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El Memorial Brumadinho se sitúa en una zona rural próxima a la ciudad homónima, en el lugar donde colapsó una presa minera en 2019.
Memorial Brumadinho Pedro Mascaro

Los grandes desastres colectivos suelen dejar cicatrices que perduran en la retina de quien los ha sufrido durante años. Frente a la imposibilidad de reparar la pérdida humana, se erigen los monumentos conmemorativos con la finalidad de crear espacios donde el recuerdo, el duelo y la reflexión se materializan a través de la escultura y la arquitectura.

Desde memoriales levantados tras atentados terroristas hasta aquellos que recuerdan catástrofes naturales o industriales, estos lugares no buscan cerrar heridas, sino mantener viva la memoria y ofrecer el marco simbólico para comprender lo ocurrido. En Brasil, el Memorial Brumadinho se inscribe en esta tradición, convirtiendo un territorio marcado por la tragedia en un recorrido arquitectónico cargado de significado.

La experiencia comienza en un pabellón de entrada de geometría irregular, retorcida y fragmentada, que simboliza el impacto del colapso y la fuerza abrumadora del barro.
Pabellón de entrada Pedro Mascaro

Un recorrido para recordar

El Memorial Brumadinho se sitúa en una zona rural próxima a la ciudad del mismo nombre, en el estado de Minas Gerais, exactamente en el lugar donde el 25 de enero de 2019 colapsó una presa minera. El desastre liberó una avalancha de lodos y residuos que arrasó edificaciones y provocó la muerte de 272 personas. Tras la tragedia, las familias de las víctimas se organizaron para reclamar justicia y reparación, y una de las medidas acordadas fue la creación de un espacio conmemorativo permanente.

Cada año, el 25 de enero a las 12:28, el momento exacto del colapso, un haz de luz natural atraviesa el espacio e ilumina los cristales, marcando el tiempo detenido de la pérdida.
Un haz de luz que detiene el tiempo Pedro Mascaro

El proyecto fue encargado al estudio brasileño Gustavo Penna Arquitetos & Associados, que desarrolló la propuesta en estrecha colaboración con los familiares. La propuesta fue concebida como una secuencia espacial que invita a la inmersión, la introspección y el aprendizaje.

La Sala de la Memoria y la Sala del Testimonio reúnen restos recuperados, fotografías y objetos personales de las víctimas.
Salas de la Memoria y del Testimonio Pedro Mascaro

Según explica el estudio, “cada detalle del Memorial Brumadinho fue concebido para transmitir un profundo significado. El diseño surge de un compromiso ético para dar voz a la memoria de las víctimas y dotar de un nuevo significado al espacio marcado por la tragedia a través de una interpretación simbólica y sensible”.

Un camino excavado de 230 metros conduce hacia el corazón del memorial, con sus muros grabados con los nombres de las víctimas y con elementos florales iluminados.
Camino al corazón del memorial Pedro Mascaro

La experiencia comienza en un pabellón de entrada de geometría irregular, retorcida y fragmentada, que simboliza el impacto del colapso y la fuerza abrumadora del barro. El pabellón combina un techo vegetal con muros de hormigón pigmentado a partir de residuos mineros, incorporando físicamente el material asociado a la tragedia.

En su interior, una instalación de cristales evoca las “joyas”, término con el que las familias se refieren a las víctimas. Cada año, el 25 de enero a las 12:28 del medio día, el momento exacto del colapso, un haz de luz natural atraviesa el espacio e ilumina los cristales, marcando el tiempo detenido de la pérdida.

Paisaje, símbolos y resistencia

Tras abandonar el pabellón, los visitantes recorren un camino excavado de 230 metros que conduce hacia el corazón del memorial, un recorrido encajado entre altos muros que limita de forma deliberada las vistas hacia el entorno.

“La morfología en forma de hendidura induce a la introspección, ya que una vez dentro, el único horizonte visible es la vista enmarcada al final. Su perspectiva directa y llamativa guía la mirada de quienes lo recorren y alude al vacío que dejó lo sucedido”, explica el estudio.

El camino queda atravesado por una gran escultura de hormigón suspendida, de 11 por 11 metros, colocada en posición inclinada.
Escultura de hormigón Leonard Finotti

A lo largo del trayecto, los muros aparecen grabados con los nombres de las víctimas y con elementos florales iluminados, convirtiendo el desplazamiento en un acto de lectura pausada y silenciosa. En un punto central, el camino queda atravesado por una gran escultura de hormigón suspendida, de 11 por 11 metros, colocada en posición inclinada. Su gesto formal busca representar “la racionalidad que fue brutalmente traicionada por la ruptura”, en referencia a la negligencia que provocó el desastre.

El recorrido continúa hacia la Sala de la Memoria y la Sala del Testimonio, espacios concebidos junto a la escenógrafa Júlia Peregrino y las familias. Allí se reúnen restos recuperados, fotografías y objetos personales de las víctimas, configurando un lugar de recogimiento íntimo donde la historia individual adquiere un peso central.

El itinerario culmina en un mirador desde el que se observa el paisaje transformado por el colapso de la presa. Este punto final conecta la experiencia arquitectónica con la dimensión territorial del desastre. El conjunto se completa con senderos sinuosos y la plantación de 272 árboles de ipé, uno por cada persona fallecida. Conocidos por florecer intensamente sobre ramas desnudas, estos árboles actúan como símbolo de resiliencia y memoria viva.

El itinerario culmina en un mirador desde el que se observa el paisaje transformado por el colapso de la presa.
Mirador Pedro Mascaro

Para el estudio, el memorial no pretende cerrar el duelo, sino evitar el olvido. Según sus palabras, “el Memorial Brumadinho es un lugar donde la arquitectura se une a la memoria. Acepta el dolor y lo transforma en resistencia contra el olvido, dando un nuevo significado al lugar de la tragedia”.

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