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La Casa por el Tejado o cuando se levanta una nueva ciudad encima de la ciudad

Autores: dani castillo, @David Marrero

Construir o aumentar la edificabilidad de un inmueble es un concepto del urbanismo tan antiguo como las propias ciudades. Una idea que se abandonó totalmente durante los años del boom inmobiliario, centrada únicamente en expandir las viviendas como si de una mancha de aceite se tratase. La crisis y el estallido de la burbuja han vuelto a hacer replantear el desarrollo de las urbes. La firma La Casa por el Tejado ya lo está poniendo en marcha en Barcelona, construyendo casas industrializadas sobre el vuelo aún edificable de viviendas en el barrio de L’Eixample.

Las crisis llevan al surgimiento de nuevas ideas o a retomar antiguos conceptos que se fueron olvidando con el tiempo. El estallido de la burbuja inmobiliaria que sumió al sector en su peor crisis de la historia está permitiendo que retornen conocimientos que den estabilidad y vuelvan a plantear la idea de ciudad. En esta ocasión, se ha unido aprovechar al máximo los espacios que aún se pueden urbanizar en pleno centro de Barcelona con una construcción sostenible y además fomentando la rehabilitación de antiguos inmuebles.

La Casa por el Tejado es una empresa que levanta viviendas sobre el vuelo de los edificios ya construidos en el barrio del L’Eixample de Barcelona. Una idea surgida de la tesis de universidad del arquitecto Joan Artés: “El proceso de crecimiento de una ciudad debe empezar por agotar la edificabilidad remanente que existe en los edificios que en su momento no lo hicieron”. Y de la teoría se pasó a la práctica. “Las azoteas de muchos edificios de ciudades históricas tienen todavía la posibilidad de ser edificadas. Hay una ciudad encima de la ciudad”, destaca Artés, gerente de La Casa por El Tejado en una entrevista en exclusiva para idealista/news.

Artés defiende una construcción sostenible con el entorno, favorable para aprovechar al máximo lo ya construido para no aumentar ‘la mancha de aceite’ de viviendas que se creó en España con el boom inmobiliario. “Es mucho más sensato acabar ciudades allí donde hay una edificabilidad remanente que andar haciendo ciudades nuevas y pequeñas a 20 kilómetros del centro de la gran urbe. Desde un punto de vista sostenible y de sentido común, es mejor aprovechar estructuras que ya existen y las infraestructuras ya consolidadas. Simplemente lo que hacemos es completar las ciudades en función de sus planes generales”, concreta.

Además, a esta apuesta por hacer crecer la ciudad hacia arriba, La Casa por El Tejado construye viviendas industrializadas, es decir, crea un proyecto del inmueble, levanta la vivienda en fábrica y se monta por módulos en su ubicación original. “Trabajamos controlando el espacio en el que nos ocupamos, con construcciones ligeras en fábrica, con un impacto medioambiental mínimo y respetando al máximo el lugar donde se levantan. Hacemos un estudio pormenorizado de cuánto peso puede aguantar la estructura original, e intentamos que la parte nueva no rompa con el esquema de ciudad, manteniendo el entorno”, relata Gerardo Wadel, director de i+D y calidad de La Casa por el Tejado.

Cómo aprovechar el vuelo de un edificio

Los directivos y arquitectos de la compañía nos hablan del proceso que tienen que hacer desde que ‘descubren’ un inmueble que tiene la posibilidad de ampliar sus plantas hasta que finalmente consiguen poner a la venta los nuevos metros de edificabilidad.

“La firma, una vez analizado si es posible edificar, se reúne con la comunidad de vecinos para comprarles el llamado derecho de vuelo”, comenta Oriol Cugat, uno de los arquitectos del equipo de La Casa por El Tejado. A cambio, se compromete, por un lado, a rehabilitar el inmueble, su fachada, cumplir con la Inspección Técnica del Edifico, coloca el ascensor si no lo tiene y, por otro, ofrece una compensación económica a los vecinos en función del porcentaje que le corresponde a cada uno por su coeficiente de habitabilidad en la finca. 

