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Los Presupuestos Generales resuelven el problema de los ancianos para agravar el de los jóvenes

Ione Ibabe
Ione Ibabe
Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Asusta ver la cantidad que se dedica cada año a las pensiones y a sanidad. Dentro de unos años, será aún mayor, y apenas habrá margen para otras inversiones. ¿Es usted pensionista? ¿Está sufriendo ya los achaques de la edad? No se preocupe. El Gobierno acaba de presentar unos presupuestos que le garantizan que usted seguirá cobrando su pensión y que nadie le va a pedir la tarjeta de crédito en el hospital. Es por eso que España es un estado de Bienestar.

El Estado espera gastarse en 2017 más de 318.000 millones de euros. De ellos, unos 138.000 millones en pensiones, lo cual representa el 40% de toda la suma. Es la partida más importante de las cuentas públicas y se ha incrementado más de un 50% desde 2007. Año tras año, aumenta la cantidad que se dedica al gasto puramente social debido a una cuestión biológica: nos hacemos mayores, lo cual significa entrar en la edad de los pensionistas, pero también comenzar a tener cada vez más problemas ‘estructurales’ como lumbagos, dolores de espalda, enfermedades, etcétera.

España es uno de los países con los mejores sistemas sanitarios y de pensiones del mundo. El problema es que eso va a seguir aumentando, y llegará un momento en que, al contrario que decía el título de la película, 'España solo sea un país para viejos'.

En 2008, el gasto en pensiones equivalía al 33% de los presupuestos. Ahora se traga el 40%. Dentro de unos años sobrepasará el 50% y quién sabe si llegará algún día al 60% de los gastos del Estado. Eso succiona tantos fondos, que apenas queda para gastar dinero en formar a las nuevas generaciones para afrontar los retos industriales del futuro: robotización, digitalización, nanotecnología, inteligencia artificial….

Para sostener la gigantesca maquinaria de gastos sociales necesarios y crecientes, hará falta cada vez más recursos económicos. Esos recursos saldrán de las cotizaciones sociales, y de los impuestos. Y aquí viene el problema. La parte de los impuestos destinada a hacer a España más competitiva está en la Investigación y el Desarrollo, y en la Educación.

El gobierno ha planeado aumentar en un 4% la inversión en I+D, lo cual es notable. El problema es que todavía partimos de cifras muy bajas: la partida es de 2.600 millones de euros, es decir, el 0,8% del Presupuesto. España ocupa el puesto número 18 de los países de la UE en inversión en I+D, detrás de Portugal, según el índice Altran.

Para recuperar posiciones, España tendría que cuadruplicar su inversión de forma sostenida durante una década. Eso nos pondría en un nivel más competitivo, pues está demostrado que los países más desarrollados tecnológicamente son los que se comportan mejor ante las crisis, o los que salen de ella más rápidamente.

La inversión en I+D permitiría a España no depender tanto del sector de la construcción (de poco valor añadido desde el tiempo de los egipcios), y del turismo. El hundimiento de la construcción desde 2008, y la falta de sustitutos fue lo que contribuyó al alto índice de desempleo.

La tecnología y la educación van de la mano, ya que las universidades y los centros de formación, cooperando con las empresas, son la garantía de que nuestro país se pone a la altura de los más desarrollados tecnológicamente. Es lo que hacen las universidades estadounidenses y alemanas.

Desgraciadamente el modelo universitario español todavía no ha desarrollado esa faceta. Solo hay una universidad española en la lista de las mejores del mundo (la de Barcelona). Uno de los criterios de excelencia del Center for World University Rankings es la investigación.

Pero cada vez se investiga menos en la universidad española. Según confesó a El Mundo Enric Canela, vicerrector de Política Científica de la Universidad de Barcelona, "la clave del éxito no es más que el trabajo de investigación y los recursos económicos recibidos". Pero los recortes debido a la crisis, han hecho perder puntos a las universidades españolas, mientras otros países subían afirmaba el vicerrector.

Hay muchas carreras que están obsoletas. Estamos preparando a jóvenes para cosas que ya han desaparecido, o no hemos entendido cuales son las demandas industriales del momento, y cuáles serán las del próximo futuro.

Y los que entran a trabajar en las empresas, se pasan cinco años en periodos de prácticas y sin contratos estables.  Eso a su vez, impacta en el índice de natalidad, pues no se arriesgan a tener hijos. De modo que en el futuro tendremos más ancianos viviendo de los presupuestos, y menos jóvenes trabajando y cotizando adecuadamente para pagar esos gastos. Y menos preparados que los de otros países.

Ese es sencillamente el nudo gordiano de la economía española. Los Presupuestos resuelven los problemas de ahora de los más ancianos, pero no los del inminente futuro de los más jóvenes.