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Así será la movilidad urbana del futuro (y no pasa por el coche eléctrico)

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Calles multifuncionales, más transporte público y bicicleta como medio de transporte… Son algunos de los elementos que conformarán la movilidad urbana del futuro, según algunos de los expertos que se reunieron en el ciclo ‘El derecho a otras formas de transitar por la ciudad’, organizado por La Casa Encendida en Madrid. Y el vehículo eléctrico solo es mencionado como parche de transición.

“La ciudad está sufriendo un cambio”, resume Marta Román, geógrafa y miembro de la consultora Gea21, antes de plantear las dos opciones que se abren paso: “Podemos promover las tendencias o frenar y cambiar el rumbo”. Para Román, “el reto está en cambiar el rumbo de la movilidad y priorizar los modos activos frente al automóvil”.

El arquitecto urbanista y socio fundador de Paisaje Transversal Jorge Arévalo es tajante: “El actual modelo de movilidad no es sostenible”. Arévalo se pregunta si la sociedad está preparada para dar “importantes pasos” a la hora de cambiar el modelo y, también, “cómo incorporamos a las personas a través de la participación”.

El también arquitecto urbanista y profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, Carlos Verdaguer, cuantifica en tres las tendencias a reflexionar sobre la movilidad. Por un lado, la “multimodalidad”, es decir, que la alternativa no vendrá de un solo medio, sino de “una sabia conjunción de modos bien combinados”, y pone como ejemplo “el concepto de movilidad como servicio”. La segunda tendencia sería la “intermovilidad”: el paso de uno a otro medio. Y, por último, la reducción de la velocidad.

La movilidad ideal en el siglo XXI

Para Verdaguer, la movilidad ideal del presente siglo va “unida indefectiblemente a la proximidad”: el acercamiento de trabajo y vivienda, como ejemplo de lo que se debería hacer también en el resto de usos. Asimismo, apunta a “la recuperación del espacio público como algo complejo”, es decir, desprenderse de la monofuncionalidad actual que se dedica en gran medida a la circulación y al aparcamiento de vehículos en la superficie.

Por su parte, Arévalo basa su teoría en el concepto de “calles completas”. Estas, “cuanto más diversas, cuantas más posibilidades recogen de que todas las personas puedan desplazarse por ellas –independientemente del modo en que quieran realizarlo–, cuanta más diversidad de actividad y usos, son más completas”, define.

En su condición de docente, Román sostiene que la movilidad ideal del siglo XXI “sería que cada niño de seis u ocho años pudiera ir caminando a ver a un amigo o al colegio”. El matiz educativo es subrayado también por Arévalo: “Es importante generar espacios de aprendizaje colectivo”. En esta línea de “aprendizaje mutuo”, habla en primera persona del plural a la hora de ofrecer a la ciudadanía que los técnicos especialistas en urbanismo “muestren los beneficios y otros ejemplos y realidades existentes”, a la par que solicita a la sociedad que “nos cuenten de qué manera utilizan la ciudad para poder facilitarles esos desplazamientos de una manera que no tengan que recurrir al vehículo privado”.

La recién iniciada renovación de la Gran Vía madrileña suscita reflexiones en los expertos. A Román le parece “interesante”, pero considera fundamental que “se haga no solo en el corazón de la ciudad sino también en la periferia”. Para Verdaguer es “una obra imprescindible que pondrá a Madrid a la altura de otras ciudades europeas”. Mientras que, en opinión de Arévalo, lo significativo es que “cada vez más vamos a ver cómo los coches tienen que ir cediendo espacio”.

El coche eléctrico: ¿solución o parche?

“Hay una cierta ilusión y fantasía al respecto” del coche con motor eléctrico, sostiene el profesor Verdaguer: “Si se planifican bien las cosas, puede ser una magnífica tecnología de transición, pero no es el futuro a largo plazo de la ciudad”. El modelo actual de movilidad “no tiene ningún futuro”, en opinión de Verdaguer, dado que será “aún más ineficiente” de lo que lo es ahora en base a los escenarios de “escasez energética y crecimiento demográfico”. Y aventura una fecha: “en 2050 el coche con energía fósil habrá desaparecido”.

De la misma opinión es Jorge Arévalo, para quien el motor eléctrico “puede ser parte de la movilidad del futuro, pero no viene a resolver el problema del coche”, que “genera gran consumo de suelo y espacio”. Arévalo habla de estudios que calculan que para transportar 50.000 personas por hora se necesita un ancho de calle de 175 metros, si lo hiciéramos en coches, de 30 metros en autobuses… ¡y de 9 metros mediante tranvías! Así, advierte de la “paradoja” que, en su opinión, supone que, al mejorar la eficiencia de los vehículos privados mediante los motores eléctricos, estos “sean más utilizados”, lo que supondría un problema porque “el modelo debe virar hacia integrar espacio para otros medios” como el transporte público, los peatones o los ciclistas.

El mismo problema ve la geógrafa Marta Román, quien “espera” que las próximas décadas “no pasen por el motor eléctrico”, ya que seguiría “imperando” el coche, que “ocupa mucho espacio, genera peligro en las calles y expulsa a una población vulnerable”. Román considera que el cambio a afrontar debe ser “rotundo”.