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Tiempo de reflexión para reorientar estrategias empresariales en el inmobiliario

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En mi anterior artículo trataba sobre la proliferación de pronósticos que, sobre el futuro del sector inmobiliario, estamos sufriendo.

No resulta fácil ahondar en los posibles escenarios económicos, si no se conoce a la perfección la naturaleza de sus componentes.

El problema que presenta el sector inmobiliario, puestos a acometer el reto de atisbar su evolución a medio-largo plazo, es el de englobar una realidad multifacética, al depender por completo de la evolución de las instituciones a las que sirve (familias, empresas, instituciones públicas,...), en sus distintos ámbitos de acción y en distintos entornos físicos, lo que genera múltiples mercados.

El conocimiento de la realidad del mercado en el que se desenvuelve cada agente inmobiliario (promotora, SOCIMI, consultora, comercializadora, etc.), junto a la capacidad de reinventarse (innovar), es lo que alimenta su éxito o su fracaso. Como en el resto de los sectores económicos, en el mundo inmobiliario o se genera valor añadido a los clientes o se fracasa más pronto que tarde.

Como la experiencia evidencia, el mero análisis financiero de los proyectos y empresas inmobiliarias no solo es insuficiente, sino que a medio-largo plazo es engañoso.

La crisis sanitaria que estamos viviendo ha convertido la incertidumbre, propia de los mercados en los últimos años, en incertidumbre caótica: parece que avanzamos rápidamente en el desconfinamiento, con vuelta a la normalidad, pero China, Corea o Japón, que nos han precedido en la pandemia, se ven obligados a endurecer las medidas de control, llegando a cerrar actividades que ya se consideraban recuperadas (discotecas, centros comerciales…). Nadie garantiza que no se repita en España este proceso.

Entiendo que este es el momento para reflexionar sobre la experiencia recientemente vivida, preparándose para distintos escenarios, cuyos extremos irían desde la desaparición total de la infección a nivel mundial, a lo largo de estos meses, hasta el rebrote de la pandemia a sus niveles críticos, antes de final de año.

En tiempos como los actuales conviene tener muy clara tanto la capacidad de los profesionales, como de los recursos con los que se cuenta en la organización (organizativos, tecnológicos, financieros, etc.), también es crítico conocer bien el perfil de nuestros clientes así como los posibles escenarios socioeconómicos.

Este trabajo, más propio de un equipo que de un líder solitario, debe dar pie a reforzar los puntos débiles y potenciar los puntos fuertes. También puede llevar a la conclusión de retirarse y abandonar, controlando en lo posible las pérdidas.

El sector inmobiliario sufrirá directamente las consecuencias del incremento del desempleo, de la caída de poder adquisitivo en España y en nuestros principales clientes internacionales, de las limitaciones en el transporte, en los locales comerciales, en las reuniones masivas, etc., así como del incremento de las infraestructuras sanitarias, de la implantación del trabajo online, de la formación online, etc.

No es esta una mera crisis financiera, ni siquiera es una importante crisis de oferta y demanda, es una crisis que abarca todas estas variables económicas pero que también está creando nuevos paradigmas socioculturales. No pararse a reflexionar sobre cuál puede ser nuestro papel en los nuevos mercados, sobre cómo podemos competir con las máximas garantías posibles, sería como jugar a la ruleta rusa con nuestras empresas, con más del 50% de las recámaras con bala.

José Barta es experto en Estrategia de mercados, y en Gobierno Corporativo. Alertó, en el año 90, de la caída del mercado inmobiliario del 92 y, en el 2008, de la gravedad de la nueva crisis, acuñando la expresión “Tormenta perfecta”.