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Abante: “El mercado no cree en la independencia porque a Cataluña y España les une la deuda”

Empieza la cuenta atrás para saber si la Generalitat de Cataluña seguirá adelante con sus planes de separatismo, celebrará el referéndum el 1 de octubre y llegará a proclamar la independencia del Estado español un día más tarde.

Desde hace semanas, el desafío catalán ha protagonizado toda la atención de medios, ciudadanos, empresas, tribunales y Administraciones Públicas.

El Tribunal Constitucional ha tumbado la Ley del Referéndum, Hacienda ha decidido intervenir las cuentas públicas regionales, las multinacionales han confesado que se están preparando para salir de la autonomía si se proclama la independencia y desde Europa y la prensa anglosajona ha llegado un mensaje muy claro: el 1-O carece de legitimidad para proclamar la escisión de España. A todo ello se suma que, en las últimas horas, la Guardia Civil ha detenido a varios altos cargos de la Generalitat que estaban implicados en la celebración de la consulta.  

Pero si hay un argumento que reduce las posibilidades del Govern de cumplir su sueño independentista es el siguiente: Cataluña está unida a España por la deuda. Y esto es precisamente lo que más valoran los inversores.

“El mercado da cero probabilidades a que se produzca la independencia el 2 de octubre. En esta ocasión, y aunque a veces reacciona de forma irracional, se está dejando llevar por la lógica. No nos damos cuenta de que estamos unidos por la deuda, un factor que va más allá de cuestiones políticas y de la legalidad o ilegalidad de una consulta de autodeterminación. España debe el 100% de su PIB, porcentaje del que parte corresponde a Cataluña”, ha asegurado Joaquín Casasús, director general de Abante Asesores Gestión, durante un encuentro con inversores.

En su opinión, “es imposible decir a nuestros acreedores que parte de la deuda la pagará España en el futuro y otra parte un hipotético Estado catalán. Y en el caso de que ese escenario estuviera cerca, sería el propio mercado el que encauzaría la situación”.

Qué dicen los datos oficiales de la deuda y el riesgo

Los datos del Banco de España sitúan en 75.443 millones de euros la deuda de Cataluña a cierre del primer trimestre del año. La cifra actual, que supera en 1.000 millones a la registrada el pasado otoño y en unos 350 millones a la de finales de 2016, se encuentra en máximos históricos. Para hacerse una idea de cuánto ha crecido, basta echar un vistazo a la evolución de la deuda de la autonomía que recoge el regulador del sector financiero:

El endeudamiento catalán representa un 35% de su PIB, un 27% de la deuda conjunta de las CCAA y casi un 7% de la deuda pública española total, que a cierre de marzo se situó en 1,12 billones de euros, equivalentes a un 100,4% del PIB. Además, más que duplica la deuda que acumulan Andalucía (32.462 millones) y Madrid (31.667 millones), las dos regiones más endeudadas del país por detrás de Cataluña y Comunidad Valenciana (44.111 millones). 

Según Casasús, tal es la convicción del mercado de que Cataluña y el Estado no podrían separar el pago de la deuda que no se están produciendo grandes cambios en la prima de riesgo de España, uno de los mejores termómetros para medir el grado de desconfianza o inquietud que suscita nuestro país entre la comunidad inversora internacional.

Actualmente el riesgo país ronda los 114 puntos básicos, lo que significa que se sitúa ligeramente por debajo de los niveles en los que se encontraba a principios de junio, justo antes de que la Generalitat confirmara la fecha exacta de la celebración del referéndum y la pregunta que debían responder los ciudadanos en las urnas. El anuncio oficial se produjo el día 9 de dicho mes.

Desde entonces, y tras algunos altibajos provocados por el fuerte repunte que está viviendo el euro frente al dólar y por las tensiones geopolíticas que ha desatado Corea del Norte tras las pruebas nucleares que ha llevado a cabo en las últimas semanas, la prima de riesgo se ha mantenido estable, y muy alejada de los máximos históricos que vimos en verano de 2012 (llegó a rozar los 640 puntos básicos), cuando el mercado dudaba de la solvencia de nuestra economía y de la supervivencia de la moneda común.