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La madera como solución al problema de la vivienda Freepik

Llegó septiembre y los focos mediáticos de los fuegos en nuestros montes se apagaron mucho más deprisa que las llamas y sus devastadoras consecuencias. Los pulmones verdes de nuestro país permanecen invisibles para la mayoría hasta que, en verano, los incendios y la urgencia informativa los sacan momentáneamente a la luz. Sin embargo, estos espacios naturales necesitan atención y cuidado durante todo el año. 

La realidad es que todos, en mayor o menor medida, somos responsables de este abandono. Desde la Administración y los medios de comunicación hasta los propietarios de los suelos e incluso los urbanitas o excursionistas esporádicos. Todos jugamos un papel relevante. Por ejemplo, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico sólo publica datos de los incendios cada diez años y nos ha remitido a estos datos a la hora de realizar este artículo.

Luego está la prensa, la radio y la televisión que aprovechan los incendios para rellenar sus páginas y sus programas en verano cuando escasean las noticias, pero su atención mediática decae durante el resto de estaciones. Entre los propietarios de terrenos, hay quienes son conscientes del abandono de sus montes y quienes ni siquiera saben lo que poseen. “Muchos propietarios desconocen que tienen grandes masas forestales y, en consecuencia, no pueden gestionarlas adecuadamente. Esto es un riesgo directo para el medio ambiente y la economía”, afirma Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la asociación AGEFEM (asociación para la gestión forestal y la edificación con madera).

Por último, pero no menos importante, están los excurionistas eventuales, que buscan la foto perfecta para sus redes sociales sin preocuparse por el cuidado del monte durante el resto del año. En definitiva, nuestros montes, los pulmones de nuestro país, están abandonados a su suerte. 

Para entender la importancia de este abandono y sus consecuencias hay que resaltar que España es el tercer país de Europa en superficie forestal, solo por detrás de Suecia y Finlandia, con 28 millones de hectáreas de montes (18,6 millones arboladas), según datos de Eurostat aportados por Asemfo (asociacion nacional de empresas forestales de españa). Sin embargo, buena parte de este “pulmón verde” está olvidado, infragestionado o abandonado. Por este motivo, ante la escalada del precio de la vivienda, la despoblación rural y el aumento de grandes incendios forestales, la gestión forestal sostenible y la construcción industrializada en madera surgen como una solución doblemente transformadora en términos medioambientales, sociales y económicos. 

Cuando el olvido multiplica los incendios

Uno de los efectos más devastadores del abandono rural es la acumulación incontrolada de 'combustible' en los montes y el riesgo de incendios de gran magnitud. "La gestión activa es clave para prevenir incendios. Un monte abandonado acumula demasiado matorral y árboles debilitados que funcionan como un combustible continuo. Cuando intervenimos y retiramos parte de esa biomasa, aclaramos árboles y creamos discontinuidades, reducimos drásticamente la capacidad del fuego de propagarse. El bosque queda más limpio, más sano y mucho más resiliente," explica Juan Velayos, CEO de Treehood, empresa dedicada a la construcción de viviendas de madera.

Ana Belén Noriega, CEO de PEFC (asociación para la certificación española forestal) afirma que, aunque los incendios siempre existirán, la magnitud de los grandes fuegos depende, en gran medida, de la falta de gestión. “No disminuye necesariamente el número de incendios, pero sí su gravedad. Existe la llamada ‘paradoja de la extinción’: cuanto más eficaces somos apagando incendios, más combustible se acumula, y el riesgo aumenta”, señala. 

"La mayoría de la propiedad forestal en España es privada y no está ordenada, no tiene gestión. Ante ese abandono y peligro, promover la rentabilidad de los montes es crucial para reducir riesgos y consecuencias que acarrean los grandes incendios forestales", afirma Gonzalo Anguita, director ejecutivo de FSC España (organización mundial sin ánimo de lucro que se dedica a promover la gestión forestal responsable en todo el mundo y de certificar la madera que se extrae de nuestros montes). 

“El riesgo cero no existe, pero mantener las masas forestales con una densidad adecuada es necesario para reducir el riesgo de grandes incendios. Dado que las masas crecen de forma continua, la reducción de densidad debe realizarse de forma reiterada”, afirman desde Asemfo.

