Una de las grandes obsesiones del ser humano ha sido saber qué nos deparará el futuro y cómo será nuestra vida y nuestro hogar dentro de unos años. A mediados del siglo pasado se pensaba ya en casas submarinas e inteligentes, aunque también hubo predicciones erróneas: no se esperaba un uso masivo de las televisiones ni los ordenadores. Repasamos algunos ejemplos curiosos sobre cómo imaginaban nuestros antepasados el presente.
La impresión 3D está llegando a la arquitectura de nuestras ciudades poco a poco y de forma tímida, pero cada día hay más propuestas sobre la mesa. Más allá de servir para fabricar casas o muebles en pocas horas, este proceso de producción digital puede utilizarse para crear muchos otros elementos de las urbes como bancos, autobuses impresos, puentes, relojes o cabañas. Estos son algunos ejemplos.
La mayoría de la población mundial se concentrará en el futuro en megaciudades, que tendrán que solucionar muchas cuestiones de funcionamiento, entre ellas la contaminación. La arquitectura puede contribuir a mejorar el aire de las urbes. A lo largo y ancho del planeta surgen iniciativas para mejorar la calidad medioambiental cambiando la fisonomía de las ciudades o renovando el mobiliario urbano.
Jono Williams es un ingeniero neozelandés que ha destinado tres años de su vida a levantar una cueva muy curiosa al ser tecnológica. Bautizada con el nombre de ‘Skypshere’, se trata de una impresionante torre de acero rodeada por todos los lados de ventanales de cristal.
El proyecto Dutch Windwheel pretentede crear en Holanda el molino de viento del siglo XXL: una gigantesca turbina de 174 metros de altura que albergará apartamentos, un hotel y restaurantes, y que prevé recibir 1,5 millones de visitantes al año. Además, será un edificio sostenible que producirá el 100% de la energía que consuma y reciclará en biogás los residuos que genere.