“Creemos que es un proyecto en el que ganan todos. Ganan los vecinos que ven su comunidad renovada por la compra de un derecho que es muy difícil que ellos pudieran explotar. Gana el inversor que decide construir sobre el vuelo del edificio y tiene una casa en el centro y gana la propia ciudad que ve cómo se va regenerando su patrimonio”, añade Artés, CEO de la compañía.

Un proceso de edificación que además trata de conseguir el menor impacto sobre el inmueble y el entorno que lo rodea. “Actuar en el centro de la ciudad implica ir al revés de la visión urbanístico del boom inmobiliario”, destaca Gerardo Wadel, director de i+D y calidad. “Pero además, realizamos la construcción fuera del lugar, en fábrica y de forma industrializada. Lo que supone un ahorro de costes tanto en materiales, donde no usamos agua ni ningún producto de mezcla, lo que se llama construcción en seco, como en tiempo, ya que trabajamos pensando en el menor impacto sobre un inmueble que ya está habitado. A esto se une que la construcción es ligera, tenemos en cuenta que estamos añadiendo peso a la edificabilidad”, concreta Wadel.

Desde que el proyecto se aprueba, en la fábrica comienza a construirse la vivienda por módulos durante 8-10 semanas. “Nuestra intención no es ser fabricantes, es ser ensambladores. Poder construir en cualquier casa en cualquier lugar”, puntualiza el director de i+D.

Una vez completada la vivienda y la azotea acondicionada para acoger a sus ‘nuevos vecinos’ viene el proceso de transporte. “Somos capaces de montar la casa en 24 horas. Ninguna de nuestras casas es igual a la anterior. Cada una tiene sus características particulares”, comenta Joan Artés. “Entramos en el mundo de la industrialización. Hay que pensar como si estuviéramos hablando de un coche. Ensamblamos las partes de la que salen productos de calidad”, alega.

El proceso de montaje de estas viviendas es un auténtico espectáculo visual. Los módulos se trasladan desde la fábrica hasta la ubicación del inmueble y con una gran pluma elevamos las partes de la casa hasta ensamblarlas en su destino. “Pero lo que nos interesa a nosotros es toda la metodología que hay detrás de estas construcciones y poder trasladar este concepto a cualquier ciudad del mundo”, comenta Artés. La Casa por El Tejado ya ha realizado análisis de edificabilidad en Madrid, Pamplona, San Sebastián o, incluso, París.

Un futuro para la construcción y para las ciudades

Volvemos con la idea del inicio. De las crisis surgen nuevas ideas o se vuelven a retomar conceptos clásicos. Los arquitectos y urbanistas han podido quitarse las ataduras de la construcción tradicional, expansiva y con poco criterio urbanístico, como se ha visto en muchos ejemplos por la geografía española, y están comenzando a desarrollar otros proyectos más estables, más coordinados con el entorno que los rodea.

“Hace diez años, esta iniciativa hubiera sido imposible que saliera adelante. Era otro momento, había dinero por todos los lados y había otra forma de pensar. No hacía falta plantearse temas tan complejos como construir sobre lo ya construido”, incide Joan Artés. “El concepto es simple pero no simplista. Este tipo de construcción no se había planteado nunca para este tipo de edificaciones, residuales hasta el momento. Aplicar criterios de largo recorrido requiere mucha metodología”.

En Barcelona, solo en L’Eixample hay 3.000 fincas donde es posible edificar y donde suman unos 800.000 metros cuadrados. Entre la Ciudad Condal, Madrid, Pamplona, San Sebastián pueden acumular más de 2 millones de metros cuadrados edificables en los vuelos de los edificios de las ciudades.

Una casa de estas características, es decir un ático en uno de los barrios céntricos de la Ciudad Condal cuesta entre 3.000 y 10.000 euros el metro cuadrado. En La Casa por el Tejado pone a la venta sus casas por unos 4.000-5.000 euros el metro cuadrado.

“No tratamos de alcanzar un boom ni tener la exclusiva en esto. Queremos un desarrollo sostenible. Cualquier promotor que quiera construir sobre un vuelo puede acudir a nosotros para conseguir ayuda y asesoramiento. Queremos compartir nuestro conocimiento, nuestra forma de construir”, concluye Joan Artés.