Joaquín Gómez, es gestor forestal en la empresa Lignum Tech Forest, grupo que también se dedica a la construcción de fachadas de madera, y añade que la gestión forestal “genera empleo directo (tala, transporte, transformación…) y también empleo indirecto en servicios locales”, creando así economías en zonas donde apenas hay oportunidades y motivando el arraigo al territorio.

Diagnóstico: fragmentación, propietarios desconocidos y burocracia

Uno de los mayores retos de la gestión forestal en España es la extrema fragmentación de la propiedad. En regiones como Galicia, el 97% de la propiedad forestal es privada, con más de 450.000 propietarios individuales y miles de comunidades de montes, según datos de Finsa. “El tamaño reducido de la propiedad y su dispersión hacen inviable pensar en la compra o alquiler de terrenos en cantidad suficiente para garantizar un suministro estable”, explican desde la compañía.

A este minifundismo hay que añadirle el problema de los propietarios desconocidos o desinteresados. “Muchos montes están en proindiviso, con 50, 60 o más herederos por unas pocas hectáreas. Muchas veces los propietarios ni siquiera saben que poseen suelo forestal, especialmente en segunda o tercera generación de familias emigradas”, asevera Noriega. 

Gómez, en su papel de gestor forestal en Lignum Tech, ejerce, entre otras funciones, la captación de suelos o terrenos susceptibles de ser explotados para extraer madera y ser transformados después en fachadas. La burocracia y la complejidad administrativa acaban por desincentivar la gestión. “La fragmentación de la propiedad, la dificultad de localizar a los propietarios y la burocracia, que en España sigue siendo bastante pesada, desanima a más de uno”, advierte Gómez. 

“Hay propietarios que llevan una gestión activa, tienen todo en regla y saben perfectamente cómo está su finca. Con ellos el proceso es muy rápido, casi directo. En cambio, también nos encontramos con gente que heredó el monte, que lleva años sin tocarlo, con los permisos caducados e incluso sin tener claro dónde están los límites exactos. En esos casos el trabajo es más largo: hay que poner papeles al día, pedir autorizaciones, hacer estudios previos…”, añade el gestor forestal.

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Imagen de construcción de madera Finsa

Pero detectar estos terrenos y a sus propietarios no es sólo bueno para el medio ambiente y la construcción de viviendas más sostenibles, sino también para los propios propietarios. La primera ventaja es que no tiene que preocuparse de la parte administrativa, que suele, en muchos casos, tediosa. "Desde Lignum Tech, nos encargamos de actualizar planes, permisos y todo lo necesario, apoyándonos también en ingenieros y empresas locales. Luego, cuando empiezan los aprovechamientos, ofrecemos acuerdos a varios años que dan estabilidad frente a las subidas y bajadas del mercado de la madera. Y además, liberamos al propietario de coordinar los trabajos forestales, que son costosos y técnicos. En resumen: menos preocupaciones, menos gasto y más seguridad en la gestión”, asevera Gómez. 

Rentabilidad, economía circular y el ciclo de la madera

Cuando la gestión forestal se visualiza como un modelo de negocio viable y sostenible, se logran varios objetivos: prevenir incendios mediante la retirada de biomasa, incrementar la biodiversidad y proveer de materias primas ecológicas para la construcción de viviendas, entre otras actividades económicas. “La conexión es directa. El bosque captura carbono mientras crece, nosotros transformamos esa madera en material estructural y las viviendas almacenan ese carbono durante décadas. Es un ciclo renovable: el monte vuelve a regenerarse y reinicia el proceso”, resume Velayos.

Finsa explica que la madera puede reciclarse y reutilizarse al final de su vida útil, maximizando su valor y evitando la generación de residuos. En este sentido, la gestión rentable motiva la presencia continuada de personal en los montes, y aporta, por lo tanto, vigilancia, prevención y generación de empleo tanto directo como indirecto.

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imagen de una promoción Tomás Bretón Distrito Natural

“En España estamos aprovechando sólo el 35% de la posibilidad que ofrecen las masas forestales. La media de la Unión Europea está en el 60%. Hay una oportunidad enorme para impulsar los aprovechamientos forestales, respetando en todo momento la sostenibilidad de la superficie forestal”, añaden desde Asemfo.

