo en práctica fuera de España, se esconde la necesidad de que la Administración Pública recorte gastos públicos superfluos y pueda poner en marcha otro tipo de medidas para hacer más eficiente el parque inmobiliario, responsable del 40% de las emisiones de C02 a la atmósfera.

Y es que el sector privado insiste en la necesaria colaboración con el sector público, al que exige unas reglas de juego claras y un marco normativo más flexible para poder invertir a largo plazo. Una petición que cobra todavía más relevancia en objetivos como el que se ha marcado Europa para reducir a cero las emisiones de carbono a partir de 2050, y para el que todavía no hay soluciones concreta.

El sector estima que son necesarios en torno a 180.000 millones de euros anuales de inversión (sumando pública y privada) para rehabilitar el parque y aumentar la eficiencia de los edficios, aunque la clave de todo no está en conseguir inmuebles de emisiones cero, sino ciudades de emisiones cero. ¿Cómo? Logrando que haya interconexión entre los edificios para que el excedente energético de unos pueda compensar el déficit de otros. 

El problema que surge en este campo es la financiación; es decir, de dónde va a salir el dinero para reconvertir las ciudades y apostar por la eficiencia. Y aquí hay debate en el sector: mientras algunos piden que se pongan en marcha ayudas directas e incentivos fiscales, otros defienden la baza de la financiación bancaria y la búsqueda de alternativas que rentabilicen la inversión por parte del sector privado. Eso sí, siempre y cuando la Administración ponga de su parte y cree un marco normativo estable y favorable para conseguirlo.