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Por qué convertir tu hogar en una casa inteligente todavía es un calvario

Wikimedia commons
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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Internet de las cosas, hogares inteligentes, domótica… Conceptos que se complementan  para explicar cómo la tecnología puede ayudarte a gestionar las funciones de tu hogar, automatizarlas y tenerlas bajo control a través de dispositivos móviles y aplicaciones desde cualquier lugar del mundo.

En Idealista News ya os hemos contamos cómo convertir un hogar en una ‘smart home’ con vuestros propios medios. Si preferís que os lo den todo hecho, podéis optar por adquirir los dispositivos conectados que ya ofrecen algunas compañías, si bien hay que tener en cuenta que algunos ya están dando quebraderos de cabeza a los compradores que se han lanzado a la aventura demasiado pronto. 

Preocupan especialmente los asuntos relativos a la seguridad física y virtual que algunos productos en el mercado aún tienen que mejorar para ganarse la confianza de los compradores. Así que si quieres convertir tu piso en un 'gadget' de 90 m2, además de cerradura es muy probable que, tarde o temprano, necesites un buen antivirus ante los eventuales intrusos.

Muchos usuarios que han decidido sumarse a la 'internet de las cosas' ya están comenzando a protestar por los errores de los dispositivos conectados. Termostatos  que no calientan el hogar de sus dueños,  timbres con cámaras conectadas a internet que no funcionan o alarmas que no suenan son algunas de las quejas más frecuentes.

A lo anterior hay que añadir la cuestión de la obsolescencia intrínseca a la tecnología, programada o no, y los cambios del propio mercado. Hace más de un año Google adquirió Revolv, un dispositivo de automatización del hogar que se conecta a la puerta del garaje, a los interruptores de la luz o a las alarma de seguridad y que emplea la red wifi del usuario para controlar todas esas funciones desde su 'smartphone'.

Sin embargo,  la empresa decidió hace unos días detener el servicio sin previo aviso para centrarse en su producto estrella para casas inteligentes, Nest. Todos los dispositivos de Revolv sin excepción dejarán de funcionar.

La compañía de Mountain View podía simplemente haber dejado de ofrecer actualizaciones y que los usuarios siguieran con su última versión del producto o trasladar los datos a  los servidores de Nest. Sin embargo, Revolv perecerá dentro de poco convirtiéndose en un mero pisapapeles.

Google tampoco está libre de pecado con Nest, el producto que fue suyo tras comprar Nest Labs por la friolera de 3.200 millones de dólares (2.800 millones de euros).   Con funciones similares a las de Revolv, Nest es un set de tres dispositivos: termostato, cámara y alarma de incendios y seguridad.  

El pasado mes de enero, un columnista de 'The New York Times' alertaba de los fallos reiterados en el funcionamiento del termostato tras una actualización del sistema  que hacía que la batería se agotara sin informar antes de ello.

No era el único. Miles de hogares en EE.UU. se convirtieron en témpanos de hielo. Hasta que actualizaron el sistema, Nest recomendó a los usuarios desconectar sus dispositivos y reiniciarlos como hacemos cuando el ordenador se queda colgado.

Desde luego, no parece una solución muy innovadora.  A fin de cuentas, si confiamos en un servicio para mantener nuestra casa caliente, no debería fallar y dejarnos congelados. Mientras Google afirma que los errores del sistema se han solucionado al 99.5%, las quejas en redes sociales continúan.

Estos contratiempos son similares a los que se enfrenta cualquier 'early adopter',  aquel que se lanza primero a comprar productos  (especialmente tecnológicos) antes de que se conviertan en artículos de masas.  El ejemplo de Revolv y Nest nos recuerda de hecho al caso de los antiguos formatos de vídeo. Betamax fue el favorito para los consumidores más intrépidos pero VHS fue el que se convirtió en un éxito de ventas y copó el mercado.

Eso sí, también hemos dejado de usar los VHS y nuestras cintas acumulan polvo en el fondo de un cajón. Así que hasta que no exista un sistema estándar, robusto y duradero para que los dispositivos del hogar se conecten a Internet, estos problemas continuarán. Lo mismo ocurrirá con los 'gadgets' comercializados por 'startups' que, por su propia naturaleza, están expuestas a fusiones, compras o fracasos.

Sin embargo, estas pequeñas compañías necesitan consumidores tempranos que las den a conocer. Y si estos quieren estar a la vanguardia de la tecnología, es muy probable que sean los únicos que sufran los problemas. Así que quedarse sin luz en casa de buenas a primeras o que el aire acondicionado se vuelva loco en pleno agosto puede ser el calvario por el que tengan que pasar los apasionados de la tecnología.

También existen plataformas de código abierto como Arduino o Rasberry Pi que sirven para automatizar tu hogar, pero si quieres emplearlas tendrás que tener ciertas nociones de programación y electrónica, además de armarte de paciencia. Eso sí, podrás incluso construirte tu propio Nest.

En el extremo opuesto se encuentran  los dispositivos de los que hemos hablado anteriormente: productos con 'software' propietario que pueden acabar dejando de funcionar por una decisión empresarial o porque no eran adecuados.  Cada sistema tiene sus ventajas e inconvenientes. Lo que parece claro es que, por el momento, nuestro hogar no es tan inteligente como se podría pensar.