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Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

Dice trabajar la cal, el yeso, los estucos artesanales para fachadas y paredes interiores, pero en realidad Luis Prieto es un cocinero. “El yeso es como la harina, la cal es como nata. Hacer un estuco de yeso, por ejemplo, es como amasar pan. Cogemos el yeso, le ponemos los colores que queremos y a amasar”. Y eso hace en esta amplia mesa de mármol mientras una gata sin nombre pasea por el taller, que antes fue cochera de carruajes de un antiguo palacio situado en el madrileño barrio de La Latina.

Luis se encargó de la fachada del edificio que tiene enfrente, pero también de otros muchos monumentos, habida cuenta de que la mayoría de sus trabajos son públicos, de restauraciones, apenas le llega nada de particulares: ha restaurado los estucos del Congreso de los Diputados, ha trabajado en la Academia de Bellas Artes, en el Museo Nacional de Cerámica de Valencia, en el Museo Romántico, en el convento de las Comendadoras, obra en la que está trabajando en la actualidad.

Prieto es un enamorado del oficio, de lo artesano y de los colores naturales, nada de abrir el bote de pintura: “Aunque casi todos los colores de nuestro mundo son ya sintéticos”, afirma con pesar y resignación. Lo mamó desde pequeño: oriundo de León, su abuelo regentaba una droguería donde se elaboraban pinturas y otros productos de química popular. Su padre fue pintor. Él atesora varios títulos: de pintura cerámica, aerografía y dibujo publicitario, es diplomado por el Instituto Superior de Pintura de Bruselas Van Der Kelen y Logelain y también se formó en Les Ateliers du Beaucet, en Francia. “La formación en estos temas debe ser fuera de España, aquí no hay nada”, explica.

Con este bagaje abrió su taller en Madrid en 1994 y desde entonces ha realizado restauraciones en toda España y en Francia, Portugal y en el Golfo Pérsico, sobre todo decoraciones interiores.

En el taller pueden ser de 2 a 20 personas, dependiendo de la envergadura del trabajo. Uno de los mayores retos a los que se enfrenta es encontrar los mismos materiales naturales con los que se trabajaba antes porque se trata de que la restauración sea lo más fidedigna posible al estado original: trabaja sobre todo con cal, que compra en la única calera artesanal que queda en España, en Morón de la Frontera, con yeso y con tierras naturales que se utilizan como colorantes y que esperan ser utilizadas metidas en tarros, formando un bonito mosaico en una de las estanterías. Tierras de la Provenza francesa, tierras verdes de Chipre… encontrarlas es casi un trabajo de buscador de tesoros.

Curiosamente, estos materiales naturales son más baratos que los sintéticos: “Un 20% o un 30% más económicos, pero lo natural no tiene marketing”, dice Luis. Y añade: “Lo que encarece el proceso es el conocimiento y el plazo que lleva hacerlo”.

Tras hacer la masa de yeso y tierras, se deja endurecer, proceso que puede llevar de 2 a 8 horas. Y el siguiente paso sería el pulido. El trabajo con cal lleva otro proceso diferente: la cal se mezcla con arena y se aplica sobre la pared. Luego se realizan los enlucidos y la pared puede finalizarse con distintos productos: al jabón, con ceras, etc. Cuando habla de la cal, Luis sigue con sus analogías gastronómicas: “La cal es como el vino, cuantos más años esté en el agua, más envejecida está y más cara cuesta”.

Se puede pensar que la producción de cal va mayoritariamente a construcción, pero no es así: “La construcción puede llevarse el 2% de producción de cal pero la cal se utiliza mucho para purificar el agua, por ejemplo. O en productos alimenticios (para madurar la fruta, para las aceitunas…)”.

Casi todos los edificios del centro de Madrid son de cal: “El cemento es relativamente nuevo, de los años 20, su uso se extendió a partir de la Segunda Guerra Mundial”.

Este artesano también lleva a cabo pinturas decorativas, especialmente imitaciones de mármol y madera en su técnica al óleo de escuela flamenca. “En España no existe una normativa artesanal como ocurre por ejemplo en Francia, por eso aquí los oficios se pierden. No se aprenden en una escuela de oficios. Falta formación”.

¿Volvería a repetir oficio si tuviera que elegir de nuevo profesión? “Como estuquista sí. Como calero… (y reflexiona), como calero no, ahí está el dicho popular de pasas más hambre que un calero”.

En el taller, una buhardilla superior está ocupada por libros (él invirtió nada menos que 16 años en la redacción de los libros Artes de los yesos y Artes de la cal junto con Ignacio Gárate Rojas). Prieto ha sido conferenciante y maestro de diversos talleres y másteres, como el Internacional de Restauración del Patrimonio MRRP de la universidad de Alcalá de Henares. Porque hay que amasar yeso pero es importante también, que el artesano escriba y deje huella escrita de sus conocimientos. Para que no se pierdan.

Artículo escrito por la periodista Lucía Martín