El auge de la construcción industrializada en madera

La vivienda en madera, gracias a la industrialización y la tecnología, empieza a consolidarse. "La construcción en madera es una alternativa real y estratégica porque responde simultáneamente a dos grandes retos: la urgencia de la descarbonización y la necesidad de construir vivienda de forma rápida y con costes controlados mediante la industrialización”, sostienen desde Finsa.

En términos de sostenibilidad, la diferencia climática es notable. Mientras el acero y el hormigón requieren procesos altamente intensivos en energía, la madera consume menos, almacena carbono y ofrece soluciones sólidas y resistentes. “Una vivienda de madera puede evitar unas 25 toneladas de CO2 en comparación con una de hormigón. En conjunto, podemos hablar de una reducción de entre el 50% y el 70% en la huella de carbono de la construcción estructural, algo que convierte a la madera en una pieza clave en la lucha contra el cambio climático”, enfatiza Velayos.

Los actores que intervienen en la industrialización de la vivienda en madera defienden que esta nueva forma de construir cambia las reglas: permite fabricar en planta y montar en obra, recortando plazos de ejecución entre cuatro y seis meses, lo que abarata costes, implica menos necesidad de mano de obra in situ, aumenta la calidad de las viviendas y genera menos residuos.

Revitalización rural: del abandono a la oportunidad industrial

Desplegar la industria forestal en zonas rurales tiene un doble impacto: medioambiental y social. Según Velayos, establecer la fábrica de Treehood en Teruel les permite trabajar “con materia prima cercana de diversos polos forestales diversificados y distribuir de manera eficiente a los principales mercados españoles, lo que reduce huella de transporte”. Pero, además, eso significa “fijar población, dar oportunidades a jóvenes que ya no tienen que marcharse y dinamizar toda la economía local alrededor de la cadena forestal”.

“Para un territorio despoblado, implantar una industria como la nuestra revitaliza la economía local al crear una cadena de valor completa que gestiona de forma sostenible y revaloriza su principal recurso natural: el bosque. Es un motor de desarrollo circular que transforma la identidad del territorio, proyectando una imagen de innovación y futuro sostenible”, añaden desde Finsa.

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La madera, un material sostenible por la construcción Freepik

Obstáculos: cambio cultural, normativo y técnico

El avance de la construcción en madera depende de superar tres barreras principales: la normativa, la cultural y la del mercado. “Todavía persisten prejuicios sobre su durabilidad o seguridad frente al fuego, que la madera tecnológica ha superado con creces. Y la de mercado, porque hasta ahora no había industria suficiente en España y faltaban profesionales especializados”, reconoce Velayos. Finsa coincide en que el principal escollo es la inercia cultural y administrativa, y destaca la importancia de formar a más profesionales y de simplificar la tramitación de proyectos. 

Noriega, por su parte, además de defender la construcción en madera, también hace lo propio con la vida rural. “Muchas personas dejaron el campo para irse a las ciudades, lo que trajo consigo despoblación y abandono de tierras. Ese fenómeno generó además un estigma social: quedarse en el pueblo se veía como un fracaso. Por eso, la buena gestión forestal también tiene una dimensión social. Debemos valorar y apoyar a quienes viven en el mundo rural, darles reconocimiento y autoestima, y ofrecer condiciones para que quieran y puedan vivir bien en el territorio”, afirma en este sentido.

En el ámbito burocrático y normativo, Asemfo denuncia la “falta de inversión en gestión forestal” y el exceso de barreras administrativas para proyectos de aprovechamiento forestal.

Certificación y confianza: garantía para el futuro

La certificación forestal es considerada clave como garantía para toda la cadena de valor. El sistema PEFC, con 3 millones de hectáreas certificadas en España y más de 80.000 silvicultores y casi 2.000 empresas acreditadas, asegura que la madera provenga de "bosques bien gestionados". Noriega explica que la certificación “implica gestión activa, plan de gestión, compromiso económico y auditorías externas”, y que además se garantiza la trazabilidad completa desde el bosque hasta la vivienda.

La certificación también permite a los consumidores confiar en el origen, la calidad y los efectos positivos, tanto medioambientales como sociales, de la madera usada en construcción.

