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Nanotecnología de andar por casa: hay más ciencia en tu hogar de lo que creías

Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia commons
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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Si el grafeno lleva años prometiendo ser un material milagroso que traerá consigo una verdadera revolución incluso en la arquitectura, la nanotecnología podría ser acusada de haber cometido el mismo pecado a día de hoy. Se ha hablado mucho de lo que puede aportar en todos y cada uno de los aspectos de la vida, pero parece no llegar nunca a ser una realidad.

No obstante, ambos casos son muy diferentes. De hecho, lo cierto es que la nanotecnología sí que se utiliza a día de hoy en distintos ámbitos. Tanto es así, que esos componentes de ínfimo tamaño (en concreto, de entre 1 y 100 nanómetros, teniendo en cuenta que un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro) están por todas partes en cualquier hogar. Así, es fácil dar un paseo por cualquier vivienda a través de la nanotecnología que se encuentra entre sus paredes.

Filtros, cubiertos y encimeras

Esa ruta puede empezar en la cocina, que es el ejemplo perfecto de cuán diferentes pueden ser las aplicaciones de la nanotecnología en el interior de un hogar. Sin ir más lejos, el santuario de los alimentos cuenta con pnanomateriales.

Por una parte, el filtro que suele estar unido a muchos grifos de cocina para eliminar los microbios y todos aquellos componentes que pueden darle mal sabor al agua cuenta con la ayuda de moléculas microscópicas. Es el caso de los filtros de carbón activo, que llevan ya más de una década utilizándose y que son capaces de eliminar los compuestos volátiles presentes en el agua, además de reducir significativamente las partículas en suspensión y los posibles metales pesados que haya en el líquido.

Todo ello gracias a la activación del carbón sometiéndolo a elevadas temperaturas. De esta forma, se crea un filtro con una elevada porosidad que atrapa los compuestos que no deban rellenar nuestros vasos.

Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia commons
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No obstante, no solo de grifos vive la nanotecnología de nuestra cocina. De hecho, el elemento más común que podemos encontrar en ella son las nanopartículas de plata gracias a sus propiedades antibacterianas.

Cuberterías, latas de conservas y ambientadores son solo algunos de los utensilios y productos que incorporan plata en un tamaño ínfimo. Además, nanopartículas de otros compuestos como el dióxido de silicio se encuentran generalmente en elementos estructurales de las cocinas como suelos y encimeras para hacer estas superficies más resistentes al calor y, sobre todo, más fáciles de limpiar.

Foto: Cosentino
Foto: Cosentino

Por si fuera poco, el jabón que se utiliza habitualmente para fregar los platos es otro ejemplo de uso de la nanotecnología en el hogar. En contacto con el agua, las moléculas de jabón forman diminutas estructuras denominadas micelas, cuyo objetivo no es otro que convertir en soluble la grasa que aparece en ollas, sartenes y otros utensilios de cocina.

No muy lejos de allí, otro recipiente alberga más nanopartículas. En concreto, el envase del detergente para la lavadora: habitualmente, el 30% de este producto está formado por zeolitas. Las zeolitas no son sino un material generalmente hecho a base de óxido de silicio y óxido de aluminio cuya estructura microscópica y nanoporosa sirve para absorber algunos compuestos malolientes de nuestra ropa y, además, disminuir la dureza del agua.

Foto: Geograph
Foto: Geograph

El laboratorio de la cosmética

La estancia de nuestro hogar donde más nanotecnología podemos encontrar es el cuarto de baño. No en vano, la mayoría de productos cosméticos cuentan con componentes microscópicos de los que se sirven los fabricantes para poner a la venta cremas y maquillaje con nuevas propiedades.

Foto: Pixabay
Foto: Pixabay

En definitiva, la nanotecnología está en todas partes, desde lugares tan insospechados como una encimera o el bote de maquillaje que guardamos en el cajón a raquetas de tenis con nanotubos de carbono para que sean más resistentes que si estuvieran hechas de acero. Todo, obviamente, para hacer nuestra vida más sencilla y, por qué no, lograr reducir nuestro impacto medioambiental.

Es lo que sucede gracias a otro de esos ejemplos de nanotecnología de los que disfrutamos en el día a día. Los catalizadores de los coches, que permiten modificar los gases que emite el motor del vehículo para convertirlos en materiales menos contaminantes, cuentan en su interior con un panel que está impregnado por un recubrimiento de nanopartículas de metales preciosos como paladio, rodio y platino. Precisamente por ello, este componente de los automóviles es un objeto preciado por los ladrones. ¿Quién dijo que no había nanotecnología en nuestras vidas?

Así, mientras la aplicación más mediática es la de nanopartículas de oro en distintos productos cosméticos utilizados para combatir los signos de la edad en el rostro, lo cierto es que hay todo un mundo de componentes microscópicos en los armarios de un cuarto de baño. El óxido de zinc y el dióxido de titanio se utilizan como protector solar, el propóleo como elemento antibacteriano, el hidróxido de aluminio se usa para recubrir el dióxido de titanio y que este no sea peligroso para la salud… En definitiva, una amplia gama de elementos minerales a nanoescala con los que la industria cosmética lleva la tecnología hasta nuestra piel.

Además, la ropa que muchas veces dejamos en el baño para lavarla más adelante también puede ser una muestra de nanotecnología. Si las nanopartículas de plata se utilizaban como antibacteriano en ambientadores y cubiertos, es posible que también haya algo de este material en algunas prendas. ¿Para qué? Básicamente, para que tu ropa no huela (tan) mal una vez usada.