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Y por qué no creamos un salario mínimo para profesionales cualificados

Pixabay
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A veces, a base de decir unos cuantos siempre lo mismo, resulta que la opinión pública lo asume como una verdad universal. Creo que esto es lo que ha ocurrido con las subidas del salario mínimo y que, probablemente, aunque con menos calado, es lo que quieren que ocurra con los famosos 1.080 euros de la pensión mínima. Colectivos poco comprometidos con la situación desastrosa de las cuentas públicas españolas, simplemente se dedican a pedir más para su propio pecunio y el de los que les votan. De donde sale el dinero no importa, aunque ello suponga comprometer seriamente el futuro de las dos próximas generaciones, por haber gastado ésta mucho más de lo que puede permitirse.

El caso del salario mínimo es de lo más curioso. Hace dos años se produjo una subida muy elevada, del 22%, absolutamente atípica por la situación económica tanto interior como de los otros países de nuestro entorno. En la actualidad, se encuentra en un nivel de 950 euros (en 14 pagas), y no paramos de escuchar las estentóreas críticas de Podemos y de los sindicatos clamando por más subidas, lo cual, en un año como 2020 en el que el IPC ha sido negativo (-0,5%) resultan hasta esperpénticas.

Parecería lógico que, olvidándonos de las soflamas, analizáramos lo que significan esos 950 euros para el nivel salarial de nuestro país, tanto a nivel nominal, como a los efectos de la capacidad adquisitiva que supone, y lo comparáramos en términos relativos con lo que pasa en otros países de nuestro entorno. En el caso de la evolución, si tomamos como base el inicio de la crisis financiera (2007), en el siguiente cuadro podemos observar cómo, en términos reales, es decir, descontando el efecto de la inflación y centrándonos en la capacidad adquisitiva del salario mínimo, éste ha aumentado en 45% en estos últimos 13 años:

INE
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Además, si nos centramos en la ratio que representa el salario mínimo sobre el salario medio, dicha ratio ha pasado de suponer el 36% del salario medio a suponer el 48%. Ello implica que la pirámide de salarios se ha achatado en España, debido a subidas excesivas del salario mínimo en relación con el salario medio de los españoles. Además, el covid ha provocado la mayor caída del sueldo bruto medio en España del último medio siglo.

Si nos vamos ahora a cómo está España en relación con otros países de nuestro entorno, podemos ver que, salvo Francia, España es el país que más salario mínimo paga en relación con el salario medio del país, casi la mitad del salario mínimo, mientras que Alemania u Holanda pagan poco más de un tercio. Así está el ranking, según los datos del INE y Eurostat:

País SMI Anual (en euros) Salario medio (en euros) Ratio
Francia 18.473 36.547 50.55
España 13.300 27.537 48.30
Portugal 8.890 18.787 47.32
Grecia 9.100 21.382 42.56
Luxemburgo 25.704 60.770 42.30
Irlanda 20.483 48.806 41.97
Reino Unido 19.000 46.485 40.87
Bélgica 19.508 49.565 39.36
Holanda 20.160 5.198 37.90
Alemania 19.008 52.185 36.42
Japón 14.557 42.853 33.97
EEUU 13.423 50.965 26.43

Por tanto, esa lucha denodada de sindicalistas y políticos de Podemos por subir como sea el salario mínimo no tiene económicamente el más mínimo fundamento. Es mero populismo. Lo que sí tenían que hacer es luchar porque los empresarios paguen sueldos más elevados, en relación con Europa, a sus trabajadores cualificados, en vez de luchar tanto por los que no tienen cualificación.

El aún mayor achatamiento de la pirámide salarial nos conduciría a lo que yo denomino “neomaoísmo”, es decir, que todo el mundo acabe ganando más o menos lo mismo (y lo que pase de mil y pico euros que se done a una ONG, Podemos 'dixit'). Ese no es ni puede ser el fundamento de un estado moderno, europeo y democrático. Si cobras lo mismo te hayas esforzado o no por formarte a lo largo de tu vida, el sistema estará herido de muerte. Y es ahora cuando nos planteamos el porqué de no proteger más a los trabajadores cualificados, es decir, a los que han dedicado una parte de su juventud y en general de su vida a adquirir la cualificación necesaria para ser útiles a la sociedad.

¿Por qué puede haber un salario mínimo interprofesional, y no puede haber un salario mínimo para personal cualificado? Este salario mínimo tendría que reconocer la inversión de los jóvenes en adquirir formación profesional o un grado universitario, en conseguir esa capacitación que permite que una sociedad moderna de corte occidental se desarrolle; en suma, que nuestro país no se suma en un círculo vicioso que nos lleve al desastre.

Si estudiar y formarse no tiene valor, ¿por qué estudiar? Con todos mis respetos a los que desempeñan estas funciones que, por supuesto, son necesarias, servir cervezas en un bar o cuidar la entrada de una casa de vecinos se aprende en un par de semanas; vender botes en una tienda, o enseñar prendas en un comercio textil puede que lleve cuatro semanas, pero eso no genera el valor añadido que precisamos en nuestro país.

Si el salario mínimo, como dicen mesiánicamente los sindicatos de “clase”, tiene que llegar en esta legislatura a los 1.200 euros mensuales (muchos jóvenes actuales con formación no llegan a ese nivel), el salario mínimo del personal cualificado debería llegar, por ejemplo, a los 1.800 euros mensuales (casi 200 por encima del salario medio mensual actual y bastante menos de lo que ganan sus homónimos europeos). De esta manera, se estaría simplemente siendo justo con la población trabajadora española, que estoy seguro que se resiste a que nuestra sociedad asuma los dictados de quien pretende que se asigne una renta mínima a los que no trabajen, aunque puedan (llamémosle eufemísticamente Partido de los Vagos), y que asumen que estar formado no es importante y que todos deberían cobrar una cantidad similar.

La formación, la inversión en I+D, el espíritu personal de sacrificio o la asunción de que un empleado debe tener la necesaria productividad, para que con su trabajo genere el suficiente valor añadido para que la entidad que le contrata obtenga un beneficio razonable, tienen que ser los pilares de la nueva España que tiene que surgir del desastre de 15 años de gobiernos ineficaces y corruptos. España deberá resurgir de sus cenizas el próximo año 2022, una vez que hayamos tocado fondo y decidamos reconstruir nuestro futuro en torno a los ideales democráticos y liberales europeos. Eso… o tirar la toalla, y asumir que Europa empieza en los Pirineos.

Miguel Córdoba es profesor de economía y finanzas desde hace 33 años y ha sido director financiero de varias empresas del sector privado.