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BBVA Research: “Nunca va a haber una solución definitiva para el problema de las pensiones”

¿Qué tienen en común un economista de un banco, un sindicalista y un consultor? Aunque pueda parecer extraño, la respuesta es que mucho… Al menos, en materia de pensiones.

En unas jornadas centradas en debatir el futuro del sistema, Rafael Doménech, economista jefe de BBVA Research; Carlos Bravo, secretario confederal de protección social y políticas públicas de CCOO, y Diego Valero, presidente de la consultora especializada Novaster, han tirado de ‘sentido común’ para poner sobre la mesa qué tipo de medidas podría tomar España para garantizar las pensiones del futuro.

En términos generales, todos creen que el principal problema es que el sistema actual no se ajusta a la realidad que vivimos, que las reformas deberían ir encaminadas a aumentar los ingresos de la Seguridad Social más que en cercenar los gastos y que en un mundo tan cambiante es imposible encontrar la fórmula perfecta que nos permita dejar atrás el problema. Según Doménech, “nunca va a haber una solución definitiva para las pensiones”. Un mensaje al que Bravo ha añadido que “siempre vamos a tener que ir adaptando el sistema”.

Los expertos argumentan que es muy complicado poder prever con una antelación de entre dos y tres décadas cómo va a evolucionar la población y, sobre todo, el mercado laboral. “Las previsiones del INE de 2006 hablaban de unas cifras muy distintas a las que se exponen en 2016”, ha  recalcado el economista jefe de BBVA Research.

En su opinión, la única variable certera es cuántos pensionistas habrá en las próximas décadas, por lo que todas las hipótesis deben partir de esa proyección. “No sabemos cuántos ocupados va a tener España en 2040 o 2050, pero sí podemos calcular cuántos pensionistas habrá porque hoy en día están en activo”, recalca Doménech. Lo mismo opina Carlos Bravo, de CCOO, que insiste en que “el número de pensiones del futuro es la única variable que podemos dar por cierta porque ya está más o menos predeterminado”.

Los cálculos actuales apuntan a que el número de personas que percibe una pensión (ya sea por jubilación, viudedad, incapacidad…) se disparará casi un 60% en poco más de 30 años, pasando de los 9,4 millones actuales hasta 15 millones.

“A largo plazo, los ingresos de la Seguridad Social deben ser iguales a los gastos para que haya equilibrio, entendiendo el gasto como la pensión media multiplicada por el número de pensionistas y los ingresos, como el salario medio por el volumen de trabajadores. Por tanto, y teniendo en cuenta que en 2050 habrá 15 millones de pensionistas, para entonces debería haber 27 millones de ocupados para que el sistema tenga equilibrio entre ingresos y gastos”, puntualiza el experto.

Así, y para que la Seguridad Social soporte ese aumento de casi el 60% de pensionistas, el mercado laboral tiene que contar con un 52% más de asalariados que actualmente (hay 17,7 millones de cotizantes). Por tanto, el empleo se convierte en una pieza clave para garantizar el sistema.

“Cerca del 70% del déficit de la Seguridad Social (en términos absolutos son unos 18.000 millones de euros) es consecuencia de los más de tres millones de empleos que se destruyeron durante la crisis. Ya hemos recuperado la mitad de lo perdido, pero queda un largo camino. España necesita más empleo y productividad, porque esas son las garantías del presente y futuro de las pensiones”, ha explicado la ministra de Empleo, Fátima Báñez.

No se puede exportar un modelo extranjero

Los expertos coinciden en que hay muchas alternativas para fortalecer el sistema de pensiones. Todas tienen ventajas e inconvenientes, por lo que antes de implantarlas, habría que analizar si son adecuadas o no para el caso español. Por tanto, y a pesar de que España debe inspirarse en medidas que han ido tomando otros países europeos como Suecia, Reino Unido, Noruega o Alemania, la solución no pasa por exportar sin más una receta extranjera.

