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La sorprendente historia del matrimonio que inventó el primer hogar inteligente en 1965

Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Aunque convertir nuestra casa en un hogar inteligente continúe siendo un calvario (hasta los famosos termostatos inteligentes Nest han dejado de funcionar repentinamente) y los problemas de seguridad de los dispositivos conectados a internet sigan siendo un motivo de preocupación, probablemente todos viviremos en una ‘smart home’ dentro de unos años.

De hecho, los gigantes tecnológicos ya han comenzado la carrera por dominar nuestra casa del futuro. Apple ha lanzado HomeKit, su intento por controlar la internet de las cosas desde una ‘app’. Google dio a conocer hace unos meses su altavoz inteligente para controlar el hogar, Home, con el que los de Mountain View pretendían competir con Amazon Echo, el dispositivo inteligente que la compañía de Jeff Bezos presentó hace un par de años.

Un ordenador casero con teclado en la cocina

En los años 60, una década antes del nacimiento de Apple o Microsoft, los ordenadores no habían conquistado los hogares. Lo que estaba de moda en aquella época eran los gigantescos ‘mainframes’ que podían ocupar una habitación.

De hecho, no fue hasta 1965 cuando la programadora Mary Allen Wilkes se llevó a su hogar el LINC, un ordenador ideado para los laboratorios de biomedicina que cabía incluso encima de un escritorio. Según la propia Wilkes, ella fue la primera persona en tener un ordenador personal en casa.

Al poco tiempo, Jim Sutherland, un ingeniero de la ya desaparecida compañía Westinghouse Electric Corporation, pidió permiso a su empresa para llevarse a su casa algunos módulos que habían sobrado de un Prodac-IV, un ordenador encargado del control de procesos industriales.

Jim Sutherland y su familia junto a su ordenador doméstico.
Jim Sutherland y su familia junto a su ordenador doméstico.

Sutherland trasladó los cuatro grandes armarios, que pesaban 350 kilos, al sótano de su hogar. Tras un año diseñándolo, el ECHO IV, que ocupaba dos metros cuadrados, estaba conectado a lectores de cinta de papel y a otros dispositivos situados en otras estancias de la casa. Un teclado en el salón o una consola en la cocina, creada a partir de una vieja máquina de escribir IBM y un teletipo, eran algunos de ellos.

En el techo de la habitación matrimonial había un reloj electrónico— unas luces se encendían para indicar la hora en un panel— que permitía a Sutherland comprobar si el ordenador se había apagado por sí mismo tal y como había programado. Así lo contó años después su hijo Jay, una de los primeras niños que tuvo un ordenador en casa.

Según el prestigioso Computer History Museum de California, que aún conserva algunos módulos de este olvidado equipo y diagramas que demuestran cómo Sutherland instaló este sistema interconectado, el ECHO IV ya estaba en funcionamiento en 1966. Dos años más tarde, la revista Popular Mechanics publicó un amplio reportaje sobre cómo Jim y su mujer, Ruth, convivían con el ECHO IV. Aunque la esposa colaboró en el diseño, también temía por las habilidades del ordenador en un principio. “¿Me reemplazará a mí también?”, se preguntaba.

Pronto se dio cuenta de que no debía preocuparse, ya que “los programas para ordenadores caseros primero tienen que ser formulados por alguien que sepa de economía doméstica”. En aquel momento, su marido ya había desarrollado programas para multiplicar, dividir, sumar o restar que preveían utilizar después para controlar los ingresos y gastos de la familia.

También habían colocado esos relojes que funcionaban con luces en distintas partes de la casa para indicar la hora y habían conectado su televisor a un sistema de control: pretendía que los niños tuvieran que responder a una serie de preguntas con el teclado para poder encender el ordenador por la noche en el futuro.

Sally, hija de Jim Sutherland, después de apretar la tecla que no debía.
Sally, hija de Jim Sutherland, después de apretar la tecla que no debía.

El matrimonio que predijo la domótica

Pese a que los Sutherland llenaron su sótano con un equipo conectado a otras estancias de su casa y un artículo publicado años después en la revista IEEE Annals of the History of Computing afirmaba que se trataba del primer ordenador doméstico, lo cierto es que no habían creado un hogar completamente inteligente.

Ahora bien, tenían muchos planes para conseguirlo. De hecho, el propio Sutherland pronosticó con pasmoso precisión cómo serían las ‘smart homes’ del futuro. Pensaba modificar la despensa y los armarios de la cocina para que el ECHO supiera automáticamente qué productos hacían falta, automatizando así la lista de la compra. También quería conseguir que el ordenador les preparara menús con un contenido específico en calorías e incluso pretendía instalar un dispositivo que ajustara la temperatura del hogar según la del exterior.

“Los ordenadores pueden ser programados para realizar importantes quehaceres domésticos hoy en día, pero cuando consideramos lo que ocurrirá de aquí a 20 años, ni siquiera en nuestros sueños más fantásticos podremos imaginarnos de lo que será capaz de hacer por nosotros una versión del ECHO de 1987”, afirmaba Sutherland por aquel entonces. 

“En este momento, no puedo decir o incluso comprender todas las cosas que un ordenador hará algún día por nuestros hogares, pero, ¿no sería maravilloso que pudiera proporcionarnos tiempo a los padres para pasar con nuestros hijos haciendo por tanto que cada hogar sea un hogar más feliz?”,  se preguntaba su esposa, Ruth Sutherland, en un artículo presentado en una convención de la American Home Economics Association.

Eso sí nunca más se supo del ECHO IV. Tampoco hubo versiones posteriores, como Sutherland predijo, que convirtieran todos los hogares estadounidenses en las futuristas casas inteligentes de las que estamos comenzando a disfrutar en el siglo XXI. Pese a ello, hay que reconocer que esta familia auguró el porvenir de la domótica cuando ni siquiera los ordenadores habían aterrizado en los hogares.