La historia de las ciudades las hacen sus barrios y sus habitantes. Sus nombres o las formas de sus casas no solo les dotan de personalidad propia, sino que también nos permiten imaginar cómo fueron en tiempos pasados.
Esto es lo que ocurre en el barrio de Wittevrouwen, en la ciudad de Utrecht, en Holanda. Allí tanto la toponimia como la tipología de sus calles y sus casas evocan tiempos pasados.
Para empezar, el nombre. Este tiene hondas raíces históricas, ya que su origen se encuentra la existencia, desde la Edad Media, de un antiguo monasterio donde un grupo de monjas vivían según la regla de San Norberto. Sin embargo, entre el pueblo se le conocía como el monasterio Wittevrouwen, que en castellano significa ‘mujeres blancas’, precisamente por el color del hábito que vestían.
El particular aspecto del barrio, en cambio, encuentra su origen en el siglo XIX. A mediados de este siglo, comenzaron a construirse gran parte de las calles que hoy todavía persisten, así como muchas casas obreras y de clase media. Estas casas constaban de un piso en la planta baja, sobre el cual se ubicaba un desván para dormir bajo un techo abuhardillado. Más de 100 años después, la mayoría de los edificios originales aún siguen en pie.
Es, precisamente, una de estas peculiares viviendas obreras, construida a principios del siglo XX, para la que el estudio holandés Zecc Architecten ha diseñado Steel Craft Housen. Con este proyecto de autoconstrucción, se ha querido convertir un edificio que, a lo largo del tiempo, ha cumplido funciones tan variopintas como vivienda, almacenamiento, establo y garaje, en la casa de un artista.
“En el distrito de Utrecht de Wittevrouwen hay un ejemplo inteligente de autoconstrucción: un antiguo garaje se ha convertido "con sus propias manos" en una casa de madera con fachada de acero corten en un período de 10 años”, señala el estudio en su página web.
El nuevo diseño ha apostado por mantener la estructura de la planta baja del edificio original, así como la puerta del garaje y las paredes de ladrillo. Además, se ha agregado una nueva estructura de madera de dos pisos en la parte superior y se ha revestido la fachada de los tres pisos con acero corten, que también cubre la chimenea y la buhardilla del techo.
El color óxido del acero no solo es resistente a las inclemencias del tiempo, sino que resulta coherente con el de las otras viviendas. “La casa se distingue fuertemente por la abstracción y el material, pero busca la conexión con el vecindario a través de la forma, la composición y el detalle. Por ejemplo, en la división de placas de acero se pueden encontrar elementos de estilo como un zócalo, capas de rodillos y molduras de techo. La decoloración del acero corten se vincula con el color del ladrillo tradicional holandés”, afirman desde el estudio.
Mientras Zecc Architecten elaboraba el diseño, el cliente construyó él mismo la de 95 m2 con la ayuda de artesanos. El proyecto se completó en un período de casi 10 años.
Con el nuevo diseño, se mantuvo un marco de puerta de entrada empotrado que ya existía para que la fachada estuviera en consonancia con las casas vecinas, pero eligió una puerta de vidrio para la entrada.
Uno de los objetivos buscados era el facilitar la entrada de luz natural, algo que se ha conseguido gracias a unas puertas de vidrio en la parte trasera que se abren a un balcón, y un tragaluz grande sobre la escalera, y otro en la buhardilla.
En el interior de la casa, el interior está formado por una pieza escultórica de mobiliario empotrado de roble diseñado por el propietario.
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