A poco que peines canas, sabrás de sobra quién es Ángela Channing y J.R., dos malos malísimos de series exitosas de los años 80, Falcon Crest (quién no recuerda también a Lorenzo Lamas y su publicitario eslogan, "El rey de las camas") y Dallas. En esa época, aunque parece que hablemos del Pleistoceno, no existía el streaming y esperábamos pacientemente el siguiente episodio, habitualmente semanal, para ver cómo se seguían desarrollando los acontecimientos y cuál sería la siguiente intriga...
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Fueron series que todo el mundo veía (también hay que reconocer que la oferta era mucho más limitada que la actual que es casi infinita) pero pocos sabíamos entonces (y aún ahora) que quien estaba detrás de todo aquel mobiliario lujoso de esas mansiones pomposas era una empresa española, valenciana para más señas, fundada por Mariano García. Su compañía fue la encargada de amueblar las enormes viviendas de los protagonistas de Hotel, Dallas, Dinastía, Falcon Crest… Toda una gesta que nos recuerda a la que protagonizó el arquitecto Guastavino, también valenciano.
Los productos estrella de la empresa fundada por Mariano García eran los muebles de estilo Luis XV y Luis XVI que inundaban de lujo los escenarios de las series de los ochenta, pero no solo amuebló escenarios en Hollywood, también se encargó de la decoración de las agencias de viaje Meliá en París y Nueva York, el cine Gran Vía en Madrid y las villas del Rey Fahd y la familia Bin Laden, por citar solo unos cuantos…
La expansión se da a partir de los años 60
Pero vayamos a los orígenes de esta historia: Mariano García funda en 1890 una empresa dedicada a la elaboración de muebles artesanos. Hablamos de muebles de madera maciza tallada a mano. En la compañía trabajaron unas 12 personas y el punto de inflexión lo marcaría uno de sus descendientes, Fernando García Nicolau, quien tomó las riendas del negocio en 1945. Fue él quien apostó por el mercado internacional, desde el principio empezó a viajar mucho a Bélgica, Alemania pero también países árabes. Junto a la fábrica de Valencia, el empresario monta una exposición de 4.000 metros cuadrados por la que “Paseaban en los años cincuenta muchas princesas árabes”, recuerda Verónica Montijano, interiorista y nieta de García Nicolau.
El avispado empresario va haciéndose con contactos estadounidenses gracias a las ferias a las que acude por toda Europa pero en el salto al otro lado del Atlántico tuvo que ver mucho otro industrial nacional, José Meliá, fundador de los hoteles, quien encargó a García la decoración de sus agencias de viajes en París y Nueva York. El negocio en Usa se va expandiendo y llega un encargo importante: en 1972 le encargan diseñar y amueblar el Teatro Harkness de Nueva York, propiedad de Rebekah Harkness quien estaba casada con el heredero de la compañía Standard Oil, uno de los hombres más ricos de entonces. Por cierto que los murales del teatro fueron pintados por un compatriota de García, el pintor Enrique Senís-Oliver.
Gracias a la fama que iban adquiriendo sus piezas entre la élite norteamericana, productores cinematográficos como Aaron Spelling y la compañía Lorimar se plantearon amueblar con ellos las mansiones de los protagonistas de sus series. Y así fue como el valenciano, sin hablar además una papa de inglés, se asoció con el decorador Steven Chase para fundar Tradition Imports by Mariano García: compraron naves y montaron una impresionante exposición, lo que disparó sus ventas.
Cada semana se envía un contenedor de muebles a EEUU
Eso hace que de los puertos de Valencia salgan en aquella época un contenedor de muebles semanal. Como poco. Los muebles variaban en dimensiones con respecto a lo que se vendía en Europa, para América las medidas se ensanchan. “El mueble se enviaba en crudo, sin pintar ni tapizar, y se terminaba en destino donde se había montado un taller para aplicar los acabados”, explica Montijano. Y de esta forma es como los muebles del valenciano acabaron en las series de televisión más famosas de los años ochenta.
En Valencia además, García también desplegaría su buen gusto en la casa familiar en Campolivar, cerca de Valencia, una vivienda que apareció en todas las revistas de decoración de España por aquella época, por su estilo y sus dimensiones.
La empresa como tal dejó de funcionar en los años noventa pero el legado de García sigue vivo ya que su nieta ha lanzado la firma de mobiliario Vermont Ateliler con la que rinde homenaje a su abuelo y pretende trasladar a nuestros días las técnicas de alta ebanistería del siglo XVIII.








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