No obstante, no hay duda de que el sistema necesita cambios tanto a corto como a largo plazo. “El modelo actual tiene 50 años y no hemos tocado prácticamente nada. Y esto es lo que nos está generando problemas que habrían aflorado incluso si no hubiera estallado la crisis. Habrían llegado unos años más tarde, pero habrían llegado. Al final no es solo un problema de España. El mundo envejece, es una realidad, y lo tenemos que aceptar”, alerta Diego Valero, presidente de la consultora especializa en pensiones Novaster.

A pesar de que el agotamiento del fondo de reservas para pagar las pensiones ha hecho saltar todas las alarmas, los expertos creen que la sostenibilidad no es el problema. El verdadero problema, aclara Valero, es la suficiencia y que el sistema no está adaptado a la realidad de la economía española. “El sistema no solo tiene ser sostenible, sino que además debe ser suficiente”, señala Bravo.

En resumidas cuentas, la suficiencia viene determinada por la tasa de reemplazo o sustitución, que determina cuánto supone la pensión sobre el último salario del trabajador. Si en activo cobraba 1.000 euros, actualmente percibiría unos 800 de pensión, ya que la tasa ronda el 80%. El problema es que dicha proporción podría situarse por debajo del 50% en las próximas décadas, de ahí la necesidad de aumentar los ingresos. Según resume Bravo, “nos va a hacer falta dinero durante los próximos 30-40 años. La cuestión es, ¿de dónde lo sacamos?”.

Algunas propuestas

Entre la batería de alternativas que se podrían poner en marcha, los expertos resumen algunas de las más destacadas para hacer crecer los ingresos de la Seguridad Social. Unas medidas que, además, habrá que retocar en el futuro para ajustarlas a la realidad del momento.

Por ejemplo, hacer reformas en el mercado laboral con el fin de elevar el número de asalariados y a atraer capital a España, aumentar la tasa de empleo e incrementar el salario medio. Todo ello mejoraría los ingresos. También hablan de financiar parte de los gastos con impuestos como el IVA o los tributos especiales como el de hidrocarburos, y de ampliar el número de años de cotización que se usan para calcular la pensión. En toda Europa, menos en España y Grecia, se utiliza toda la vida laboral.

Otras propuestas son elevar las cotizaciones máximas (actualmente tienen un tope), equiparar las bases de cotización de los distintos regímenes (general, autónomos, agrario…) e incluso subir los tipos de cotización. Según CCOO, en los años 80 el tipo estaba en el 32%, frente al 28,8% actual, lo que significa que hay margen de subida.

Entre las peticiones también está revisar la concesión de pensiones de viudedad para evitar que aquellos ciudadanos solventes económicamente hablando las perciban de forma vitalicia. “No me refiero a las pensiones de 300 euros mensuales, pero, ¿de verdad necesita una alta directiva de una empresa del Ibex cobrar una pensión vitalicia si muere su esposo?”, aclara Valero. Otra idea es crear una comisión de expertos internacionales que nos cuenten qué medidas han tomado en sus países y cuáles han sido los resultados, en vez de debatir en nuestro país sobre las ventajas e inconvenientes de sus modelos.

Todas estas alternativas se suman a las que han realizado recientemente organismos como Inverco, la patronal de los fondos de inversión, que aboga por destinar una parte de la cotización de la empresa y el trabajador al ahorro privado, o el Círculo de Empresarios, que habla de la introducción de las llamadas ‘cuentas nocionales’, una fórmula que se usa en Suecia e Italia y se basa en calcular la jubilación según lo que ha aportado el trabajador a esa cuenta durante toda su vida laboral.

Con todo, el futuro de las pensiones pasa por la aplicación de varias de estas medidas, ya que ninguna surtiría efecto en solitario. Ahora está por ver cuál es la hoja de ruta que definen el Gobierno, la oposición y el consenso de expertos.