“No hay un mínimo para la certificación, pero sí para que la explotación sea sostenible que es un requisito indispensable para obtener la certificación. Para que una explotación sea sostenible y rentable lo normal es hablar de un mínimo de 50 hectáreas, aunque depende de factores como los accesos o la calidad de la madera. Mover maquinaria pesada y organizar los aprovechamientos en fincas muy pequeñas no compensa”, afirma Gómez.

Por su parte, Anguita resalta la importancia que tienen los derechos de los trabajadores y el respeto por las comunidades locales a la hora de usar su modelo. "En la certificación FSC, tanto los gestores forestales como las empresas que intervienen en la cadena de transformación han sido evaluados por una tercera parte independiente que verifica el cumplimiento de unos estrictos estándares internacionales, que tienen en cuenta aspectos medioambientales y sociales: que no haya deforestación, que el terreno se destine únicamente a uso forestal manteniendo la biodiversidad y los procesos ecológicos; pero también la protección de los derechos de los trabajadores y las comunidades locales. Y en todos los casos se respeta la viabilidad económica de la gestión forestal", afirma en este sentido. 

El futuro: hacia una España más verde, habitable e industrializada

Si se impulsa una gestión forestal vinculada a la construcción, el panorama en 10 o 20 años puede ser radicalmente distinto: “En lugar de masas uniformes y abandonadas, observaríamos un mosaico forestal dinámico y planificado, con parcelas en diferentes estados de crecimiento. Esta diversidad no solo es visualmente atractiva, sino que también fomenta una mayor biodiversidad al crear hábitats variados para la fauna y flora”, destaca Finsa.

Velayos imagina “bosques más limpios, con menos riesgo de incendios y mayor capacidad de capturar carbono. También bosques que generan riqueza local y que están integrados en una cadena que conecta directamente el monte con la ciudad. En paralelo, pueblos con nuevas industrias ligadas a la madera y con jóvenes que pueden quedarse a trabajar allí”.

La vivienda industrializada con madera se presenta así como una solución doble: aborda el acceso a la vivienda y la revitalización rural, al tiempo que convierte los montes olvidados en motores de innovación y sostenibilidad. Pero la oportunidad solo se materializará si se impulsa una revolución cultural, legal, técnica y social. Es decir, un auténtico 'pacto por los bosques' que implique a propietarios, industria, administraciones y sociedad.

"Hay iniciativas de las administraciones públicas, como la Xunta de Galicia, en donde la madera es un recurso estratégico y muy presente en el diseño de infraestructuras públicas. El crecimiento de la demanda de madera FSC se está consolidando como una tendencia fundamental en el sector de la construcción, con promotoras como Vía Ágora, Distrito Natural o Aedas Homes que apuestan por la construcción con madera certificada FSC", asegura Anguita.

Como sentencia Asemfo, “la gestión forestal es inversión inteligente: impulsa la economía rural, genera empleo, garantiza recursos sostenibles y mejora la conservación del medio natural”.

Una oportunidad única

En un mundo acosado por la emergencia climática, la escasez de vivienda y la despoblación rural, los pulmones verdes de España pueden y deben dejar de ser los grandes olvidados. La gestión sostenible y su aplicación en una economía circular y en la vivienda no es sólo una oportunidad, sino que es una necesidad estratégica para un país que pretende crecer de forma sostenible, responsable y solidaria. Ahora es el momento de volver a mirar al bosque y convertirlo en el corazón de nuestro futuro.

Y para los más escépticos sólo hace falta mirar los datos: los incendios de 2025 han arrasado más de 400.000 hectáreas de bosque y han costado 7.243 millones de euros en labores de extinción, lo que representa el 0,47% del PIB español, según datos facilitados por AGEFEM. La magnitud del daño se refleja también en las emisiones de 18 millones de toneladas de CO2, equivalentes a las emisiones del sector de la edificación durante cinco años.

"Después de los grandes incendios forestales sufridos este verano, en la sociedad ha calado el mensaje de que el medio rural necesita estar activo, tener futuro. La bioeconomía forestal y el aprovechamiento sostenible de los bosques evitan su abandono", finaliza Anguita

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