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BBVA: “El mayor enemigo para todos es el dinero en efectivo”

Gtres
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Los billetes y las monedas acaparan el 85% de las transacciones en el mundo, aunque los expertos creen que la sociedad y la economía globales funcionarían mejor si el efectivo fuera reemplazado por otros métodos de pago. Con las vías alternativas se recaudarían más impuestos, se acabaría la falsificación y se podrían detectar los movimientos financieros irregulares. La apuesta de futuro pasa por el pago a través del móvil que, según BBVA, por fin podría asentarse a finales de este año.

El efectivo es el medio de pago más usado del planeta: más de tres cuartas partes de las operaciones se realizan con dinero contante y sonante. Parece tremendamente difícil imaginarse pagar el pan, el ticket de la zona azul o una simple botella de agua con algo diferente a una moneda o a un billete y, sin embargo, eso es lo que impulsaría el desarrollo económico y social global según los expertos.

Diferentes voces vinculadas al sector financiero, al tecnológico y al económico están convencidas de que el dinero en efectivo es un riesgo para países, empresas y ciudadanos. “Es el mayor enemigo, el enemigo común para todos”, cree Ignacio Bañón, responsable de medios de pago global de BBVA.

A priori puede parecer un escenario lejano e improbable, pero quienes respaldan esta teoría tienen varios argumentos para justificar un mundo sin pagos en metálico.

“La desaparición del efectivo acabaría de golpe con la falsificación de dinero, limitaría el fraude fiscal y facilitaría el seguimiento de los movimientos financieros ilícitos o irregulares. De esta manera, los gobiernos podrían recaudar más impuestos y luchar contra el crimen organizado. La decisión también permitiría desarrollar una política monetaria más eficiente, sobre todo en situaciones de crisis económica”, asegura el informe Los medios de pago, un paisaje en movimiento que han realizado conjuntamente la consultora PwC e IE Business School. Sin olvidar que el cash impide al sector financiero llevarse una comisión por realizar una operación.

Así pues, los expertos apuestan por limitar el uso del efectivo. Una maniobra que ya se está aplicando en diferentes partes del mundo. Israel, por ejemplo, ha limitado las transacciones locales al contado, mientras que en Suecia han tomado la iniciativa los comercios (muchos de ellos no aceptan cash) y los bancos (no procesan dinero en efectivo).

En España también se han tomado medidas al respecto: desde 2012 está prohibido pagar más de 2.500 euros en metálico (el máximo se eleva a 15.000 cuando el pagador es un particular que no reside en nuestro país), lo que ha reducido la economía sumergida hasta mínimos de una década (aun así, se sitúa alrededor del 19% del PIB; es decir, en unos 190.000 millones).

Sin embargo, y a pesar de los pasos que se han dado hasta ahora, el efectivo todavía domina el mercado de los medios de pago.

El cash, rey del pago global

Según calcula la consultora estratégica McKinsey, el dinero en metálico acapara el 85% de las transacciones que se realizan en el mundo y el 60% del valor de las mismas, mientras que las tarjetas (débito y crédito), el segundo medio más usado, ni siquiera copan una de cada diez transacciones.

En España el cash aglutina el 84% de las transacciones, mientras que en Estados Unidos representa un 55% y en Alemania, un 67%. El informe de PwC y la escuela de negocios IE solo contabiliza siete países en los que el efectivo representa menos de la mitad del mercado de los pagos: Singapur, Países Bajos, Francia, Suecia, Canadá, Bélgica y Reino Unido.

¿Y cuánto usamos los medios de pago alternativos? Según el estudio, un 52,2% de los españoles de entre 25 y 65 años utilizan PayPal, al tiempo que un 18% hace uso de las tarjetas virtuales y un 15%, al pago sin contacto. Algo más desconocidas son las apps móviles (4,4%) o los monederos electrónicos, los famosos wallet (2,4%).

Con estas cifras sobre la mesa, el cambio de paradigma se antoja complicado y más lento de lo que se esperaba inicialmente. “La abolición del dinero en efectivo tiene grandes dificultades y contraindicaciones. En los países emergentes, los pagos electrónicos son poco frecuentes por razones económicas, tecnológicas o culturales, mientras que en muchos países desarrollados el hábito del pago al contado está muy arraigado entre los ciudadanos, que usan el dinero en efectivo sobre todo en las transacciones diarias”, señala el informe.  

La clave, el móvil

El propio informe reconoce que el futuro de los medios de pago todavía es incierto. “Parece claro que el uso del efectivo y las tarjetas tenderá a reducirse, lo que no se sabe es qué productos o servicios acabarán por reemplazarlos a medio y largo plazo”, cita el documento.

No obstante, los expertos sí se unen para defender que el móvil será una de las claves del futuro. “La creciente proliferación de los pagos online está cambiando la fisionomía del sector en todo el mundo y en el centro de esta metamorfosis está el teléfono móvil. Desde su popularización en los años 90, ha actuado como depredador digital, sustituyendo a cámaras fotográficas, libros, periódicos, reproductores de música, relojes… El interrogante que queda por resolver es si esto mismo va a suceder con los medios de pago”, señala el estudio.

Para reforzar esta teoría, Luis Maldonado, director general del Centro Financiero de PwC e IE, recuerda que “desde octubre del año pasado, en el mundo hay más móviles que personas. Estos dispositivos solo llevan tres décadas en el mercado y se han convertido en el producto hecho por el hombre que más rápido se ha implantado en toda la historia. Ya hay 7.300 millones de terminales y se espera que en 2017 la mitad sean smartphones”.

La lectura positiva es que España tiene un elevadísimo índice de penetración de estos dispositivos inteligentes (el más alto de Europa, según Telefónica), lo que permitirá que el pago a través de ellos se pueda implementar de forma más rápida que en otros países del entorno.

“De momento el proceso de adopción ha ido lento porque hay muchos players que deben ponerse de acuerdo y existe una regulación muy estricta en este ámbito. Pero mi experiencia dice que las cosas de repente explotan e intuyo que estos medios de pago lo harán muy pronto”, opina Javier Rodríguez Zapatero, director general de Google para España y Portugal.

BBVA, sin ir más lejos, cree que el pago por móvil debería ser más una realidad que un proyecto de futuro a finales de este año o a principios del próximo.

El sector, en el que participan bancos (BBVA, Santander…), empresas de tarjetas (MasterCard, Visa…), empresas tecnológicas (Google), fabricantes de móviles (Apple, Samsung…), operadores móviles (Movistar, Vodafone…) y retailers (empresas),  es consciente de que, para que se produzca ese esperado despegue de los medios de pago alternativos, sus alternativas deben cumplir con los requisitos que exigen los usuarios (universalidad, sencillez, comodidad, bajo coste, seguridad…) y tener un toque inspirador y revolucionario. Solo así podrán participar en este mercado valorado en 20.000 millones de dólares (unos 18.000 millones de euros) e impulsar el desarrollo global.

“Cuanto antes rompamos estas barreras, mejor le irá a la economía y a todos nosotros”, concluye el director general de Google para la Península Ibérica.