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PwC alerta: los cambios provocados por el covid-19 en el inmobiliario podrían quedarse para siempre

Gtres
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Autor: Redacción

Continúa la oleada de estudios que analizan las consecuencias que está provocando el coronavirus en el negocio inmobiliario y los cambios que podría propiciar en el futuro.

El último llega de la mano de Strategy&, la consultora de estrategia de PwC en Reino Unido, que sostiene que podríamos estar ante una disrupción sin precedentes. Asegura que existe mucha incertidumbre sobre cuántas empresas podrán sobrevivir a esta crisis o qué necesidades de suelo y espacio habrá en la etapa de recuperación, y reconoce que se está produciendo un éxodo de grandes ciudades a otras urbes regionales y de que se están produciendo cambios significativos tanto en la demanda como en el uso de los inmuebles. También alerta de que todavía es pronto para saber qué va a suceder con el mercado de la inversión.

El covid-19 ha roto los esquemas al sector y ha dejado en papel mojado las previsiones con las que contaba el inmobiliario a principios de año. Unas previsiones que seguían situando al ladrillo entre las grandes apuestas de los inversores, en un momento de volatilidad en las bolsas y unos bonos con rentabilidades negativas. De cara al conjunto del año, empezaban a ganar protagonismo los activos ligados a la logística, la vivienda de alquiler asequible, el ‘coliving’ y las residencias de estudiantes y mayores.

“A principios de año, los inversores preveían un mercado inmobiliario activo para este año, pero cuando se desató la pandemia y se paralizó gran parte de la economía, todo se fue al traste”, explica la consultora, que recalca que “en el contexto de una crisis de escala global, el inmobiliario es un sector que está viéndose particularmente afectado por las circunstancias: toda actividad que se haya visto afectada por la pandemia y que utilice un espacio físico, está arrastrando al ‘real estate’”.

Desde PwC sostiene que “los daños sufridos por el sector son considerables, y es cada vez más evidente que la demanda y el uso de los activos podrían estar cambiando para siempre”.

En el informe, la consultora marca distancias con la crisis económica y financiera de 2008 y con la recesión de los años 70 del siglo pasado, y cree que las consecuencias a largo plazo de esta pandemia podrían ser más severas que cualquier disrupción que hayamos visto antes. De hecho, descarta una recuperación rápida y fácil, debido a que está afectando todo tipo de operadores y tanto a propietarios como inquilinos.

No poder cobrar los alquileres ya ha tenido consecuencias en el flujo de caja de las empresas inmobiliarias, que luchan por cubrir sus gastos operativos y por cumplir con sus compromisos con bancos e inversores. En estos meses, las moratorias, los planes de apoyo impulsados por el Gobierno, la disponibilidad de reservas de capital y la entrada de nuevos inversores salvarán a algunos inquilinos, pero la contracción que estamos observando indica que es poco probable que el perfil de estos vuelva a ser como antes del coronavirus, especialmente en sectores como el comercio, la hostelería y el ocio. Con el avance de la desescalada, los tenedores de activos tienen que pensar qué papel pueden jugar en la ‘vuelta al trabajo’ de sus arrendadores, por ejemplo, reconfigurando temporalmente el uso del suelo”, recalca la compañía.

También destaca el impacto sobre promotoras y agencias inmobiliarias. En este sentido, señala que “los promotores han tenido que lidiar con pausas significativas en las obras y retrasos en la recuperación de sus inversiones, lo que está dificultando el flujo de efectivo. También las agencias inmobiliarias han visto paralizada su actividad debido al confinamiento y al distanciamiento social. Además, con los edificios vacíos, una extensa red de proveedores de servicios subcontratados (limpieza, mantenimiento, seguridad, etc.) también sufre”.

Y lo peor es que la incertidumbre se mantendrá después del coronavirus, poniendo en cuestión lo que hasta ahora se daba por sentado. “¿Cuánto espacio necesitarán los retailers si se mantienen los niveles actuales de compras online? Con el teletrabajo ganando enteros, ¿necesitaremos ir a la oficina a trabajar todos los días? Y con la inestabilidad de muchas cadenas de suministro al descubierto, ¿cómo responderán las empresas de logística?”, se pregunta PwC.

El estudio también muestra que se está produciendo un éxodo desde la gran ciudad a urbes de tamaño más reducido, y prevé que esta tendencia a la que bautiza ‘urbanización a la inversa’ se mantenga en el tiempo, lo que plantea más desafíos al sector. “Todo esto generará incertidumbres sobre la disponibilidad actual de activos e infraestructuras adecuadas para satisfacer una demanda creciente y diversificada en estas áreas. En el peor de los casos, las inmobiliarias se quedarían con activos caros y significativamente devaluados y para los que ya no habría demanda, mientras que crecería el apetito por inmuebles que actualmente no están construidos en las capitales de provincias, con las carteras necesarias para desarrollarlos muy mermadas”, puntualiza.

Otro de los interrogantes que plantea el escenario actual es qué sucederá con las inversiones y, en este tema, la consultora asevera que “a día de hoy, es imposible determinar qué sucederá. No sabemos dónde se asentarán las valoraciones a largo plazo en el mundo poscoronavirus, pero es posible que los inversores quieran reequilibrar su exposición actual a los activos inmobiliarios, teniendo en cuenta la volatilidad descrita”.

En este escenario, desde PwC recomiendan a inversores y propietarios que miren a largo plazo, que estén atentos a las nuevas tendencias que vayan surgiendo en el sector inmobiliario y no olvidar que la sostenibilidad es un cambio que ya estaba previsto antes de la llegada de la pandemia. “A más largo plazo, el sector debe estar en sintonía con tendencias demográficas más profundas, muchas de las cuales pueden tardar en manifestarse. Los ‘players’ más exitosos serán aquellos que con estas grandes dosis de incertidumbre, no pierdan el norte a pesar de la presión, y sean capaces de tomar decisiones dolorosas a corto plazo por el bien del largo plazo”, concluye la consultora.